SUEÑO
En un sueño… un japonés de pronto se miró en medio de un mar de bosque, a lo lejos, sobre las copas de los cerezos se miraba el Monte Fuyi. Era un yiyatsu que ante el deshonor de haber perdido el trabajo, prefirió el harakiri. El japonés, estaba azorado ante el panorama espeluznante que se le presentaba, ya que cientos de suicidas colgaban, con sus respectivas sogas, en las ramas de los árboles, bajo miles de cartas en las que habían escrito las razones de su determinación.
De pronto, los colgados comenzaron ha hablar. Uno de ellos, sin dejar de balancearse en su soga, exclamó: “¡Cómo es posible que después de cuarenta años de lealtad y trabajo, te vengan a decir que ya no sirves a la empresa, y que en vez de darle a ganar, la haces perder; que es mejor pensionarte y que tu lugar lo ocupe uno más joven! ¡Eso sí que no se puede soportar!”. Otro de los colgados, dijo: “¡A los capitalistas no les importa el ser humano, sólo la ganancia, y que sus máquinas sigan produciendo!”.
El yiyatsu estaba impresionado por las historias que escuchaba. Sobre todo la del muchacho que aseguró haber estado toda su vida encerrado en su habitación, viviendo en el mundo manga de su computadora. O la de la mujer, que por una decepción amorosa, bebió todo el güisqui disponible en Tokio; cayéndose de borracha en los parques y en los karaokes; entregándose al sexo desenfrenado y sádico: “¡Ellos no quieren amor, quieren la dote de las muchachas, su posición social!”
De repente, el Monte Fuyi se iluminó, y en su cima, un viejo rockanrrollero comenzó a cantar: “La muchedumbre está buscando felicidad; como si fueran hormigas que buscan su cubito de azúcar. Todos tienen el mismo aspecto y no recuerdan a dónde ir…las filas avanzan…Para qué seguimos caminando yo no sé. Por qué vivimos… para qué. Yo no quiero ser como ellos, yo quiero salirme de la fila. Yo voy solo… aunque me muera en este camino, es mi vida. El hombre nace y algún día muere: ¡Adiós hormigas que hacen la fila, en este instante que llaman vida; ¿para qué continuamos caminando, yo no sé? ¿Por qué vivimos? ¿Para qué?
Cuando el viejo rockero dejó de cantar, el yiyatsu se llevó las manos al vientre, empuñando el sable que lo había atravesado. Entonces supo que estaba muerto, y en vez de maldecir su suerte, se puso a perorar una receta de cocina japonesa: “Para hacer unas pechugas, se asa cebolla picada, se vierte vino tinto o jugo de uva. Aparte se asan zanahorias y papas con aceite vegetal; aparte se doran las pechugas. También aparte, se hace un puré de jitomate con agua o caldo de pollo, se le agrega miel, salsa oriental y catsupm. Al último se conjuga todo con las pechugas: en México, los ingredientes se pueden encontrar en una tienda oriental que está por Churubusco y División del Norte”.
“Papá, por qué te suicidaste, no ves que yo te quería mucho”, se oye la voz de su hija. El yiyatsu se queda impávido y de sus ojos comienzan a correr gruesas lágrimas. “Papá, mejor hubieras luchado contra el sistema; sí, ya sé que es difícil, pero valía la pena”. El mar de bosque de pronto se convierte en un hormiguero, y los colgados desatando sus sogas, se transforman en hormigas obreras que van de un lado a otro, con cargas pesadas, latigueados por capataces, que los apuran a llevar sus fardos por túneles inexpugnables.
El yiyatsu entonces comienza a cantar: “Miro la gaviota que se hunde tras el sol/ más allá, el amor/ me hace un guiño y se va./ Miro al hombre perdido en el asfalto de sus soledad;/ más allá,/ el camino que no pudo alcanzar./ La verdad es un niño suicidando su dolor;/ me iré al mar,/ a encontrarme con el brillo de su azul./ Llueve flor en la ventana que me mira a mí partir;/ voy al sol, como la gaviota que nunca veré morir…
En eso suena el teléfono… es Madame Mi Miu, que habla para decirle al yiyatsu, que por causa de mucha tensión emocional se le está cayendo el pelo: “te pido por favor que no me vuelvas a llamar, sólo si es para algo urgente”. Madam Mi Miu cuelga el auricular… entonces el yiyatsu deja de soñar que está soñando.
martes, 28 de septiembre de 2010
LETRAS DE CANCIONES DE RAYMUNDO COLIN AXOLOTL
1
TINIEBLAS EN EL ALMA
Cuando me veas llorar,
no me preguntes por qué,
sólo abrázame muy fuerte,
fuerte, fuerte en tu querer.
Cuando me veas llorar,
no me trates de entender,
si abismarte tu no quieres
en el misterio que soy yo.
Que las penas que yo tengo,
no provienen del amor,
son tinieblas en el alma
que nublan mi corazón.
Que las penas que yo tengo,
no provienen del amor,
son tinieblas en el alma
que nublan mi corazón.
Cuando me veas llorar,
no me trates de entender,
si abismarte tu no quieres
en el misterio que soy yo.
Cuando me veas llorar,
no me preguntes por qué,
sólo abrázame muy fuerte,
fuerte, fuerte en tu querer.
2
BUENOS DIAS RATON DEL TIEMPO
Buenos días ratón del tiempo
que lentamente roes mi vida,
buenos días, qué bien me siento
a pesar que he malvivido.
Me he embriagado de amor y estrellas,
el infierno he sentado en mis piernas,
he tenido la buena fortuna
que mi abismo alumbre la luna.
Buenos días ratón del tiempo
me recuerdas que sólo soy sueño,
buenos días mundo infeliz
nunca podrás volverme gris.
Me extasiado de Eros y Bacco,
a poiesis he vuelto mi amante,
he tenido la buena locura
que mi abismo alumbre la luna.
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida,
buenos días que bien me siento
buenos días ratón del tiempo.
(Se repite)
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida,
buenos días que bien me siento
buenos días ratón del tiempo.
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida,
buenos días que bien me siento
buenos días ratón del tiempo.
3
CORRIDO A IGNACIO DEL VALLE
Afinen bien los machetes,
Afínenlos que ya vamos,
A protestar a Almoloya,
Donde esta preso un hermano.
Vengan de todos lugares,
No se rezague ninguno,
Que esta sentencia maldita
Es pa todo el mexicano.
Ciento doce años de cárcel
Por defender a su pueblo
Dieron a Nacho del Valle
Los que nos dan el infierno.
Su esposa Trini le dice:
Nunca te voy a dejar,
Ignacio eres un himno
Que habla de libertad.
Y el maldito gobierno
Con perros y granaderos,
Reprimieron y violaron
Mujeres, niños y ancianos.
Así cayó Benumea
Ese estudiante valioso,
Por una bomba tirana
De Peña Nieto y de Fox.
Afinen bien las guitarras
Para cantar el corrido,
Con la garganta irritada
De un pueblo que es aguerrido.
San Salvador es su nombre
Y Atenco su apellido,
Una epopeya libraron
Contra el gobierno asesino
Ciento doce años de cárcel
Por defender a su pueblo
Dieron a Nacho del Valle
Los que nos dan el infierno.
Su esposa Trini le dice:
Nunca te voy a dejar,
Ignacio eres un himno
Que habla de libertad.
3
CORRIDO A ANDRES MANUEL DE LOS POBRES
Aquí les vengo a cantar
Con cuerdas del corazón,
Lo que se escucha en el viento
Del asfalto y de la flor.
La gente humilde le llama
Andrés Manuel de los Pobres,
Y expresa con toda su alma
Que es hombre bueno y cabal
Lo quiere de presidente
No miento esa es la verdad
Andrés Manuel de los Pobres
La historia ya te eligió
Para cumplir los dictados
Que la Patria escribió;
Vamos a seguir contigo
Luchando por la nación.
Aquí me tienen cantando
Estas estrofas sencillas,
Que recogí yo trovando
En cada comunidad.
Se siente al pueblo animado,
No quiere más traición,
Quiere un gobierno de todos
Que no le cause dolor;
Dar nuevo rumbo a su vida,
No miento esa es su razón.
Andrés Manuel de los Pobres
La historia ya te eligió
Para cumplir los dictados
Que la Patria escribió;
Vamos a seguir contigo
Luchando por la nación.
Aquí les vine a cantar
Con cuerdas del corazón,
Lo que se escucha en el viento
Del asfalto y de la flor;
Que Andrés Manuel de los Pobres
Mi presidente ya es.
Andrés Manuel de los Pobres
La historia ya te eligió
Para cumplir los dictados
Que la Patria escribió;
Vamos a seguir contigo
Luchando por la nación.
4
CUANDO BENITA FUE AL CIELO
¡Cierren las puertas del cielo!
Gritó San Pedro asustado
¡Que hay viene Benita Galeana
La mujer más roja del pueblo!
Los ángeles puertas cerraron
Poniendo llave y candado,
Creyendo que eso a Benita
Detendría ¡puro carajo!
Benita franqueó la entrada,
Gritando a todo pulmón:
¡Jesús respeta mis bragas,
Quiero ir a la convención!
¡Jesús no te hagas el sordo,
Vivita quiero yo estar,
El pueblo siempre ha ganado,
Un sol es la libertad!
Jesús llamó a San Pedro
E irritado le preguntó:
¿Quién es la mujer que clama?
¡San Pedro tráela pa’ acá!
San Pedro fue por Benita
Y al cielo la dejó entrar,
Y ya junto al nazareno
Galeana habló sin chistar.
¡Jesús no seas canijo
Que yo aún quiero vivir,
Pa’ ver liberado a mi pueblo
Del yugo del pinche PRI!
Jesús le dijo a Benito:
¡Tu deseo voy a cumplir,
Pues sé que toda tu vida
La injusticia es combatir!
Ni Dios ni Diablo han podido
Con ésta linda mujer,
Por eso en este corrido
Le ofrendo yo mi querer.
5
CORRIDO A EFREN CAPIZ
Ya partió el viejo poeta
A encontrarse con Zapata,
Defendía a los campesinos
Y a la tierra que lo amaba.
Ya se fue el sonriente Efrén,
Decimero michoacano,
El verdugo de caciques,
Del obrero leal hermano.
¡Ay Efrén Capiz te fuiste!
Mi guitarra te despide,
Aquí dejas tu gran alma,
Y tu lucha sigue, sigue,
Sigue, sigue, sigue, sigue…
Ya partió el viejo sombrero
Y Morelia está muy triste,
Doña Eva su mujer
Con ternura lo despide.
Tu poema de justicia,
Canta el pueblo acongojado,
Será siempre nuestra causa,
Muchas gracias por tu amor.
¡Ay Efrén Capiz te fuiste!
Mi guitarra te despide,
Aquí dejas tu gran alma,
Y tu lucha sigue, sigue,
Sigue, sigue, sigue, sigue…
6
ARRE REANDANDO
Subiendo por la montaña
Camino pa’ mi jacal,
Donde me espera mi amada
Con la tortilla al comal.
Arre reandando mi mula
Que yo ya quiero llegar
Para encontrarme en sus ojos
Un poquitito de paz.
Para estrecharla en mis brazos
Y brindarle mi querer,
Para sentir en su vientre
El hijo que va a nacer.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Soy un pobre labrador
Que echa al viento su canción.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Siempre trabaja y trabaja
Y poco tengo pa’ comer.
Subiendo por la montaña
Camino pa’ mi jacal,
Con la cabeza agachada
Pues nada pude traer.
Arre reandando mi mula,
Aunque cansada te ves,
Bajas y subes cargada
Pues nada pude vender.
Porque la gente del pueblo
Sufre lo mismo ya ves,
Se la pasa trabajando
Y siempre falta pa’ comer.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Soy un pobre labrador
Que echa al viento su canción.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Siempre trabaja y trabaja
Y poco tengo pa’ comer.
7
MARIAS
Marías… Marías…
Cuántas de ellas
Hay en ésta ciudad,
Llevando a sus hijos
Hambrientos y sin bañar.
La gente les mira
Y se burla de su humildad,
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá…
Marías… Marías…
A veces la tira
Les quita su mercancía,
A veces las violan
Y acaban de prostitutas.
Y en casas de cita
El padrote las explota;
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá.
Marías… Marías…
A veces sus hijos
Son unos drogadictos,
Unos carteristas,
Unas viles sabandijas.
Las Marías llorando
Y el culpable en su casa cenando,
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá…
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá…
Mejor quédate allá…
Mejor quédate allá.
8
MAÑANITA
La mañana se tardó
Y el jilguero no cantó;
La mañana se tardó
Y el jilguero no cantó.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira que te esperaba
Para darte mi corazón.
La montaña está oscura
La montaña está sin sol;
La montaña está oscura,
La montaña está sin sol.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira como la hierba
Te extraña también la flor.
En un rincón de una calle
Lloraba mi corazón,
En un rincón de una calle
Quería mirar el sol.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira que eres culpable
De que llore mi corazón.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira que eres culpable
De que llore mi corazón.
De que lloré mi corazón…
9
LOS DESAPARECIDOS
EN ALGUN LUGAR ESTAN
ESPERANDO QUE EL OLVIDO,
NO SEPULTE SU MEMORIA
NI TAMPOCO SUS LATIDOS.
EN ALGUN LUGAR ESTAN
ESPERANDONOS A TODOS,
PARA ENTREGARNOS LA LLAMA
QUE NO SE DEBE APAGAR.
TODOS LOS DIAS ME ENCUENTRO
A LOS DESAPARECIDOS,
EN UNA NOTA DEL DIARIO,
EN UN CARTEL O UN GRITO;
EN UNA FOTO PEGADA AL PECHO DE UNA MADRE,
EN LA PROTESTA DE UN HIJO POR SU PADRE.
TRANSGRESORES DEL SILENCIO
LOS CONMINO A CANTAR
ESOS NOMBRES QUE DEL TIEMPO
NO SE DEBEN DE BORRAR;
ESOS NOMBRES QUE LA BESTIA
NO QUISIERA YA ESCUCHAR,
ESOS NOMBRES QUE NOSOTROS
REPETIMOS SIN CESAR.
TODOS LOS DIAS ME ENCUENTRO
A LOS DESAPARECIDOS,
EN UNA NOTA DEL DIARIO,
EN UN CARTEL O UN GRITO;
EN UNA FOTO PEGADA AL PECHO DE UNA MADRE,
EN LA PROTESTA DE UN HIJO POR SU PADRE.
10
ESTRIBILLOS Y DÉCIMAS CHILANGAS
Intr.: Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol; Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol
Tienes que tomar
compai una decisión (bis).
México es surrealista
lo dijo ya un francés,
parece el mundo al revés
lo que se tiene a la vista;
pero para ser realista,
lo que se observa sólo es
si en la pantalla lo miras;
¡Ay qué locura más neta!
¡Me largo de este planeta,
a ver si encuentro respiro!
Tienes que tomar
compai una decisión (bis).
México nota roja
como Colombia e Irak,
quién sabe en qué va a parar
esta balacera incruenta;
¿O es qué el pueblo no cuenta?
¡Al diablo los matarifes!
Que como infernales chinches
están sangrando mi tierra;
¡Ya no quiero más su hiedra,
sino bailar lo que sigue!
Chinito papalahueca, mulato,
vamo a comer pescao (bis).
Inter.: Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol; Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol
Tienes que tomar
compai una decisión (bis).
México es carestía;
Chile, huevo y frijol,
cual platillo volador
la tortilla sube y sube;
ya parezco una nube
de lo liviano que estoy;
no me calienta ni el sol
del hambre que traigo ahora
me yantaría una hora
o un minuto de ti.
Tienes que tomar
Compai una decisión (bis).
La soberana inmundicia
está drenando su fango,
se le insoporta luchando
sobre la faz de la patria:
que buena es la democracia
cuando no hay hegemonías
con sus rateras manías
que emulan a Don Porfirio;
es la injusticia un martirio,
cantemos pa’ no llorar…
Chinito papalahueca, mulato,
vamo a comer pescao (bis).
Tienes que tomar
Compai una decisión (bis 4 veces).
11
MUJERES DE HOY Y DE MÁS DE 30
Letra y Música: Raymundo Colín Chávez
Intr.: Sol, Do, Si7, Do, Si7, la, Re, la, Re, Sol, Re7
En el fragor de la prisa
siempre con un pie delante del tiempo;
ya no son Eva
bajo el yugo del estigma patriarcal.
Ganan su maíz
ejerciendo los oficios que el hombre dominaba;
izan sus sueños
en la estepa claroscuro del saber.
Mujeres distintas
que han roto con los siglos de raigambre medieval;
estando en celo
toman lo que quieren y se van.
Inter.: Sol, Do, Si7, Do, Si7, la, Re, la, Re, Sol, Re7
Palomas conquistadas
maquilando su destino en la infame explotación;
lanzan querellas
que defienden su derecho a decidir.
Son las mujeres
que he conocido en la aventura de mi intenso existir;
las compañeras
en el cansado viaje al porvenir.
Mujeres distintas
que han roto con los siglos de raigambre medieval;
estando en celo
toman lo que quieren y se van; Do, Si7, Do, Si7
estando en celo
toman lo que quieren y se van.
12
QUIEN VALE MAS
La reuma me está matando
y treinta años de trabajar,
que ya no puedo correr
para abordar el camión;
que ya no puedo correr
para abordar el camión.
Y cuando llego tarde
para checar el trajetón,
me mandan pa’ la oficina
y esto me dice el patrón;
me mandan pa’ la oficina
y esto me dice el patrón:
Vale más una máquina
que un ser humano.
Me dice el patrón:
Tú te acabas y la máquina
Sigue andando.
Me dice el patrón:
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirve pa’ na’.
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirves pa’ na’.
La reuma me esta matando
y ya me dijo el doctor,
que ya no puedo correr
para abordar el camión;
que ya no puedo correr
para abordar el camión.
Y estoy muy preocupado
ahora qué será de mí,
si me corren del trabajo
de qué voy a vivir;
si me corren del trabajo
de qué voy a vivir.
Vale más una máquina
que un ser humano.
Me dice el patrón:
Tú te acabas y la máquina
Sigue andando.
Me dice el patrón:
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirve pa’ na’.
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirves pa’ na’.
13
DIECIOCHO AÑOS
Se puso guapa y se fue a bailar,
Sintió deseos de cabalgar,
¿Fueron las copas o la pasión?
Sexo ardiente cegó al amor.
Volvió a su casa y la realidad
golpeó su vida quiso llorar,
pasó el tiempo y la fecundó
dieciocho años ensombreció.
Con dieciocho perdiste la vida
hermosa niña de sol;
con dieciocho años la flor de la muerte
se abrió en tu pecho de sol.
Pensó en sus padres en la moral,
pensó en el cura la sociedad;
se vio sumida en la soledad,
dieciocho años se decidió.
Se fue al baño jaló y jaló,
con un alambre se desangró,
murió el producto, dijo adiós,
dieciocho años nadie te oyó.
Con dieciocho perdiste la vida
hermosa niña de sol;
con dieciocho años la flor de la muerte
se abrió en tu pecho de sol.
Con dieciocho perdiste la vida
hermosa niña de sol;
con dieciocho años la flor de la muerte
se abrió en tu pecho de sol.
14
ME HE VUELTO LOCO DE TI
En el fresco de tu boca
trato de apagar mi sed,
y en cada beso te dejo
pedacitos de mi ser.
De tus labios brota el agua
que me vida y dolor,
yo quisiera ser la sangre
que late tu corazón.
Me he vuelto loco de ti
y si tardas en llegar
se dislocan mis delirios
y me pongo a llorar;
me he vuelto loco de ti,
no me vayas a dejar,
si es que tú lo haces mi vida
por el mundo te he de hallar.
El aroma de tu cuerpo
es la guía de mi andar,
cuando me siento perdido
y te quiero yo encontrar.
Cuando corren tu erotismo
mis manos se vuelven sol,
un abrazo de Dios mismo
que nos da su bendición.
Me he vuelto loco de ti
y si tardas en llegar
se dislocan mis delirios
y me pongo a llorar;
me he vuelto loco de ti,
no me vayas a dejar,
si es que tú lo haces mi vida
por el mundo te he de hallar.
Me he vuelto loco de ti…
15
LOS BUENOS RECUERDOS CONTIGO
Un día me puse a recordar
los momentos buenos contigo,
después de todo, también,
crecen flores en el desierto;
y te vi bordando el alba
con tus sueños de poeta:
la vida era un ave
brotando de tu alma…
Te dije el amor es voluble,
te da la gloria o el infierno,
pero es buena, también,
la luz de la noche,
y sentir que eres el dueño
de la diosa del deseo;
y vivir con la sonrisa
hacia el cielo…
16
QUIERO QUE SEPAS
Por si no te vuelvo a ver
quiero que sepas,
que los años por venir
son flores secas,
y en algún lugar
de la soledad te recordaré.
Por si no te vuelvo a ver
quiero que sepas,
que mi fantasma rondará
tus lunas rotas,
y en algún lugar
de tu corazón yo te cantaré.
Por si no te vuelvo a ver
quiero dejarte,
una luz en el umbral
de tu tristeza,
y en algún lugar
de la realidad tú serás feliz.
17
AMOR OLVÍDAME
Ayer te dije adiós y no lloré,
decidiste partir y te dejé,
te vi volar con él hacia el amor,
me dolió el corazón mordí el dolor;
Pues no soy hombre que guarde rencor,
supe reconocer, bebí tu flor,
adiós amor, adiós olvídame,
yo no te esperaré también me iré.
A buscar otro amor,
a buscar otro amor
que no se quiera ir;
que se quede conmigo,
que se quede conmigo
y que me haga feliz,
como tú lo hiciste ayer,
cuando estuviste aquí.
Cuando estuviste aquí, mujer…
Paran, paran, paran,
paran, paran, paran,
paran, paran, parararararara…
18
SENSIBLEMENTE
Estamos cerca y distantes
en este sueño de grotesca realidad,
somos la causa que desborda lo vital,
intenso río que barre sombras con su luz.
Tocamos todo lo radiante
en estas calles que censuran hoy la paza,
estamos juntos bajo el fuego de este amor,
entrando el siglo nuestro ímpetu abre al sol.
Si ves al mundo desgarrarse
y su lamento te provoca soledad,
sube a mis alas que me siento colibrí,
allende el alba el horizonte viene azul…
Sensiblemente sigo tu aroma así,
es agua fresca tu piel para mi infierno,
sensiblemente tus sonidos en mí
son sinfonías de blues para mi adentro;
sensiblemente sigo tu aroma así
es agua fresca tu piel…
Divaga el mundo en un abismo
mientras el hambre es un discurso y nada,
graznan los cuervos de la ira y el metal,
revienta el bosque que intoxica el capital.
No hay sin sentido que no vare,
nacera el hombre que le limpie el corazón,
estamos juntos bajo el fuego de este amor,
entrando el siglo nuestro ímpetu abre al sol.
Si ves al mundo desgarrarse
y su lamento te provoca soledad,
sube a mis alas que me siento colibrí,
allende el alba el horizonte viene azul…
Sensiblemente sigo tu aroma así,
es agua fresca tu piel para mi infierno,
sensiblemente tus sonidos en mí
son sinfonías de blues para mi adentro;
sensiblemente sigo tu aroma así
es agua fresca tu piel…
19
OFELIA
Ofelia trabaja en un taller
haciendo costura de seis a seis,
es madre y padre de casi diez
apurando la máquina puede pagar.
Un cuarto mugroso de vecindad
lleno de moscas de suciedad,
en donde sus hijos puedan estar
arañando sus ropas con libertad, con libertad.
La máquina, máquina a ella le importa más,
la máquina, máquina a ella le va a matar:
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar,
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar.
La gente murmura en la vecindad,
qué oficio ella tiene lo que será,
si es prostituta de un callejón,
o es costurera su profesión.
No importa que digan ni que dirán,
le importan sus hijos que comerán,
no importa su vida, no importa ya,
le importa el futuro que ellos tendrán.
La máquina, máquina a ella le importa más,
la máquina, máquina a ella le va a matar:
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar,
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar.
Ofelia trabaja en un taller
haciendo costura de seis a seis,
mañana, pasado igual será
muy pronto la anemia la matará, la matará.
Baben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar,
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar: Ofelia.
20
DE PIEDRA Y RUEDA
Confundido
como una rueda en el camino,
esperando que me detengas amor
para mirar de nuevo
el cielo en el cielo, la tierra en la tierra
y no seguir girando
como el albur de una ruleta mi corazón.
*En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensas amor mío
mientras truena la guerra.
Y yo sigo esperando
que detengas el infierno
de mi corazón.
En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensa amor mío
mientras ríe la muerte
y yo sigo girando
y el mundo soñando
el nuevo sol.
Olvidado
como una piedra en el camino,
esperando que me diluya el tiempo
para ser polvo nuevo
de otro camino, de otro universa
y no seguir brillando
la misma soledad mi corazón.
En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensas amor mío
mientras pasa la niebla:
el mar sigue cantando
que su azul no se muera
la libertad.
En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensa amor mío
mientras cruje la yerba:
y yo sigo esperando
que tus alas enciendan
el nuevo sol.
*Charles Simic
21
AGUA DE MAR
Por las aceras del amor, ella va
con la mirada pintada de sol,
no quiere ya sufrir más, sufrir más
Ella bien sabe que el dolor
no se cura con cualquier canción,
sólo el amor la sanará, la sanará.
Todas las noches cambiaba de piel
y al soñar seimpre sentía monstruos en su ser
nunca el amor, nunca el amor.
Agua de mar, agua de mar
buena pa’ la soledad,
agua de mar, agua de mar
buena pa’ la soledad.
22
VOY DE NOCHE, VOY DE DIA
El loco de las calles me dicen ya
porque grito tu nombre a la eternidad,
el locos de las calles miren ahi va,
el dueño de la lluvia, la soledad.
Voy de noche, voy de día,
voy buscando tu vida. (bis)
El diablo de la suerte abrió su horror
para llevarse tu corazón,
ya desde entonces vagando estoy,
en Ciudad Juárez llora el amor.
Voy de noche, voy de día,
voy buscando tu vida. (bis)
Cuentan que el silencio gritando está
todo su coraje por la ciudad,
nos más flores muertas, no más dolor
nuestras muchachas merecen sol.
Voy de noche, voy de día,
voy buscando tu vida. (bis)
23
LOS NIÑOS PERDIDOS
Yo tenía un hermanito
y era muy bonito,
un día fue a la calle
y ya no regresó.
Ay que dolor,
ay que tristeza,
ay dónde está,
ay en qué infierno.
Los niños perdidos
los que venden en el norte,
los niños perdidos,
los dueños del amor;
los niños perdidos,
los que duelen en el alma,
los niños perdidos,
los dueños del amor.
Mi madre no está en casa,
lo busca todo el día,
llegando del trabajo
mi padre y yo también.
Ay que dolor,
ay que tristeza,
ay dónde está,
ay en qué infierno.
Los niños perdidos
los que venden en el norte,
los niños perdidos,
los dueños del amor;
los niños perdidos,
los que duelen en el alma,
los niños perdidos,
los dueños del amor.
24
FUERON PAN
En el aire viven voces que nos gritan,
recordando que sus sueños no se han ido,
que aún persiguen con sus alas y su risa,
mariposas coloreadas de justicia.
Yo estoy hecho de su amor esa es mi historia,
su cimiento es la ventura de mi canto,
a mi vida le forjaron con su alma
la esperanza por un mundo sin pobreza.
Hombres que fueron río,
mujeres que fueron mar:
hombres, mujeres pan.
Pan de los necesitados,
de los que emigraron
por querer pan.
Pan de los perseguidos,
de los que luchan diario
por tener pan.
Pan de los desempleados,
de los explotados,
de los que quieren pan.
Pan fueron pan,
pan, fueron pan.
Que rico pan de pueblo,
que rico pan de amor,
que rico pan de todos
que rico pan de paz.
25
LA VIDA ES COMO VIAJAR EN UN TREN
Tomo la vida
como si estuviera en un tablón
tomado de tu mano en el océano;
vivo mi sueño como un arriesgado,
entre las flores, entre los pantanos,
alzo mis manos toco la s estrellas,
miro la hormiga que cosa más bella.
La vida es como viajar en un tren,
desecho lo malo, cultivo la fe.
Tomo la vida
como me ahogara en tu beso,
o cayera de tu pelo;
vivo mi sueño como un arrieagado,
con la justicia siempre de mi lado,
alzo mis manos toco las estrellas
le doy su brillo a quienes lo esperan.
La vida es como viajar en un tren,
desecho lo malo, cultivo la fe.
Tomo la vida con agua de ti
para refrescar mi corazón.
Eres el sueño que anoche perdí
y me lleno de amanecer.
La vida es como viajar en un tren,
desecho lo malo, cultivo la fe.
26
DON GOLAZO
Con su balón al brazo
su bandera y su matraca,
marcha Don Golazo
al estadio con su chort.
Semana tras semana
Don Golazo nunca falta,
al partido de domingo,
a la bronca y la caguama.
Hoy juega su equipo
y ya apostó todo su sueldo,
su familia no ha comido
y el tampoco lo ha hecho.
,
Pero eso no le importa
al fin que se emborracha,
aunque pierda su equipo
y pan falte en su casa,
y pan falte en su casa.
*No tome Carta Blanca
porque lo empeda y lo atarante,
tampoco tome Coca Cola,
porque le saca chispas por la cola.
Con su balón al brazo,
su bandera y su matraca,
regresa Don Golazo
del estadio a su casa.
Borracho y apaleado
así es cada domingo,
enojado pues su equipo
ha perdido el partido.
Se le hacerca su mujer
y con miedo le murmura,
“tus hijos no han comido,
dame ya para alimento.”
Le grita y la golpea,
la insulta y la patea:
“pues dales los que sea
y déjame tomar.”
Su mujer se marcha a la cocina
y de un cajón extrae su coraje y un cuchillo,
y va donde agachado aún toma Don Golazo,
y con todo su coraje al balón le da un pinchazo.
Le rompe la matraca, le rasga la bandera
y Don Golazo dice: “¡Vete mucho a la fregada!
¡Tus hijos tienen hambre, y en tu casa falta el pan,
tus hijos quieren ropa y descalzos andan ya!
¡Borracho nada sabes, mira ya tu realidad,
borracho nada sabes y el patrón te explota más!
¡Fanático, fanático, y el patrón te explota más! (bis)
27
EL CANTO SOY
Un hombre pobre soy,
un hombre de ésta tierra,
un río que se abre
tras el sueño de un poema de amor.
Un hombre pobre soy,
un hombre de esta tierra,
andariego de utopías
que germinan en la vida un corazón.
El canto soy,
una flor en el mar,
un jilguero en la guerra
y en ti libertad.
28
VIEJO LOBO DE AMAR
Me desaté de la pena,
de ese tu embrujo mortal,
y aunque te quiera yo tanto,
ya no te voy a buscar.
No te preocupes mi nena
de lo que pueda pasar,
si no me ahorcó la tristeza,
tu ausencia nada me hará.
Canto y bebo tequila,
miro el futuro sin ti,
lo qué ganasta y perdiste
no lo sabrás tú de mí.
Yo sé que estás satisfecha,
no te traté nada mal,
tuviste amor de primera,
de un viejo lobo de amor.
Ya me curé de tus besos,
de la pasión por tu piel,
y si te veo con otro
te juro me dará igual.
No te preocupes mi nena
de lo que pueda pasar,
goza y vive tranquila
tu ausencia nada me hará.
Canto y bebo tequila,
miro el futuro sin ti,
lo qué ganasta y perdiste
no lo sabrás tú de mí.
Yo sé que estás satisfecha,
no te traté nada mal,
tuviste amor de primera,
de un viejo lobo de amor.
29
PALOMA
Mira cómo vuela la paloma,
mira cómo ve la realidad,
a momento el viento la detiene
y a momentos volando va.
Mira la violencia en las ciudades,
mira cómo llora la humanidad,
en un bache ha caído el amor,
cuando el hombre llora es por temor.
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
tal vez sí ó tal vez no?
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
y el amor dónde quedó?
Mira cómo vuela la paloma,
mira cómo ve la realidad,
a momentos mírale sus alas
y verás al amor volar.
Mira cómo vuela la paloma,
mira cómo llora la humanidad,
cuando ya no la veas volar
es porque el amor murio.
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
tal vez sí ó tal vez no?
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
y el amor dónde quedó?
TINIEBLAS EN EL ALMA
Cuando me veas llorar,
no me preguntes por qué,
sólo abrázame muy fuerte,
fuerte, fuerte en tu querer.
Cuando me veas llorar,
no me trates de entender,
si abismarte tu no quieres
en el misterio que soy yo.
Que las penas que yo tengo,
no provienen del amor,
son tinieblas en el alma
que nublan mi corazón.
Que las penas que yo tengo,
no provienen del amor,
son tinieblas en el alma
que nublan mi corazón.
Cuando me veas llorar,
no me trates de entender,
si abismarte tu no quieres
en el misterio que soy yo.
Cuando me veas llorar,
no me preguntes por qué,
sólo abrázame muy fuerte,
fuerte, fuerte en tu querer.
2
BUENOS DIAS RATON DEL TIEMPO
Buenos días ratón del tiempo
que lentamente roes mi vida,
buenos días, qué bien me siento
a pesar que he malvivido.
Me he embriagado de amor y estrellas,
el infierno he sentado en mis piernas,
he tenido la buena fortuna
que mi abismo alumbre la luna.
Buenos días ratón del tiempo
me recuerdas que sólo soy sueño,
buenos días mundo infeliz
nunca podrás volverme gris.
Me extasiado de Eros y Bacco,
a poiesis he vuelto mi amante,
he tenido la buena locura
que mi abismo alumbre la luna.
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida,
buenos días que bien me siento
buenos días ratón del tiempo.
(Se repite)
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida,
buenos días que bien me siento
buenos días ratón del tiempo.
Buenos días ratón del tiempo
que poco a poco roes mi vida,
buenos días que bien me siento
buenos días ratón del tiempo.
3
CORRIDO A IGNACIO DEL VALLE
Afinen bien los machetes,
Afínenlos que ya vamos,
A protestar a Almoloya,
Donde esta preso un hermano.
Vengan de todos lugares,
No se rezague ninguno,
Que esta sentencia maldita
Es pa todo el mexicano.
Ciento doce años de cárcel
Por defender a su pueblo
Dieron a Nacho del Valle
Los que nos dan el infierno.
Su esposa Trini le dice:
Nunca te voy a dejar,
Ignacio eres un himno
Que habla de libertad.
Y el maldito gobierno
Con perros y granaderos,
Reprimieron y violaron
Mujeres, niños y ancianos.
Así cayó Benumea
Ese estudiante valioso,
Por una bomba tirana
De Peña Nieto y de Fox.
Afinen bien las guitarras
Para cantar el corrido,
Con la garganta irritada
De un pueblo que es aguerrido.
San Salvador es su nombre
Y Atenco su apellido,
Una epopeya libraron
Contra el gobierno asesino
Ciento doce años de cárcel
Por defender a su pueblo
Dieron a Nacho del Valle
Los que nos dan el infierno.
Su esposa Trini le dice:
Nunca te voy a dejar,
Ignacio eres un himno
Que habla de libertad.
3
CORRIDO A ANDRES MANUEL DE LOS POBRES
Aquí les vengo a cantar
Con cuerdas del corazón,
Lo que se escucha en el viento
Del asfalto y de la flor.
La gente humilde le llama
Andrés Manuel de los Pobres,
Y expresa con toda su alma
Que es hombre bueno y cabal
Lo quiere de presidente
No miento esa es la verdad
Andrés Manuel de los Pobres
La historia ya te eligió
Para cumplir los dictados
Que la Patria escribió;
Vamos a seguir contigo
Luchando por la nación.
Aquí me tienen cantando
Estas estrofas sencillas,
Que recogí yo trovando
En cada comunidad.
Se siente al pueblo animado,
No quiere más traición,
Quiere un gobierno de todos
Que no le cause dolor;
Dar nuevo rumbo a su vida,
No miento esa es su razón.
Andrés Manuel de los Pobres
La historia ya te eligió
Para cumplir los dictados
Que la Patria escribió;
Vamos a seguir contigo
Luchando por la nación.
Aquí les vine a cantar
Con cuerdas del corazón,
Lo que se escucha en el viento
Del asfalto y de la flor;
Que Andrés Manuel de los Pobres
Mi presidente ya es.
Andrés Manuel de los Pobres
La historia ya te eligió
Para cumplir los dictados
Que la Patria escribió;
Vamos a seguir contigo
Luchando por la nación.
4
CUANDO BENITA FUE AL CIELO
¡Cierren las puertas del cielo!
Gritó San Pedro asustado
¡Que hay viene Benita Galeana
La mujer más roja del pueblo!
Los ángeles puertas cerraron
Poniendo llave y candado,
Creyendo que eso a Benita
Detendría ¡puro carajo!
Benita franqueó la entrada,
Gritando a todo pulmón:
¡Jesús respeta mis bragas,
Quiero ir a la convención!
¡Jesús no te hagas el sordo,
Vivita quiero yo estar,
El pueblo siempre ha ganado,
Un sol es la libertad!
Jesús llamó a San Pedro
E irritado le preguntó:
¿Quién es la mujer que clama?
¡San Pedro tráela pa’ acá!
San Pedro fue por Benita
Y al cielo la dejó entrar,
Y ya junto al nazareno
Galeana habló sin chistar.
¡Jesús no seas canijo
Que yo aún quiero vivir,
Pa’ ver liberado a mi pueblo
Del yugo del pinche PRI!
Jesús le dijo a Benito:
¡Tu deseo voy a cumplir,
Pues sé que toda tu vida
La injusticia es combatir!
Ni Dios ni Diablo han podido
Con ésta linda mujer,
Por eso en este corrido
Le ofrendo yo mi querer.
5
CORRIDO A EFREN CAPIZ
Ya partió el viejo poeta
A encontrarse con Zapata,
Defendía a los campesinos
Y a la tierra que lo amaba.
Ya se fue el sonriente Efrén,
Decimero michoacano,
El verdugo de caciques,
Del obrero leal hermano.
¡Ay Efrén Capiz te fuiste!
Mi guitarra te despide,
Aquí dejas tu gran alma,
Y tu lucha sigue, sigue,
Sigue, sigue, sigue, sigue…
Ya partió el viejo sombrero
Y Morelia está muy triste,
Doña Eva su mujer
Con ternura lo despide.
Tu poema de justicia,
Canta el pueblo acongojado,
Será siempre nuestra causa,
Muchas gracias por tu amor.
¡Ay Efrén Capiz te fuiste!
Mi guitarra te despide,
Aquí dejas tu gran alma,
Y tu lucha sigue, sigue,
Sigue, sigue, sigue, sigue…
6
ARRE REANDANDO
Subiendo por la montaña
Camino pa’ mi jacal,
Donde me espera mi amada
Con la tortilla al comal.
Arre reandando mi mula
Que yo ya quiero llegar
Para encontrarme en sus ojos
Un poquitito de paz.
Para estrecharla en mis brazos
Y brindarle mi querer,
Para sentir en su vientre
El hijo que va a nacer.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Soy un pobre labrador
Que echa al viento su canción.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Siempre trabaja y trabaja
Y poco tengo pa’ comer.
Subiendo por la montaña
Camino pa’ mi jacal,
Con la cabeza agachada
Pues nada pude traer.
Arre reandando mi mula,
Aunque cansada te ves,
Bajas y subes cargada
Pues nada pude vender.
Porque la gente del pueblo
Sufre lo mismo ya ves,
Se la pasa trabajando
Y siempre falta pa’ comer.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Soy un pobre labrador
Que echa al viento su canción.
Anda que dime mi mula,
Dime yo que puedo hacer,
Pues es que mira mi mula
Tengo poco pa’ comer;
¡ay que tristeza que dolor!
Siempre trabaja y trabaja
Y poco tengo pa’ comer.
7
MARIAS
Marías… Marías…
Cuántas de ellas
Hay en ésta ciudad,
Llevando a sus hijos
Hambrientos y sin bañar.
La gente les mira
Y se burla de su humildad,
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá…
Marías… Marías…
A veces la tira
Les quita su mercancía,
A veces las violan
Y acaban de prostitutas.
Y en casas de cita
El padrote las explota;
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá.
Marías… Marías…
A veces sus hijos
Son unos drogadictos,
Unos carteristas,
Unas viles sabandijas.
Las Marías llorando
Y el culpable en su casa cenando,
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá…
¿A qué vienes María?
Mejor quédate allá…
Mejor quédate allá…
Mejor quédate allá.
8
MAÑANITA
La mañana se tardó
Y el jilguero no cantó;
La mañana se tardó
Y el jilguero no cantó.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira que te esperaba
Para darte mi corazón.
La montaña está oscura
La montaña está sin sol;
La montaña está oscura,
La montaña está sin sol.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira como la hierba
Te extraña también la flor.
En un rincón de una calle
Lloraba mi corazón,
En un rincón de una calle
Quería mirar el sol.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira que eres culpable
De que llore mi corazón.
¡Ay mañanita mía!
¿Por qué te tardaste hoy?
Pues mira que eres culpable
De que llore mi corazón.
De que lloré mi corazón…
9
LOS DESAPARECIDOS
EN ALGUN LUGAR ESTAN
ESPERANDO QUE EL OLVIDO,
NO SEPULTE SU MEMORIA
NI TAMPOCO SUS LATIDOS.
EN ALGUN LUGAR ESTAN
ESPERANDONOS A TODOS,
PARA ENTREGARNOS LA LLAMA
QUE NO SE DEBE APAGAR.
TODOS LOS DIAS ME ENCUENTRO
A LOS DESAPARECIDOS,
EN UNA NOTA DEL DIARIO,
EN UN CARTEL O UN GRITO;
EN UNA FOTO PEGADA AL PECHO DE UNA MADRE,
EN LA PROTESTA DE UN HIJO POR SU PADRE.
TRANSGRESORES DEL SILENCIO
LOS CONMINO A CANTAR
ESOS NOMBRES QUE DEL TIEMPO
NO SE DEBEN DE BORRAR;
ESOS NOMBRES QUE LA BESTIA
NO QUISIERA YA ESCUCHAR,
ESOS NOMBRES QUE NOSOTROS
REPETIMOS SIN CESAR.
TODOS LOS DIAS ME ENCUENTRO
A LOS DESAPARECIDOS,
EN UNA NOTA DEL DIARIO,
EN UN CARTEL O UN GRITO;
EN UNA FOTO PEGADA AL PECHO DE UNA MADRE,
EN LA PROTESTA DE UN HIJO POR SU PADRE.
10
ESTRIBILLOS Y DÉCIMAS CHILANGAS
Intr.: Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol; Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol
Tienes que tomar
compai una decisión (bis).
México es surrealista
lo dijo ya un francés,
parece el mundo al revés
lo que se tiene a la vista;
pero para ser realista,
lo que se observa sólo es
si en la pantalla lo miras;
¡Ay qué locura más neta!
¡Me largo de este planeta,
a ver si encuentro respiro!
Tienes que tomar
compai una decisión (bis).
México nota roja
como Colombia e Irak,
quién sabe en qué va a parar
esta balacera incruenta;
¿O es qué el pueblo no cuenta?
¡Al diablo los matarifes!
Que como infernales chinches
están sangrando mi tierra;
¡Ya no quiero más su hiedra,
sino bailar lo que sigue!
Chinito papalahueca, mulato,
vamo a comer pescao (bis).
Inter.: Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol; Do, Fa, Sol, Fa, Do, Fa, Sol
Tienes que tomar
compai una decisión (bis).
México es carestía;
Chile, huevo y frijol,
cual platillo volador
la tortilla sube y sube;
ya parezco una nube
de lo liviano que estoy;
no me calienta ni el sol
del hambre que traigo ahora
me yantaría una hora
o un minuto de ti.
Tienes que tomar
Compai una decisión (bis).
La soberana inmundicia
está drenando su fango,
se le insoporta luchando
sobre la faz de la patria:
que buena es la democracia
cuando no hay hegemonías
con sus rateras manías
que emulan a Don Porfirio;
es la injusticia un martirio,
cantemos pa’ no llorar…
Chinito papalahueca, mulato,
vamo a comer pescao (bis).
Tienes que tomar
Compai una decisión (bis 4 veces).
11
MUJERES DE HOY Y DE MÁS DE 30
Letra y Música: Raymundo Colín Chávez
Intr.: Sol, Do, Si7, Do, Si7, la, Re, la, Re, Sol, Re7
En el fragor de la prisa
siempre con un pie delante del tiempo;
ya no son Eva
bajo el yugo del estigma patriarcal.
Ganan su maíz
ejerciendo los oficios que el hombre dominaba;
izan sus sueños
en la estepa claroscuro del saber.
Mujeres distintas
que han roto con los siglos de raigambre medieval;
estando en celo
toman lo que quieren y se van.
Inter.: Sol, Do, Si7, Do, Si7, la, Re, la, Re, Sol, Re7
Palomas conquistadas
maquilando su destino en la infame explotación;
lanzan querellas
que defienden su derecho a decidir.
Son las mujeres
que he conocido en la aventura de mi intenso existir;
las compañeras
en el cansado viaje al porvenir.
Mujeres distintas
que han roto con los siglos de raigambre medieval;
estando en celo
toman lo que quieren y se van; Do, Si7, Do, Si7
estando en celo
toman lo que quieren y se van.
12
QUIEN VALE MAS
La reuma me está matando
y treinta años de trabajar,
que ya no puedo correr
para abordar el camión;
que ya no puedo correr
para abordar el camión.
Y cuando llego tarde
para checar el trajetón,
me mandan pa’ la oficina
y esto me dice el patrón;
me mandan pa’ la oficina
y esto me dice el patrón:
Vale más una máquina
que un ser humano.
Me dice el patrón:
Tú te acabas y la máquina
Sigue andando.
Me dice el patrón:
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirve pa’ na’.
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirves pa’ na’.
La reuma me esta matando
y ya me dijo el doctor,
que ya no puedo correr
para abordar el camión;
que ya no puedo correr
para abordar el camión.
Y estoy muy preocupado
ahora qué será de mí,
si me corren del trabajo
de qué voy a vivir;
si me corren del trabajo
de qué voy a vivir.
Vale más una máquina
que un ser humano.
Me dice el patrón:
Tú te acabas y la máquina
Sigue andando.
Me dice el patrón:
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirve pa’ na’.
Y ya acabado tú estás.
Ya no me sirves pa’ na’.
13
DIECIOCHO AÑOS
Se puso guapa y se fue a bailar,
Sintió deseos de cabalgar,
¿Fueron las copas o la pasión?
Sexo ardiente cegó al amor.
Volvió a su casa y la realidad
golpeó su vida quiso llorar,
pasó el tiempo y la fecundó
dieciocho años ensombreció.
Con dieciocho perdiste la vida
hermosa niña de sol;
con dieciocho años la flor de la muerte
se abrió en tu pecho de sol.
Pensó en sus padres en la moral,
pensó en el cura la sociedad;
se vio sumida en la soledad,
dieciocho años se decidió.
Se fue al baño jaló y jaló,
con un alambre se desangró,
murió el producto, dijo adiós,
dieciocho años nadie te oyó.
Con dieciocho perdiste la vida
hermosa niña de sol;
con dieciocho años la flor de la muerte
se abrió en tu pecho de sol.
Con dieciocho perdiste la vida
hermosa niña de sol;
con dieciocho años la flor de la muerte
se abrió en tu pecho de sol.
14
ME HE VUELTO LOCO DE TI
En el fresco de tu boca
trato de apagar mi sed,
y en cada beso te dejo
pedacitos de mi ser.
De tus labios brota el agua
que me vida y dolor,
yo quisiera ser la sangre
que late tu corazón.
Me he vuelto loco de ti
y si tardas en llegar
se dislocan mis delirios
y me pongo a llorar;
me he vuelto loco de ti,
no me vayas a dejar,
si es que tú lo haces mi vida
por el mundo te he de hallar.
El aroma de tu cuerpo
es la guía de mi andar,
cuando me siento perdido
y te quiero yo encontrar.
Cuando corren tu erotismo
mis manos se vuelven sol,
un abrazo de Dios mismo
que nos da su bendición.
Me he vuelto loco de ti
y si tardas en llegar
se dislocan mis delirios
y me pongo a llorar;
me he vuelto loco de ti,
no me vayas a dejar,
si es que tú lo haces mi vida
por el mundo te he de hallar.
Me he vuelto loco de ti…
15
LOS BUENOS RECUERDOS CONTIGO
Un día me puse a recordar
los momentos buenos contigo,
después de todo, también,
crecen flores en el desierto;
y te vi bordando el alba
con tus sueños de poeta:
la vida era un ave
brotando de tu alma…
Te dije el amor es voluble,
te da la gloria o el infierno,
pero es buena, también,
la luz de la noche,
y sentir que eres el dueño
de la diosa del deseo;
y vivir con la sonrisa
hacia el cielo…
16
QUIERO QUE SEPAS
Por si no te vuelvo a ver
quiero que sepas,
que los años por venir
son flores secas,
y en algún lugar
de la soledad te recordaré.
Por si no te vuelvo a ver
quiero que sepas,
que mi fantasma rondará
tus lunas rotas,
y en algún lugar
de tu corazón yo te cantaré.
Por si no te vuelvo a ver
quiero dejarte,
una luz en el umbral
de tu tristeza,
y en algún lugar
de la realidad tú serás feliz.
17
AMOR OLVÍDAME
Ayer te dije adiós y no lloré,
decidiste partir y te dejé,
te vi volar con él hacia el amor,
me dolió el corazón mordí el dolor;
Pues no soy hombre que guarde rencor,
supe reconocer, bebí tu flor,
adiós amor, adiós olvídame,
yo no te esperaré también me iré.
A buscar otro amor,
a buscar otro amor
que no se quiera ir;
que se quede conmigo,
que se quede conmigo
y que me haga feliz,
como tú lo hiciste ayer,
cuando estuviste aquí.
Cuando estuviste aquí, mujer…
Paran, paran, paran,
paran, paran, paran,
paran, paran, parararararara…
18
SENSIBLEMENTE
Estamos cerca y distantes
en este sueño de grotesca realidad,
somos la causa que desborda lo vital,
intenso río que barre sombras con su luz.
Tocamos todo lo radiante
en estas calles que censuran hoy la paza,
estamos juntos bajo el fuego de este amor,
entrando el siglo nuestro ímpetu abre al sol.
Si ves al mundo desgarrarse
y su lamento te provoca soledad,
sube a mis alas que me siento colibrí,
allende el alba el horizonte viene azul…
Sensiblemente sigo tu aroma así,
es agua fresca tu piel para mi infierno,
sensiblemente tus sonidos en mí
son sinfonías de blues para mi adentro;
sensiblemente sigo tu aroma así
es agua fresca tu piel…
Divaga el mundo en un abismo
mientras el hambre es un discurso y nada,
graznan los cuervos de la ira y el metal,
revienta el bosque que intoxica el capital.
No hay sin sentido que no vare,
nacera el hombre que le limpie el corazón,
estamos juntos bajo el fuego de este amor,
entrando el siglo nuestro ímpetu abre al sol.
Si ves al mundo desgarrarse
y su lamento te provoca soledad,
sube a mis alas que me siento colibrí,
allende el alba el horizonte viene azul…
Sensiblemente sigo tu aroma así,
es agua fresca tu piel para mi infierno,
sensiblemente tus sonidos en mí
son sinfonías de blues para mi adentro;
sensiblemente sigo tu aroma así
es agua fresca tu piel…
19
OFELIA
Ofelia trabaja en un taller
haciendo costura de seis a seis,
es madre y padre de casi diez
apurando la máquina puede pagar.
Un cuarto mugroso de vecindad
lleno de moscas de suciedad,
en donde sus hijos puedan estar
arañando sus ropas con libertad, con libertad.
La máquina, máquina a ella le importa más,
la máquina, máquina a ella le va a matar:
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar,
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar.
La gente murmura en la vecindad,
qué oficio ella tiene lo que será,
si es prostituta de un callejón,
o es costurera su profesión.
No importa que digan ni que dirán,
le importan sus hijos que comerán,
no importa su vida, no importa ya,
le importa el futuro que ellos tendrán.
La máquina, máquina a ella le importa más,
la máquina, máquina a ella le va a matar:
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar,
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar.
Ofelia trabaja en un taller
haciendo costura de seis a seis,
mañana, pasado igual será
muy pronto la anemia la matará, la matará.
Baben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar,
beben su vida, beben su vida,
beben su vida sin importar: Ofelia.
20
DE PIEDRA Y RUEDA
Confundido
como una rueda en el camino,
esperando que me detengas amor
para mirar de nuevo
el cielo en el cielo, la tierra en la tierra
y no seguir girando
como el albur de una ruleta mi corazón.
*En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensas amor mío
mientras truena la guerra.
Y yo sigo esperando
que detengas el infierno
de mi corazón.
En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensa amor mío
mientras ríe la muerte
y yo sigo girando
y el mundo soñando
el nuevo sol.
Olvidado
como una piedra en el camino,
esperando que me diluya el tiempo
para ser polvo nuevo
de otro camino, de otro universa
y no seguir brillando
la misma soledad mi corazón.
En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensas amor mío
mientras pasa la niebla:
el mar sigue cantando
que su azul no se muera
la libertad.
En qué piensas amor mío
mientras gira la rueda.
En qué piensa amor mío
mientras cruje la yerba:
y yo sigo esperando
que tus alas enciendan
el nuevo sol.
*Charles Simic
21
AGUA DE MAR
Por las aceras del amor, ella va
con la mirada pintada de sol,
no quiere ya sufrir más, sufrir más
Ella bien sabe que el dolor
no se cura con cualquier canción,
sólo el amor la sanará, la sanará.
Todas las noches cambiaba de piel
y al soñar seimpre sentía monstruos en su ser
nunca el amor, nunca el amor.
Agua de mar, agua de mar
buena pa’ la soledad,
agua de mar, agua de mar
buena pa’ la soledad.
22
VOY DE NOCHE, VOY DE DIA
El loco de las calles me dicen ya
porque grito tu nombre a la eternidad,
el locos de las calles miren ahi va,
el dueño de la lluvia, la soledad.
Voy de noche, voy de día,
voy buscando tu vida. (bis)
El diablo de la suerte abrió su horror
para llevarse tu corazón,
ya desde entonces vagando estoy,
en Ciudad Juárez llora el amor.
Voy de noche, voy de día,
voy buscando tu vida. (bis)
Cuentan que el silencio gritando está
todo su coraje por la ciudad,
nos más flores muertas, no más dolor
nuestras muchachas merecen sol.
Voy de noche, voy de día,
voy buscando tu vida. (bis)
23
LOS NIÑOS PERDIDOS
Yo tenía un hermanito
y era muy bonito,
un día fue a la calle
y ya no regresó.
Ay que dolor,
ay que tristeza,
ay dónde está,
ay en qué infierno.
Los niños perdidos
los que venden en el norte,
los niños perdidos,
los dueños del amor;
los niños perdidos,
los que duelen en el alma,
los niños perdidos,
los dueños del amor.
Mi madre no está en casa,
lo busca todo el día,
llegando del trabajo
mi padre y yo también.
Ay que dolor,
ay que tristeza,
ay dónde está,
ay en qué infierno.
Los niños perdidos
los que venden en el norte,
los niños perdidos,
los dueños del amor;
los niños perdidos,
los que duelen en el alma,
los niños perdidos,
los dueños del amor.
24
FUERON PAN
En el aire viven voces que nos gritan,
recordando que sus sueños no se han ido,
que aún persiguen con sus alas y su risa,
mariposas coloreadas de justicia.
Yo estoy hecho de su amor esa es mi historia,
su cimiento es la ventura de mi canto,
a mi vida le forjaron con su alma
la esperanza por un mundo sin pobreza.
Hombres que fueron río,
mujeres que fueron mar:
hombres, mujeres pan.
Pan de los necesitados,
de los que emigraron
por querer pan.
Pan de los perseguidos,
de los que luchan diario
por tener pan.
Pan de los desempleados,
de los explotados,
de los que quieren pan.
Pan fueron pan,
pan, fueron pan.
Que rico pan de pueblo,
que rico pan de amor,
que rico pan de todos
que rico pan de paz.
25
LA VIDA ES COMO VIAJAR EN UN TREN
Tomo la vida
como si estuviera en un tablón
tomado de tu mano en el océano;
vivo mi sueño como un arriesgado,
entre las flores, entre los pantanos,
alzo mis manos toco la s estrellas,
miro la hormiga que cosa más bella.
La vida es como viajar en un tren,
desecho lo malo, cultivo la fe.
Tomo la vida
como me ahogara en tu beso,
o cayera de tu pelo;
vivo mi sueño como un arrieagado,
con la justicia siempre de mi lado,
alzo mis manos toco las estrellas
le doy su brillo a quienes lo esperan.
La vida es como viajar en un tren,
desecho lo malo, cultivo la fe.
Tomo la vida con agua de ti
para refrescar mi corazón.
Eres el sueño que anoche perdí
y me lleno de amanecer.
La vida es como viajar en un tren,
desecho lo malo, cultivo la fe.
26
DON GOLAZO
Con su balón al brazo
su bandera y su matraca,
marcha Don Golazo
al estadio con su chort.
Semana tras semana
Don Golazo nunca falta,
al partido de domingo,
a la bronca y la caguama.
Hoy juega su equipo
y ya apostó todo su sueldo,
su familia no ha comido
y el tampoco lo ha hecho.
,
Pero eso no le importa
al fin que se emborracha,
aunque pierda su equipo
y pan falte en su casa,
y pan falte en su casa.
*No tome Carta Blanca
porque lo empeda y lo atarante,
tampoco tome Coca Cola,
porque le saca chispas por la cola.
Con su balón al brazo,
su bandera y su matraca,
regresa Don Golazo
del estadio a su casa.
Borracho y apaleado
así es cada domingo,
enojado pues su equipo
ha perdido el partido.
Se le hacerca su mujer
y con miedo le murmura,
“tus hijos no han comido,
dame ya para alimento.”
Le grita y la golpea,
la insulta y la patea:
“pues dales los que sea
y déjame tomar.”
Su mujer se marcha a la cocina
y de un cajón extrae su coraje y un cuchillo,
y va donde agachado aún toma Don Golazo,
y con todo su coraje al balón le da un pinchazo.
Le rompe la matraca, le rasga la bandera
y Don Golazo dice: “¡Vete mucho a la fregada!
¡Tus hijos tienen hambre, y en tu casa falta el pan,
tus hijos quieren ropa y descalzos andan ya!
¡Borracho nada sabes, mira ya tu realidad,
borracho nada sabes y el patrón te explota más!
¡Fanático, fanático, y el patrón te explota más! (bis)
27
EL CANTO SOY
Un hombre pobre soy,
un hombre de ésta tierra,
un río que se abre
tras el sueño de un poema de amor.
Un hombre pobre soy,
un hombre de esta tierra,
andariego de utopías
que germinan en la vida un corazón.
El canto soy,
una flor en el mar,
un jilguero en la guerra
y en ti libertad.
28
VIEJO LOBO DE AMAR
Me desaté de la pena,
de ese tu embrujo mortal,
y aunque te quiera yo tanto,
ya no te voy a buscar.
No te preocupes mi nena
de lo que pueda pasar,
si no me ahorcó la tristeza,
tu ausencia nada me hará.
Canto y bebo tequila,
miro el futuro sin ti,
lo qué ganasta y perdiste
no lo sabrás tú de mí.
Yo sé que estás satisfecha,
no te traté nada mal,
tuviste amor de primera,
de un viejo lobo de amor.
Ya me curé de tus besos,
de la pasión por tu piel,
y si te veo con otro
te juro me dará igual.
No te preocupes mi nena
de lo que pueda pasar,
goza y vive tranquila
tu ausencia nada me hará.
Canto y bebo tequila,
miro el futuro sin ti,
lo qué ganasta y perdiste
no lo sabrás tú de mí.
Yo sé que estás satisfecha,
no te traté nada mal,
tuviste amor de primera,
de un viejo lobo de amor.
29
PALOMA
Mira cómo vuela la paloma,
mira cómo ve la realidad,
a momento el viento la detiene
y a momentos volando va.
Mira la violencia en las ciudades,
mira cómo llora la humanidad,
en un bache ha caído el amor,
cuando el hombre llora es por temor.
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
tal vez sí ó tal vez no?
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
y el amor dónde quedó?
Mira cómo vuela la paloma,
mira cómo ve la realidad,
a momentos mírale sus alas
y verás al amor volar.
Mira cómo vuela la paloma,
mira cómo llora la humanidad,
cuando ya no la veas volar
es porque el amor murio.
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
tal vez sí ó tal vez no?
Quizás mañana todo cambie,
quizás mañana no cante yo,
¿pero el mundo seguirá girando,
y el amor dónde quedó?
FORMAS POETICAS y LITERARIAS
Paráfrasis: Explicación o interpretación amplificativa de un texto para ilustrarlo o hacerlo más claro e inteligible.
Paragoge: Adicción de algún sonido al fin de un vocablo.
Paradiástole: Figura que consiste en usar voces en la cláusula, al parecer de significación semejante, dando a entender que la tienen diversa.
Paradoja: Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.
Parábola: Narración de un suceso fingido, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.
Hipérbaton: Recurso estilístico que consiste en la alteración del orden lógico de las palabras en una oración. Ejemplo: “Continúo el Rey el camino hacia el mar”. En vez de: “El Rey continúo el camino hacia el mar”.
Metáfora: Recurso estilístico que consiste en trasladar el significado de una imagen a otra. Ejemplo: “Barba tupida de oro rizado”.
Hipérbole: Consiste en emplear una expresión, que, tomada a la letra, deforma la verdad por su exageración. Ejemplo: “Mazorcas de maíz del tamaño de un hombre”.
Comparación: Consiste en relacionar dos ideas o dos objetos en virtud de su relación entre ellos. Ejemplo: “Cañas altas y verdes como árboles”.
Panegírico: Discurso oratorio en alabanza de una persona. Elogio de una persona hecho por escrito.
Paronomasia: 1. f. Semejanza entre dos o más vocablos que no se diferencian sino por la vocal acentuada en cada uno de ellos; p. ej., azar y azor; lago, lego y Lugo; jácara y jícara 2. f. Semejanza de distinta clase que entre sí tienen otros vocablos; ej., adaptar y adoptar; acera yacero. Marte y mártir.3. f. Conjunto de dos o más vocablos que forman paronomasia.4 f. Ret. Figura consistente en colocar próximos en la frase dos vocablos semejantes en el sonido pero diferentes en el signifi cado, como puerta y puerto; secreto de dos y secreto de Dios.
Anapéstico: El que lleva el acento en las sílabas cuarta y séptima.
Exordio. (Del lat. exordĭum).1. m. Principio, introducción, preámbulo de una obra literaria, especialmente primera parte del discurso oratorio, la cual tiene por objeto excitar la atención y preparar el ánimo de los oyentes. 2. m. Preámbulo de un razonamiento o conversación familiar. 3. m. ant. Origen y principio de algo.
Inepcia. (Del lat. ineptĭa). 1. f. Cualidad de necio. 2. f. Dicho o hecho necio.
Perífrasis. (Del lat. periphrăsis, y este del gr. περίφρασις). 1. f. Ret.circunlocución. ~ verbal. 1. f. Gram. Unidad verbal constituida por un verbo en forma personal y otro en forma no personal; p. ej., Vengo observando su conducta.
Sintagma. 1. m. Gram. grupo (‖ conjunto de palabras). ~ adjetival, o ~ adjetivo. 1. m. Gram. grupo adjetival. ~ nominal. 1. m. Gram. grupo nominal. ~ preposicional. 1. m. Gram. grupo preposicional. ~ verbal. 1. m. Gram. grupo verbal.
Metonimia. (Del lat. metonymĭa, y este del gr. μετωνυμία). 1. f. Ret. Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.; p. ej., las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.
Omniscio, cia. (Del b. lat. omniscŭis). 1. adj. Que tiene omnisciencia. 2. adj. Que tiene sabiduría o conocimiento de muchas cosas.
Heurístico: Técnica de la indagación y del descubrimiento. Busca o investigación de documentos o fuentes históricas. En algunas ciencias, manera de buscar la solución de un problema mediante métodos no rigurosos, como por tanteo, reglas empíricas, etc.
Preámbulo: exordio.
Isagoge: Introducción.
Rodeo: Manera de decir una cosa valiéndose de circunloquios.
Circunloquio: Rodeo de palabras para expresar algo que podría haberse dicho de forma más breve.
Lucubración: Trabajar velando y en aplicación en obras de ingenio.
Perístasis: Tema, asunto o argumento del discurso.
Digresión: Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan íntimo enlace por aquello que se está tratando.
Inventiva: Inspiración, facultad o disposición para inventar.
Sátira: Composición escrita cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo.
Ditirambo: composición poética pagana en loor de Baco, o inspirada en un arrebato de entusiasmo. Alabanza exagerada.
Ex libris: cédula que se pega en el reverso de la tapa de los libros en el que consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a la que pertenece el libro.
Prólogo: discurso antepuesto al cuerpo de la obra en un libro de cualquier clase.
Anfibología: Doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar a que puede darse más de una interpretación. Figura que consiste en emplear adrede voces o cláusulas de doble sentido. Anfi: por ambos lados. Bole: enunciado o proposición. Ejemplo: “Lo que alguien conoce, eso conoce”. Puede significar que eso es conocido por el que lo conoce, o puede significar que lo que es conocido es capaz de conocer.
Paralogismo: razonamiento falso.
Sedente: que está o se representa sentado.
Opúsculo: obra científica o literaria de poca extensión.
Tomismo: sistema escolástico contenido en las obras de Santo Tomás de Aquino y sus discípulos.
Escolástico: Tendencia a pensar que las opiniones o ideologías clásicas y tradicionales son las únicas válidas y ciertas. Partidario de la filosofía medieval. Aristóteles.
Participio. (Del lat. participĭum).1. m. Gram. Forma no personal del verbo, susceptible de recibir marcas de género y número, que se asimila frecuentemente al adjetivo en su funcionamiento gramatical. En español, puede formar tiempos compuestos y perífrasis verbales. 2. m. Gram. participio pasivo. 3. m. ant. Comunicación o trato.~ activo. 1. m. Gram. Tradicionalmente, forma verbal procedente del participio de presente latino, que en español, con terminación en -nte, se ha integrado casi por completo en la clase de los adjetivos o en la de los sustantivos. ~ pasivo.1. m. Gram. El que se emplea para la formación de los tiempos compuestos, de la voz pasiva y de otras perífrasis verbales. Ha salido. Fue construida. Te lo tengo dicho. Es regular si termina en -ado o -ido; p. ej., escrito, impreso, hecho. Algunos participios pasivos admiten a veces interpretación activa; p. ej.,callado, 'el que calla', atrevido, 'el que se atreve'. Muchos admiten interpretación adjetival en unos casos y verbal en otros; p. ej., aislado, acertado, reducido, complicado.
Silogismo: Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales, llamada conclusión, se deduce necesariamente de las otras dos, denominadas premisas: utilizó un silogismo para demostrarnos la veracidad de su teoría.
Sincategoremas: preposición.
Preposición: Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos. Contra.
Traslaticio: se dice del sentido en que se usa un vocablo para que signifique o denote algo distinto de lo que con él se expresa cuando se emplea en su acepción primitiva o más propia y corriente.
Etimología: Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma. Especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras consideradas en dichos aspectos. ~ popular. f. Gram. Interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen. La relación así establecida puede originar cambios semánticos, p. ej., en altozano, o provocar deformaciones fonéticas, p. ej., en nigromancia.
Asertóricas: que no excluye la posibilidad lógica de una contradicción.
Modales: de los modos del verbo o relativo a ellos.
Inferencia: deducción de una cosa a partir de otra, deducción.
Locución: f. Acto de hablar.f. Modo de hablar.f. Gram. Grupo de palabras que forman sentido.f. Gram. Combinación fija de varios vocablos que funciona como una determinada clase de palabras.~ adjetiva.f. Gram. La que hace oficio de adjetivo. De tomo y lomo. De rechupete. adverbial. Gram. La que hace oficio de adverbio. De antemano. De repente.conjuntiva.f. Gram. La que hace oficio de conjunción. Con tal que. Una vez que.~ cuantificadora, o ~ intensificadora.f. Gram. La que sirve para ponderar la cantidad o el grado. Un sinfín de problemas. Es listo de veras.~ interjectiva f. Gram. La que equivale a una interjección. ¡Santo cielo! ¡Rayos y truenos!~ preposicional, o ~ prepositiva.f. Gram. La que hace oficio de preposición. En pos de. En torno a.~ pronominal.f. Gram. La que hace oficio de pronombre. Alguno que otro.~ sustantiva. f. Gram. La que hace oficio de sustantivo. El más allá. El qué dirán.~ verbal.f. Gram. La que hace oficio de verbo. Caer en la cuenta.
Vicios de construcción literaria
Anfibologías: Empleo de expresiones ambiguas a las que es posible dar más de una interpretación; voces de doble sentido: Ejemplos: “lo espero mañana en su casa” ¿La casa de quien habla o de quien escucha? “pues si él es de reyes primo, primo de reyes soy yo”. Primo tiene, aquí, dos significados: primo, pariente, y primo, primero.
Cacofonía: Efecto acústico molesto que se origina en la repetición de unas mismas letras o sílabas. Ejemplos: “no, no hay nada que Noe no nombre”, “es tan tonto como Tomás”.
Monotonía: Uniformidad enfadosa en el tono de voz. Empleo muy frecuente de pocos vocablos. Ejemplo: “voy a hacer primero una casa, luego hacer una oración, después hacer un viaje”.
Redundancia: Repetición innecesaria, excesiva profusión de palabras, frases. Ejemplo: “El infeliz morirá de muerte prematura”.
Solecismos: Uso sintáctico incorrecto de construcción como: “me se dijo”, por “se me dijo”. “Enrique es necesario que vuelvas en sí (por en ti).
Aliteración: Figura que se comete en una cláusula. Voces en que frecuentemente se repiten una o unas mismas letras. Es considerada vicio de lenguaje cuando ocurre independientemente de la voluntad del escritor.
Metaplasmos
Aféresis: hogó por ahogó.
Apócope: cien por ciento.
Epéntesis: corónica por crónica
Metátesis: dentrífico por dentífrico.
Metatonía: váyamos por vayamos.
Paragoge: fuistes por fuiste.
Prótesis: ahoy por hoy.
Síncopa: dotrina por doctrina.
Ultracorrección: Silado por Silao.
Vocalización: seisión por sesión.
FORMAS POÈTICAS
Soneto: Composición lírica de versos endecasílabos (once sílabas) que consta de dos estrofas de cuatro versos (cuartetos) y dos de tres. Ejemplo:
En que da moral censura a una rosa,
y en ella a sus semejantes
Rosa divina que en gentil cultura
eres con tu fragante sutileza
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura;
amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura;
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida;
soberbia, el riesgo de morir desdeñas;
y luego, desmayada y encogida,
de tu caduco ser das mustias señas!
¡Con que, en docta muerta y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
Sor Juana Inés de la Cruz
Redondilla: Estrofa aconsonantada de cuatro versos octosílabos (cuartetas) como en las coplas: Ejemplo:
“Dos dudas en que escoger
tengo; y no sé a cual prefiera
pues vos sentís que no quiera
y yo sintiera querer”
Sor Juana Inés de la Cruz
Villancico: Composición breve y popular, que consta de uno, dos, tres o cuatro versos como estrofa inicial, que se glosa (explica) en estrofas sucesivas.
Lira: Estrofa de cuatro, cinco o seis versos heptasílabas y endecasílabos. La clásica consta de cinco versos.
Quintilla: Composición métrica de cinco versos, rimados a gusto del poeta.
Epigrama: Composición poética breve en que con precisión y agudeza se expresa un solo pensamiento principal, festivo o satírico.
Exotismo: Extranjero, peregrino, extraño, chocante, extravagante.
Escolática: Sistema teológico filosófico surgido en las escuelas de la Edad Media (Aristotélico).
Epítome: Resumen o compendio de una obra extensa.
Epitalamio: Composición lírica en celebración de una boda.
Epodo: Último verso de la estancia, repetido muchas veces.
Hipogrifo: Animal fabuloso mitad caballo y mitad grifo con alas.
Antípoda: Dícese de cualquier individuo o punto geográfico que ocupe en el globo terráqueo un lugar diametralmente opuesto a otro dado.
“Desde décadas se ha anunciado la muerte del cuento, ya sea por la llegada del cine o la televisión, pero son muchos los que continúan escribiendo (…) tal vez el número de lectores está disminuyendo, pero eso no significa que va a desaparecer (…) los cuentos han sufrido modificaciones, aunque es cierto que muchos siguen los parámetros de Edgar Allan Poe. Hubo cambios con James Joyce, por ejemplo, y el cuento seguirá modificándose, porque no es algo estático, y los jóvenes cuentistas hacen nuevas contribuciones” (La Jornada. Erica Montaño Garfias. Sección Cultural, 2-12-2007)
Rubem Fonseca (escritor brasileño)
“Siento que un cuento rescata un fragmento de vida a diferencia de la novela que quiere recuperar una vida completa. Por eso se asocia tanto un cuento con una fotografía” (La Jornada. Erica Montaño Garfias. Sección Cultural, 2-12-2007)
Ednodio Quintero (escritor venezolano)
“Los cuentos son elementos para despertar la imaginación, lo que exige el cuento no solamente es estar atento al lenguaje, sino entrar en la excitación de la imaginación. Es un cambio constante. Es cuestión de reinventar el género con cada escritura y eso es lo que lo mantiene vivo. El cuento tiene esa vitalidad máxima que nos hace vibrar con pocas palabras y formar parte de una complicidad (…) uno de los secretos del género, es que busca la condensación y la intensidad: el cuento que se extiende pierde muchas de sus características” (La Jornada. Erica Montaño Garfias. Sección Cultural, 2-12-2007)
Luisa Velenzuela (escritora argentina)
Paragoge: Adicción de algún sonido al fin de un vocablo.
Paradiástole: Figura que consiste en usar voces en la cláusula, al parecer de significación semejante, dando a entender que la tienen diversa.
Paradoja: Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.
Parábola: Narración de un suceso fingido, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.
Hipérbaton: Recurso estilístico que consiste en la alteración del orden lógico de las palabras en una oración. Ejemplo: “Continúo el Rey el camino hacia el mar”. En vez de: “El Rey continúo el camino hacia el mar”.
Metáfora: Recurso estilístico que consiste en trasladar el significado de una imagen a otra. Ejemplo: “Barba tupida de oro rizado”.
Hipérbole: Consiste en emplear una expresión, que, tomada a la letra, deforma la verdad por su exageración. Ejemplo: “Mazorcas de maíz del tamaño de un hombre”.
Comparación: Consiste en relacionar dos ideas o dos objetos en virtud de su relación entre ellos. Ejemplo: “Cañas altas y verdes como árboles”.
Panegírico: Discurso oratorio en alabanza de una persona. Elogio de una persona hecho por escrito.
Paronomasia: 1. f. Semejanza entre dos o más vocablos que no se diferencian sino por la vocal acentuada en cada uno de ellos; p. ej., azar y azor; lago, lego y Lugo; jácara y jícara 2. f. Semejanza de distinta clase que entre sí tienen otros vocablos; ej., adaptar y adoptar; acera yacero. Marte y mártir.3. f. Conjunto de dos o más vocablos que forman paronomasia.4 f. Ret. Figura consistente en colocar próximos en la frase dos vocablos semejantes en el sonido pero diferentes en el signifi cado, como puerta y puerto; secreto de dos y secreto de Dios.
Anapéstico: El que lleva el acento en las sílabas cuarta y séptima.
Exordio. (Del lat. exordĭum).1. m. Principio, introducción, preámbulo de una obra literaria, especialmente primera parte del discurso oratorio, la cual tiene por objeto excitar la atención y preparar el ánimo de los oyentes. 2. m. Preámbulo de un razonamiento o conversación familiar. 3. m. ant. Origen y principio de algo.
Inepcia. (Del lat. ineptĭa). 1. f. Cualidad de necio. 2. f. Dicho o hecho necio.
Perífrasis. (Del lat. periphrăsis, y este del gr. περίφρασις). 1. f. Ret.circunlocución. ~ verbal. 1. f. Gram. Unidad verbal constituida por un verbo en forma personal y otro en forma no personal; p. ej., Vengo observando su conducta.
Sintagma. 1. m. Gram. grupo (‖ conjunto de palabras). ~ adjetival, o ~ adjetivo. 1. m. Gram. grupo adjetival. ~ nominal. 1. m. Gram. grupo nominal. ~ preposicional. 1. m. Gram. grupo preposicional. ~ verbal. 1. m. Gram. grupo verbal.
Metonimia. (Del lat. metonymĭa, y este del gr. μετωνυμία). 1. f. Ret. Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.; p. ej., las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.
Omniscio, cia. (Del b. lat. omniscŭis). 1. adj. Que tiene omnisciencia. 2. adj. Que tiene sabiduría o conocimiento de muchas cosas.
Heurístico: Técnica de la indagación y del descubrimiento. Busca o investigación de documentos o fuentes históricas. En algunas ciencias, manera de buscar la solución de un problema mediante métodos no rigurosos, como por tanteo, reglas empíricas, etc.
Preámbulo: exordio.
Isagoge: Introducción.
Rodeo: Manera de decir una cosa valiéndose de circunloquios.
Circunloquio: Rodeo de palabras para expresar algo que podría haberse dicho de forma más breve.
Lucubración: Trabajar velando y en aplicación en obras de ingenio.
Perístasis: Tema, asunto o argumento del discurso.
Digresión: Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan íntimo enlace por aquello que se está tratando.
Inventiva: Inspiración, facultad o disposición para inventar.
Sátira: Composición escrita cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo.
Ditirambo: composición poética pagana en loor de Baco, o inspirada en un arrebato de entusiasmo. Alabanza exagerada.
Ex libris: cédula que se pega en el reverso de la tapa de los libros en el que consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a la que pertenece el libro.
Prólogo: discurso antepuesto al cuerpo de la obra en un libro de cualquier clase.
Anfibología: Doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar a que puede darse más de una interpretación. Figura que consiste en emplear adrede voces o cláusulas de doble sentido. Anfi: por ambos lados. Bole: enunciado o proposición. Ejemplo: “Lo que alguien conoce, eso conoce”. Puede significar que eso es conocido por el que lo conoce, o puede significar que lo que es conocido es capaz de conocer.
Paralogismo: razonamiento falso.
Sedente: que está o se representa sentado.
Opúsculo: obra científica o literaria de poca extensión.
Tomismo: sistema escolástico contenido en las obras de Santo Tomás de Aquino y sus discípulos.
Escolástico: Tendencia a pensar que las opiniones o ideologías clásicas y tradicionales son las únicas válidas y ciertas. Partidario de la filosofía medieval. Aristóteles.
Participio. (Del lat. participĭum).1. m. Gram. Forma no personal del verbo, susceptible de recibir marcas de género y número, que se asimila frecuentemente al adjetivo en su funcionamiento gramatical. En español, puede formar tiempos compuestos y perífrasis verbales. 2. m. Gram. participio pasivo. 3. m. ant. Comunicación o trato.~ activo. 1. m. Gram. Tradicionalmente, forma verbal procedente del participio de presente latino, que en español, con terminación en -nte, se ha integrado casi por completo en la clase de los adjetivos o en la de los sustantivos. ~ pasivo.1. m. Gram. El que se emplea para la formación de los tiempos compuestos, de la voz pasiva y de otras perífrasis verbales. Ha salido. Fue construida. Te lo tengo dicho. Es regular si termina en -ado o -ido; p. ej., escrito, impreso, hecho. Algunos participios pasivos admiten a veces interpretación activa; p. ej.,callado, 'el que calla', atrevido, 'el que se atreve'. Muchos admiten interpretación adjetival en unos casos y verbal en otros; p. ej., aislado, acertado, reducido, complicado.
Silogismo: Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales, llamada conclusión, se deduce necesariamente de las otras dos, denominadas premisas: utilizó un silogismo para demostrarnos la veracidad de su teoría.
Sincategoremas: preposición.
Preposición: Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos. Contra.
Traslaticio: se dice del sentido en que se usa un vocablo para que signifique o denote algo distinto de lo que con él se expresa cuando se emplea en su acepción primitiva o más propia y corriente.
Etimología: Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma. Especialidad lingüística que estudia el origen de las palabras consideradas en dichos aspectos. ~ popular. f. Gram. Interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen. La relación así establecida puede originar cambios semánticos, p. ej., en altozano, o provocar deformaciones fonéticas, p. ej., en nigromancia.
Asertóricas: que no excluye la posibilidad lógica de una contradicción.
Modales: de los modos del verbo o relativo a ellos.
Inferencia: deducción de una cosa a partir de otra, deducción.
Locución: f. Acto de hablar.f. Modo de hablar.f. Gram. Grupo de palabras que forman sentido.f. Gram. Combinación fija de varios vocablos que funciona como una determinada clase de palabras.~ adjetiva.f. Gram. La que hace oficio de adjetivo. De tomo y lomo. De rechupete. adverbial. Gram. La que hace oficio de adverbio. De antemano. De repente.conjuntiva.f. Gram. La que hace oficio de conjunción. Con tal que. Una vez que.~ cuantificadora, o ~ intensificadora.f. Gram. La que sirve para ponderar la cantidad o el grado. Un sinfín de problemas. Es listo de veras.~ interjectiva f. Gram. La que equivale a una interjección. ¡Santo cielo! ¡Rayos y truenos!~ preposicional, o ~ prepositiva.f. Gram. La que hace oficio de preposición. En pos de. En torno a.~ pronominal.f. Gram. La que hace oficio de pronombre. Alguno que otro.~ sustantiva. f. Gram. La que hace oficio de sustantivo. El más allá. El qué dirán.~ verbal.f. Gram. La que hace oficio de verbo. Caer en la cuenta.
Vicios de construcción literaria
Anfibologías: Empleo de expresiones ambiguas a las que es posible dar más de una interpretación; voces de doble sentido: Ejemplos: “lo espero mañana en su casa” ¿La casa de quien habla o de quien escucha? “pues si él es de reyes primo, primo de reyes soy yo”. Primo tiene, aquí, dos significados: primo, pariente, y primo, primero.
Cacofonía: Efecto acústico molesto que se origina en la repetición de unas mismas letras o sílabas. Ejemplos: “no, no hay nada que Noe no nombre”, “es tan tonto como Tomás”.
Monotonía: Uniformidad enfadosa en el tono de voz. Empleo muy frecuente de pocos vocablos. Ejemplo: “voy a hacer primero una casa, luego hacer una oración, después hacer un viaje”.
Redundancia: Repetición innecesaria, excesiva profusión de palabras, frases. Ejemplo: “El infeliz morirá de muerte prematura”.
Solecismos: Uso sintáctico incorrecto de construcción como: “me se dijo”, por “se me dijo”. “Enrique es necesario que vuelvas en sí (por en ti).
Aliteración: Figura que se comete en una cláusula. Voces en que frecuentemente se repiten una o unas mismas letras. Es considerada vicio de lenguaje cuando ocurre independientemente de la voluntad del escritor.
Metaplasmos
Aféresis: hogó por ahogó.
Apócope: cien por ciento.
Epéntesis: corónica por crónica
Metátesis: dentrífico por dentífrico.
Metatonía: váyamos por vayamos.
Paragoge: fuistes por fuiste.
Prótesis: ahoy por hoy.
Síncopa: dotrina por doctrina.
Ultracorrección: Silado por Silao.
Vocalización: seisión por sesión.
FORMAS POÈTICAS
Soneto: Composición lírica de versos endecasílabos (once sílabas) que consta de dos estrofas de cuatro versos (cuartetos) y dos de tres. Ejemplo:
En que da moral censura a una rosa,
y en ella a sus semejantes
Rosa divina que en gentil cultura
eres con tu fragante sutileza
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura;
amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura;
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida;
soberbia, el riesgo de morir desdeñas;
y luego, desmayada y encogida,
de tu caduco ser das mustias señas!
¡Con que, en docta muerta y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
Sor Juana Inés de la Cruz
Redondilla: Estrofa aconsonantada de cuatro versos octosílabos (cuartetas) como en las coplas: Ejemplo:
“Dos dudas en que escoger
tengo; y no sé a cual prefiera
pues vos sentís que no quiera
y yo sintiera querer”
Sor Juana Inés de la Cruz
Villancico: Composición breve y popular, que consta de uno, dos, tres o cuatro versos como estrofa inicial, que se glosa (explica) en estrofas sucesivas.
Lira: Estrofa de cuatro, cinco o seis versos heptasílabas y endecasílabos. La clásica consta de cinco versos.
Quintilla: Composición métrica de cinco versos, rimados a gusto del poeta.
Epigrama: Composición poética breve en que con precisión y agudeza se expresa un solo pensamiento principal, festivo o satírico.
Exotismo: Extranjero, peregrino, extraño, chocante, extravagante.
Escolática: Sistema teológico filosófico surgido en las escuelas de la Edad Media (Aristotélico).
Epítome: Resumen o compendio de una obra extensa.
Epitalamio: Composición lírica en celebración de una boda.
Epodo: Último verso de la estancia, repetido muchas veces.
Hipogrifo: Animal fabuloso mitad caballo y mitad grifo con alas.
Antípoda: Dícese de cualquier individuo o punto geográfico que ocupe en el globo terráqueo un lugar diametralmente opuesto a otro dado.
“Desde décadas se ha anunciado la muerte del cuento, ya sea por la llegada del cine o la televisión, pero son muchos los que continúan escribiendo (…) tal vez el número de lectores está disminuyendo, pero eso no significa que va a desaparecer (…) los cuentos han sufrido modificaciones, aunque es cierto que muchos siguen los parámetros de Edgar Allan Poe. Hubo cambios con James Joyce, por ejemplo, y el cuento seguirá modificándose, porque no es algo estático, y los jóvenes cuentistas hacen nuevas contribuciones” (La Jornada. Erica Montaño Garfias. Sección Cultural, 2-12-2007)
Rubem Fonseca (escritor brasileño)
“Siento que un cuento rescata un fragmento de vida a diferencia de la novela que quiere recuperar una vida completa. Por eso se asocia tanto un cuento con una fotografía” (La Jornada. Erica Montaño Garfias. Sección Cultural, 2-12-2007)
Ednodio Quintero (escritor venezolano)
“Los cuentos son elementos para despertar la imaginación, lo que exige el cuento no solamente es estar atento al lenguaje, sino entrar en la excitación de la imaginación. Es un cambio constante. Es cuestión de reinventar el género con cada escritura y eso es lo que lo mantiene vivo. El cuento tiene esa vitalidad máxima que nos hace vibrar con pocas palabras y formar parte de una complicidad (…) uno de los secretos del género, es que busca la condensación y la intensidad: el cuento que se extiende pierde muchas de sus características” (La Jornada. Erica Montaño Garfias. Sección Cultural, 2-12-2007)
Luisa Velenzuela (escritora argentina)
TEXTOS LITERARIOS VARIOS DE RAYMUNDO COLIN AXOLOTL
OBSESIÓN
Mira fijamente que los puntos azules de los reguladores de la estufa estén bien alineados. Aunque lo están, para cerciorarse de que no se trata de una alucinación, presiona el botón de la chispa eléctrica que enciende los quemadores: la chispa salta sin encontrar gas con que prenderse. Se retira unos pasos para verificar nuevamente que los puntos azules estén bien formados. Vuelve a pisar con su dedo el botón de la chispa eléctrica…a observar que los puntos azules de los reguladores estén bien colocados… a oprimir el botón de la chispa eléctrica… a otear que los puntos azules estén bien ordenados… a sumir el botón que prende la flama… Deja la cocina, pero cuando está a punto de cruzar la sala… duda de que los puntos azules de los reguladores de la estufa estén bien centrados…
ESTOCADA TRAPERA
Entraste de la noche y había lágrimas en tus mejillas. Aventaste tu bolso dejándote caer abatida en el piso. La luna se asomó en el espejo, pero estando como estabas, la ignoraste. Esta vez la estocada había sido artera: la sangre de tu alma se vaciaba entre tus piernas.
FRENTE AL OJO DEL TELEVISOR
Entra sudorosa, cansada, malhumorada. Le da un beso frío en la mejilla. Él le rodea con sus brazos la cintura, y haciéndola hacia su cuerpo, la besa, la palpa para excitarla. Ella se deja, se laxa, se anima: la dura faena no la ha hecho olvidar su feminidad. Se entrega. Nada más romántico que hacer el sexo frente al ojo del televisor.
ENTRE EL OMBLIGO Y LA CINTURA
Eres verdad en un cuerpo que pretende eternizar la juventud, pero que no logra esconder los relieves que se asoman incrédulos, bajo la holgada blusa, entre el ombligo y la cintura: dona de chocolate.
SIN EMBARGO, LO ESPERABA
Lo oye cruzar la noche sonando su cascabel infame. En unos minutos más su nauseabundo aliento se impregnará en su cuerpo. ¿Qué se espera de un hombre acostumbrado a la violencia? ¿Vendrá de matar? Las heridas del día anterior aún le arden. ¿Será masoquista?
Sus pasos cada vez están más cerca. Los niños duermen. ¿Cuántas veces ha querido huir de ese infierno? Derrama la sopa sobre la mesa. ¿Dónde está la maldita jerga? Asga un trapo cualquiera para limpiar y no se percate de su torpeza. Sus gritos despertarán a los vecinos y sus hijos se ampararán bajo las sábanas, impotentes de no poder defenderse de la barbarie.
La puerta se abre. Su corazón se acelera. La noche es un pozo con pirañas que devoran el silencio. El aire se vuelve denso y la sangre se agolpa en su cerebro. La flama en la estufa danza dentro de sus ojos. Su cabello yace entre sus manos. Aprieta el dolor con dientes para no gritarlo. La sangre resbala en sus labios. Una pausa, y luego la bestia la llama al sexo: la profana, es un perro fornicando su dignidad. Rasguña su entraña con su muerte. Se siento sucia, mierda… sin embargo lo esperaba.
RECADO PÓSTUMO
Me tengo que marchar de ti, para no envejecer de amor.
-¡Es la báscula!
Gritó el Kilo, cuando su peso no alcanzó los mil.
El niño es una esponja que absorbe toda el agua de la vida: la clara y la sucia.
EL REPIQUETEO DEL AMOR
Era un cuartucho de tres por tres, con una ventana que daba a las estrellas, y donde, a veces, la luna se reflejaba en sus cristales, como una lancha navegando de norte a sur. Había una puerta que rechinaba cada vez que se abría, una parrilla eléctrica, un estante de acero con unos cuantos libros y un colchón en el piso.
Eva salía a trabajar temprano y volvía pasada la media noche. Su regreso estaba presidido del repiqueteo de sus tacones en el asfalto y de ladridos que despertaban el vecindario. Adán la escuchaba llegar pegando su oído al piso, para apreciar mejor la vibración de sus zapatos. Al abrir ella la puerta, aparecía envuelta en un aura de luz que lo maravillaba.
--¡Hola, soñador! Le decía, mientras arrumbaba su morral en el suelo, y desvistiéndose, se metía bajo las sábanas para que él la poseyera.
EL ARDID DE ZEUS
El barco proveniente de Grecia encalló en el puerto de Veracruz, con su cargamento de rareza y piezas mitológicas, que serían exhibidas en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Los museólogos que esperaban ansiosos su arribo y los tesoros, abordaron la nave para revisarlos antes que los descargaran, para verificar que se encontraran en buenas condiciones, que el largo viaje no los hubieran estropeado.
En cuanto Hera, curadora a cargo del proyecto, desempacó la primera reliquia, se maravilló a tal grado, que en vez de ordenar a sus colaboradores hacer lo mismo, abrió cada una de las numerosas cajas, hasta llegar a una que permanecía en lo más apartado de la bodega. Se apresuró a destaparla, y para su sorpresa encontró dentro de ella una fragante y verde lechuga, de la cual se enamoró al instante.
Sujetó la lechuga, y sin importarle la presencia de sus colaboradores, excitada, la pasó por sus senos, sus nalgas y su vulva en un sin igual frenesí erótico, que dejó pasmados a todos.
Después de varios orgasmos e incontrolables gritos de placer, sus ayudantes, al percatarse de sus poderes afrodisíacos, y para que Hera no pereciera de concupiscencia, le arrebataron la lechuga. Hecho esto, Hera cayó rendida al suelo, y aún así seguía quejándose dulcemente. El efecto del estimulante le tardó varias horas, durante las cuales sus auxiliares desembarcaron la preciada carga.
Cuando Hera preguntó por la lechuga, ésta misteriosamente había desaparecido de su caja. Quedó muy triste y ordenó que la encontraran como diera lugar.
Pasado el tiempo, Hera despertó una noche con unas ganas incontenibles de vomitar. Cuando lo hizo, sobre donde había expelido se encontraba un hermoso efebo de ojos negros y bucles rojizos. Lo tomó amorosamente con sus manos; el sol ya retozaba en la ventana, y un colibrí revoloteaba. Hera comprendió entonces: era Zeus que había llegado para conocer a su retoño.
ERISICTON EN NEZA
Erisicton, hijo de Tropías, después de vagar miles de años por el mundo, buscando el alimento que lo saciara, al pasar por Neza, se admiró de la muchedumbre que rodeaba el fuego sobre el cual yacía una enorme plancha, en la que se freían todo tipo de asados. ¿Acaso había hallado por fin lo que con tanto empeño buscara? Entonces dándose forma de hombre, se acercó a aquel fogón, atendido por una mujer y un hombre que surtían a diestra y siniestra tacos a sus comensales.
-¿De qué los va a querer Don? Preguntó el hombre a Erisicton. Este adoptando su lengua, exclamó:
-¡Nereo, dame todo lo que tienes en la bandeja!
Todos los tragantones se le quedaron viendo extrañados. El taquero, acostumbrado a los estómagos más extravagantes y portentosos, preguntó a Erisicton si no lo estaba bromeando. Este lo negó con la cabeza. Una vez que el guisandero le surtió lo ordenado, todos los zampones, asombrados, vieron como el hijo de Tropías devoraba los tacos; y si bien no logró aplacar el hambre que desde hace una eternidad traía, por lo menos conoció al día siguiente, lo que era el dolor de úlcera y la inflamación intestinal.
-Curiosa gaviota que va ahí –dijo una muchacha a su acompañante-, parece que trae una matraca en la cola…
Era Erisicton que se alejaba de Neza, para continuar con el castigo que Démeter le había infringido por haber invadido su viñedo sagrado e intentar matarla con su hacha.
EL TALÓN DE CRONOS
Cronos bajó al mundo muy de mañana. Anduvo pajareando un rato, observando la silueta de “El Pico del Águila” en la Sierra del Ajusco, las fumarolas anaranjadas del Popocatépetl, y un sinfín de cosas con sus aguzados cuatro ojos.
Asombrado de lo que el presente le mostraba, se distrajo y de entre el lánguido atardecer, la voz de una mortal exclamó: “¡Señor, me da su hora por favor!”. Cronos le contestó al bote pronto: “Si te la doy, ¿con qué me quedó yo?”. La mortal suplicó, y al fin Dios, Cronos, fiel a sus súbditos, le dio lo que pedía. Inmediatamente que lo hizo, sintió una pesadez helada en todo el cuerpo. Pronto quedó petrificado y, como si hubiese transcurrido una eternidad, su figura, como las pastas de un libro antiguo, se deshizo entre los dedos de Eolo. Fue así como empezó la era de los inmortales, que sin un principio ni un final que los atara, fundaron la raza de los cronopios, que de vez en cuando bajan a la Tierra a poblar las leyendas y las fábulas de los hombres y los héroes, o se dejan ver como seres portentosos a los que se le nombra semidioses.
RUENIÓN DE AMIGOS
Grillo sorbía tragos de cerveza apoyando las nalgas en el refrigerador. De la reproductora, fluía la voz aguardentosa de José Alfredo Jiménez. Pillo ordenó otra ronda de Lagher. Grillo se apresuró a darla.
-¡Para eso me he fregado tanto años! ¡Para eso me dejé cagar por los patrones y le sobé sabroso al torno! Ahora tengo mi casota y una pensión que me da de tragar sin preocupaciones. Pero tú, pinche músico para qué pendejos sirves. Tú eres nada. Y eso que mientas de tumbar el gobierno, nunca ha sucedido ni sucederá.
Sentenció Don Antonio, que con seis caguamas en la sangre, provocaba al Guitarrero, con el cual ya traía una riña casada. Ya que éste no perdía la oportunidad para reprocharle lo agachados y cobardes que eran los obreros, que con tal de tener un salario seguro se olvidan de su compromiso histórico y de clase para enfrentar las atrocidades del régimen.
-A la mayoría los tienen charreados…, y su futuro será semejante al del burro aquel de la granja de Orwel, que inocentemente creía que siendo un súper-obrero, el Estado recompensaría su sacrificio otorgándole el paraíso. Pero el puerco Stalín, en vez de ello, ya enfermo el burro, lo vendió al capital para que su cuero produjera plusvalía hasta en su muerte.
La comparación que hacía el guitarrero de su persona con el destino de aquel burro, causaba mella en Don Antonio, no tanto porque lo considerara una agresión, sino porque expresaba la realidad de su existencia. Y es que Don Antonio tenía presente los años de vileza y abuso que tuvo que soportar en la fábrica. Pero sobre todo tragarse la insatisfacción que le corroía el alma, por no haber cumplido sus sueños, uno de ellos el de no haber tenido los suficientes tamaños para imponerse a la realidad, y abrazar lo que tanto le fascinaba: ser mago.
Aún guardaba en el baúl de sus recuerdos, la vieja chistera del prestidigitador Marconi, quien se la obsequió un día antes que éste se atragantara de pulque y muriera por una indigestión. Don Antonio, de vez en cuando sacaba la chistera, y para evitar que su mujer y sus hijos lo vieran, se encerraba en el baño largas horas, pretextando indisposición estomacal, para ejecutar las suertes que Marconi le enseñara: “Fíjate bien Antonio, y tal vez algún día llegues a ser un mago tan bueno como yo”. El truco de la liebre, era el que más le agradaba, pero como desde hacía tiempo que el conejo se había esfumado, Don Antonio, sólo imaginaba que este se movía nervioso, colgado de la orejas en su mano.
-¡Mire, pinche viejito, el mierda es usted, y deje ya de joderme porque me cae que le parto el hocico! Exclamó el Guitarrero. Don Antonio, tambaleante, se incorporó de su silla y lo retó a liarse a golpes. Grillo, quien nunca permitía desaguisados en su tienda, los conminó a tranquilizarse, o a largarse a beber a otro sitio. El vejete, conociendo a Grillo, sin dejar de vituperar al Guitarrero, regresó a su asiento.
De pronto se escuchó la voz de Pillo:
-¡Apaga la “gabacha” para que aquí el compita cante una de las suyas! Grillo obedeció.
-¡Anda, paisano, échate una de ésas que tú sabes! Animó Pillo al Guitarrero, quien ni tardo ni perezoso comenzó a rasgar una guarachita:
“La reuma me está matando,
y treinta años de trabajar,
que ya no puedo correr
para abordar el camión.
Y cuando llego tarde
para marcar el tarjetón,
me mandan pa la oficina
y esto me dice el patrón.
“¡Vale más una máquina
que un ser humano!”,
me dice el patrón,
¡Tú te acabas y la máquina
sigue andando!”,
me dice el patrón,
“Y acabado tú estás,
ya no me sirves pa’ na”…
Al concluir la canción, Don Antonio, con gruesas lágrimas desbarrancándose de sus ojos, dirigiéndose al Guitarrero, se sinceró:
-¿Sabes qué, compa? Lo que sea de cada quien, eso que acabas de cantar, es cierto. ¿Sabes por qué a mí me corrieron de la chamba? Pos por eso, por puro pinche viejo. Y de una vez, ya sincerado como estoy ahorita, te diré que no estoy satisfecho con mi vida y con lo que hicieron conmigo, de que me haigan usado como si no fuera ser humano. Que me haigan humillado tanto…
El Guitarrero, conmovido por las palabras de Don Antonio, le concedió una sonrisa, y para desentristecerlo, comenzó a tañer el bolero que tanto le gustaba: “Cuando calienta el sol, aquí en la playa…”. Don Antonio y el Pillo lo secundaron, mientras Grillo servía otra ronda de cerveza.
RATA
Las ratas, además de astutas son desmemoriadas. Basta tener paciencia para que caigan en la ratonera. Aquella rata azul de ojos chispeantes se deslizaba todas las noches sobre el muro, tirándose al piso detrás del sillón. Ahí puso la ratonera, y esta, la noche posterior, cambió de lugar para saltar. El dilema le sorprendió, tardó todo el día cavilando en como asesinarla: si movía la trampa, seguramente el roedor haría lo mismo que la noche anterior, entonces de tanto pensarlo decidió dejarla en donde estaba, y pacientemente esperó se olvidara de ella, y su instinto le hiciera volver al lugar donde iniciara sus saltos. Dicho y hecho, la rata apareció muerta a los pocos días. Así fue como se percató de su destreza para aniquilarlas, destreza que ha perfeccionado durante años.
La primera rata que se despachó, fue a los diez años de edad. Sus mordiscos en la mesa le espantaban el sueño, temerosa de que ésta, luego de tragarse lo que roía, brincara a su cama y lo mordiera, como una de sus parientes lo hiciera con el dedo de su primo Marcos, al que tuvieron que vacunar para que no le diera rabia.
Estuvo espiándola varias semanas para aprender sus movimientos y descubrir su madriguera. No supo como ella se percató que la husmeaba, y en varias ocasiones cambió su rutina, no de morada. Su táctica para deshacerse del roedor fue sencilla: con sigilo se acercó a su guarida, y al momento en que entraba a ella, con un rápido movimiento de mano, la sujetó por la cola y la azotó una y otra vez en el piso hasta que le machacó el cráneo. Ufano por su hazaña entró con ella a la cocina, pensando que su madre lo felicitaría, pero ella, aterrorizada le gritó que se largara con su animalejo.
Antes de arrojarla a la basura, le miró el rostro detenidamente, sus facciones le recordaron las de alguien a quien había visto innumerables veces. Se mofó de ella y luego la lanzó a los desperdicios.
Su record de matarratas era extraordinario, nadie en su familia ni en la colonia le superaba. Hubo quienes empezaron a decir que él pensaba como rata, o que posiblemente durante su vida anterior había sido una. Los comentarios le intrigaron, y comenzó a especular en que a lo mejor tenían verdad. Tuvo una pesadilla, en la que se veía convertido en rata, mientras una turba de matarratas lo perseguía para molerlo a palos. Brincaba de un lado a otro para esquivar los golpes. Se sorprendió de la elasticidad de sus movimientos, de su capacidad para moldear su cuerpo para deslizarse debajo de una rendija estrecha: aplanaba o alargaba su pelambre según se lo pidiera la ocasión. Sus perseguidores no cesaban en su empeño, y cuando ya estaban a punto de apalearlo, con un movimiento inesperado desapareció en el aire: el espacio donde lo había hecho era estrecho. Sus cazadores, seguros de que no había podido escapar por ninguna parte, buscaron y buscaron. Él en un estado de letargo absoluto, veía sus manos pasar muy cerca de sí. Sus acechadores hurgaron el lugar hasta el cansancio, y fastidiados se marcharon. Estuvo varias horas ahí, hasta que confiado en que sus enemigos ya habían claudicado en sus intenciones de matarlo, dejó sus escondite. Husmeó la zona, y como no percibió peligro alguno, se encaminó hacia su guarida; uno metros antes de llegar a ella, advirtió un movimiento. Instintivamente corrió para alcanzar su madriguera, y ¡zaz! Un golpe venido de arriba, asestó su cabeza, y luego otro y otro y otro, hasta que cayó en una oscuridad horrenda en la cual se perdió.
Cuando salió de su recámara, su familia lo observaba aterrorizada, y se hacía a un lado o brincaban sobre una silla. Uno de sus hermanos tomó una escoba y comenzó a corretearlo tratando de pegarle. Para salvarse, de varias zancadas alcanzó llegar a un montículo de piedras, en donde se guareció. Su hermano ya no pudo hacerle daño. Pasado el susto, un sopor insoportable se apoderó de él. Al despertar, un hambre inaudita lo obligó a salir de su refugio. Se coló con sigilo hacia la cocina, hallando en la mesa un pedazo de pan que devoró con ansias. Al poco, un dolor inaguantable se le incrustó en el estómago y un vértigo se apoderó de él; como pudo llegó a su chiribitil, donde una gruesa de ratas lo esperaba. Apenas entró, saltaron sobre él mordiéndole sin misericordia. Al principio las dentadas fueron dolorosas, pero luego su cuerpo se anestesió, sólo había una somnolencia irresistible que lo perdió en la nada.
MI HOMENAJE
Me enteré que la moda cultural del gobierno eran los homenajes. Uno tras otro, hasta llenar todas las carteleras de las secciones y suplementos culturales. Estaban todos, o casi todos las y los considerados “personajes” y “personalidades” del arte, las letras, la ciencia, la música, etcétera. Gente mucho muy conocida, medio conocida y no tan conocida; personajes de los cuales yo nunca había tenido conocimiento, pero ahí estaban en ese mamotreto de homenajes, que a pie o en silla de ruedas, con la manguerita de oxígeno o diálisis, acudían a recibir su homenaje. Algunos ya muertos, sólo se contentaban en saber que sus fotos estaban por todas partes, o que sus nombres eran repetidos una y otra vez en los medios de información. De que sus deudos, chacales consumados y sin una pizca de sensibilidad intelectual y artística, cogían el cheque de manos del Presidente de la República, dejando en claro que ellos preservarían el legado de su antecesor, pidiendo al gobierno y a las altas autoridades de cultura, ayuda para que su labor altruista fuera menos pesada.
Estos homenajes llamaron mi atención, por el simple hecho de que nunca en la historia del país se habían hecho tantos en tan poco tiempo. Por pura curiosidad busqué entre las listas de homenajes, si acaso se me contemplaba. Hurgué, minuciosamente, sin encontrarme. Entonces me asaltó un ataque de envidia, de enojo, de, ¡pinches ojetes!, ¿y a mí por qué no me hacen un homenaje? Y volví a revisar la cartelera para constatar mi exclusión, y, embarazado de rencor, aventé el periódico. Sin más, me dirigí a la Dirección de Homenajes. Indignado, pedí a la secretaria hablar con el encargado de los homenajes. La secretaria me preguntó para qué asunto. Con la ira contenida, le grité que si no se había dado cuenta de quién era. La secretaria meneó la cabeza. “¡Soy Esteban Lagarde, el compositor de miles de canciones inéditas, las que algún día daré a conocer!, ¡anúncieme con su jefe!”
La secretaria, tecleó en el conmutador: “¡Señor, aquí se encuentra el señor Esteban Lagarde. Pide entrevistarse con usted! ¡Sí señor, está bien!”. La secretaria volvió el auricular a su base, y dirigiéndose a mí, me informó: “¡El señor director está un poco ocupado, planificando los próximos homenajes, pero me dijo que si gusta esperar, con mucho gusto lo atenderá!”.
Un vez que me dio el mensaje de su superior, la secretaria me ofreció esperar en la salita a media luz a unos metros de su escritorio. Tomé su ofrecimiento. Al poco rato, una de las ayudantes preguntó si quería beber algo. “¡Té, por favor!”. Transcurrieron horas. Ya iba a reclamar a la secretaria la tardanza, cuando la puerta de la oficina del director se abrió: “¡Señor Lagarde, disculpe la espera, pero con todos estos homenajes, tiempo es lo que quiero!, ¡pero pase, pase, para que me platique su asunto!”.
El director de homenajes me invitó a sentarme en su sala personal, de mínimo 50 mil pesos, hecha de cuero curtido blanco. El se acomodó enfrente. Antes de iniciar la conversación, la secretaria entró a preguntar si se nos ofrecía algo. “¿Quiere usted algo señor, Lagarde?”, “¡agua, por favor!”. El director, con voz engolada y campechana ordenó a la secretaría: “¡A mí, por favor, sírveme un wiski en las rocas!”.
El director poniéndose en posición interesada, exclamó: “Soy todo oídos, señor Lagarde”. Conforme le explicaba yo el por qué de mi visita, el director perdía compostura hasta que su rostro adquirió un tono sombrío: “Mire señor Lagarde, yo no dudo que sea un artista importante, pero… es la primera vez que oigo de usted, y… pues… como usted comprenderá, los homenajeados, todos son personajes y personalidades con trayectoria, tanto en su comunidad, como a nivel nacional e internacional… que tienen una basta obra conocida y difundida…
Interrumpí el soliloquió del director, para interpelarle, de que no por el hecho de que mi obra fuera inédita, no tenía la perseverancia y la trascendencia para pedir lo que le estaba pidiendo.
“Bien señor Lagarde, pero entiéndame usted a mí; hay ciertos requisitos que todos los homenajeados deben cumplir… pues aquí en mi oficina nada es improvisado, ni caprichoso… todo tiene una mecánica bien concebida y estructurada..”.
Pero no me amedrenté ante sus argumentos, e insistí en mi derecho de ser homenajeado. El director, impaciente, en cuanto entró su secretaria con el agua y el güisqui, dió trajera el formato donde se especificaban los requisitos para ser homenajeado.
“¡Tome su aguita, señor Lagarde!”, dijo el director mientras sorbía de la copa y se trasladaba a su escritorio. Buscó en los cajones algo que no halló. Volviendo donde me hallaba, exclamó: “¡Quería mostrarle algo… pero en fin… una vez que lea el formato… cumpla los requisitos, y con mucho gusto le hacemos su homenaje, que para eso estamos!”.
La secretaria entró con los documentos y me los entregó. El funcionario, solícito, se disculpó y me echó de su oficina. “¡Acompáñeme!”, me exigió la secretaría. Dejé la oficina y dando las gracias a la mujer por sus atenciones me retiré. Ya en casa, revisé los documentos que me habían sido entregados:
El Gobierno de la república, está realizando homenajes a los personajes más trascendentes del arte y la cultura, con el propósito de reconocerlos y para que se conozca su obra y trayectoria. Esto basado en los siguientes requisitos:
1. Estar muerto y haber dejado una basta obra conocida y difundida.
2. Tener más de noventa años de trayectoria constante y producción y labor ininterrumpida.
3. Los artistas populares a homenajear, tendrán que dar fe de que su trabajo es netamente artesanal o de preservación; que les fue heredado, comprobándolo por auténticos antepasados prehispánicos o prehistóricos.
¡Cataplum! Mejor hubiese bebido güisqui en vez de agua.
UN HOMBRE BORRACHO
Del agravio al reclamo, del reproche a la violencia, de la hosquedad a la sumisión…
-¡Súbete, o deja pasar!
-¡Estás pendejo! ¡Cabrón! ¡Nada más llegues a las Bombas y te voy a partir la madre! ¡Te voy a traer a mi amigo para que te rompa el hocico: el está muy grandote! ¡Ay sí, bájate! Estás menso, si ya pagué mi pasaje!
Cosa de la crisis, de la frustración que revienta en palabrotas, de los años de silencio que el alcohol escupe por medio de la lengua de un hombre cualquiera; que bajo la pesada loza del sistema, alza la voz de todos, a través de su locución. Qué importante es que un hombre se atreva a decir lo que siente.
-Si se pone loco lo bajas en la esquina.
-¡Uy, sí, lo bajas en la esquina! ¿Cómo no? ¡Ahorita te pego un balazo, te mato cabrón!
-¡Te callas o te bajo!
-¡Si jefe, no se enoje! ¡Yo ya pagué mi pasaje! ¡Perdóneme jefe; jefe perdóneme! ¿Quiere un pegue? Si no, yo me lo tomo por usted; mire nomás que rico está el tequila, glu, glu, glu: ¡qué rico! ¡Jefe perdóneme! ¿Qué día es hoy? ¿Viernes? ¡Uy mañana hay que trabajar; yo siempre me levanto a las cinco! ¡Perdónenme! ¿Les canto una canción? Una de Pedro Infante. ¡Jefe! ¿Ya pasamos las Bombas?
-Si ya las pasamos. Tiene que bajarse aquí y volver unas calles.
-¡Me bajo aquí! ¡Me bajo aquí y bien… sin problemas!
Ese hombre es todos nosotros.
LA NIÑA Y SU HIPOTENUSA
La sonrisa murciélago de Armando Duvalier*, apareció de pronto en mi habitación. Cargando en sus hombros a la niña y su hipotenusa (niña harina, niña de vainilla, niña de clorofila, niña brisa, niña de anilina; niña de trementina). Plantándose bajo la bombilla, comenzó a meroliquear:
-¡Damas y caballeros! Les presento al joven dinosaurio el 26 de agosto. ¡Saluda! Así… ahora brinca… enséñales la pata de pescado. Ponte el frack de merolico y la cresta de roja cacatúa. Camina en zancos. Cloc… cloc…cloc… ¡Eres tan ave, tan eléctrico, tan lancha! Un… dos… un… dos… Mira, aquí hay un niño floreciendo, famélico, quemado. No lo despiertes que se le hizo tarde.
Después de su soliloquio, me sorprendió con su canto de marimba, con sus kakekotobas, sus makurakotobas, sus tankas y con sus hai kais, y dejando a la niña y su hipotenusa sobre el sofá, lloró amargamente.
-Sí, se lo voy a contar porque estoy un poco triste:
Hermosa era mi novia
quemando su petróleo de taberna;
yo adoraba sus ostiones sin ombligo,
sus gatos y sus muelas,
sus fósforos de vidrio
y me alegra que se sepa: hasta sus piojos.
Sí, mi novia fue una bicicleta náutica
(sollozó desanimado):
¿Ve ésta carta con nenúfares callados
a la orilla anocheciendo de mis válvulas?
Todavía tienen agua las esponjas
y se abren las compuertas,
pero no me pregunte cuando fui zapato
porque no voy a sollozar por cualquier motocicleta.
Dicho esto, se alegró y comenzó a cantar:
“¡Naranja dulce, limón partido dame un abrazo que yo te pido!”…
La niña y su hipotenusa, se incorporó del sofá y sujetando mi mano me convido bailar. En la ventana, fisgoneaba la Luna, deseosa de entrar para disfrutar también de la fiesta. Como estábamos demasiado contentos, ante nuestra desatención, la Luna, enojada, se elevó como un globo por el aire y dándonos la espalda dejó de alumbrar. Eso a nosotros nos importó un comino, y seguimos divirtiéndonos hasta que nos cansamos de tanto brincar. De repente la voz de una maribámba, marimbámbala, marimbambá resonó en mis oídos. Y él volvió a despepitar:
Hermano grillo, dame tu rueda enamorada
para dársela a los niños.
Hermano erizo, dame tu cajita
de música ambidextra
para dársela a los niños.
Hermano mirlo, dame tu estufa cornamenta
para dársela a los niños.
Hermano cocodrilo, dame tu sonaja cebollera
para dársela a los niños.
Hermano chivo, dame tu pistola con aire motorista
para dársela a los niños.
Entonces dejó de cantar. La niña y su hipotenusa, liberó mi mano y dando un salto se acomodó de nuevo en los hombros de aquel poeta. Y antes de sumergirse en la noche, recitó su despedida:
Ya no escuchéis mis cantinelas tristes
ni los cuentos que he aprendido en las tabernas;
poned jacintos a las válvulas del vértice
y carbón al mastuerzo de la flauta;
¡volad a la patria de la nube,
del pájaro y la nieve,
la estrella y la esperanza!
Al amanecer miré a un colibrí tejiendo con hilos de aire su nidito. Entonces me trepé a mi caracol y me fui a perseguir lampos de sol en el jardín.
*Poeta chiapaneco contemporáneo de Rosario Castellanos.
Mira fijamente que los puntos azules de los reguladores de la estufa estén bien alineados. Aunque lo están, para cerciorarse de que no se trata de una alucinación, presiona el botón de la chispa eléctrica que enciende los quemadores: la chispa salta sin encontrar gas con que prenderse. Se retira unos pasos para verificar nuevamente que los puntos azules estén bien formados. Vuelve a pisar con su dedo el botón de la chispa eléctrica…a observar que los puntos azules de los reguladores estén bien colocados… a oprimir el botón de la chispa eléctrica… a otear que los puntos azules estén bien ordenados… a sumir el botón que prende la flama… Deja la cocina, pero cuando está a punto de cruzar la sala… duda de que los puntos azules de los reguladores de la estufa estén bien centrados…
ESTOCADA TRAPERA
Entraste de la noche y había lágrimas en tus mejillas. Aventaste tu bolso dejándote caer abatida en el piso. La luna se asomó en el espejo, pero estando como estabas, la ignoraste. Esta vez la estocada había sido artera: la sangre de tu alma se vaciaba entre tus piernas.
FRENTE AL OJO DEL TELEVISOR
Entra sudorosa, cansada, malhumorada. Le da un beso frío en la mejilla. Él le rodea con sus brazos la cintura, y haciéndola hacia su cuerpo, la besa, la palpa para excitarla. Ella se deja, se laxa, se anima: la dura faena no la ha hecho olvidar su feminidad. Se entrega. Nada más romántico que hacer el sexo frente al ojo del televisor.
ENTRE EL OMBLIGO Y LA CINTURA
Eres verdad en un cuerpo que pretende eternizar la juventud, pero que no logra esconder los relieves que se asoman incrédulos, bajo la holgada blusa, entre el ombligo y la cintura: dona de chocolate.
SIN EMBARGO, LO ESPERABA
Lo oye cruzar la noche sonando su cascabel infame. En unos minutos más su nauseabundo aliento se impregnará en su cuerpo. ¿Qué se espera de un hombre acostumbrado a la violencia? ¿Vendrá de matar? Las heridas del día anterior aún le arden. ¿Será masoquista?
Sus pasos cada vez están más cerca. Los niños duermen. ¿Cuántas veces ha querido huir de ese infierno? Derrama la sopa sobre la mesa. ¿Dónde está la maldita jerga? Asga un trapo cualquiera para limpiar y no se percate de su torpeza. Sus gritos despertarán a los vecinos y sus hijos se ampararán bajo las sábanas, impotentes de no poder defenderse de la barbarie.
La puerta se abre. Su corazón se acelera. La noche es un pozo con pirañas que devoran el silencio. El aire se vuelve denso y la sangre se agolpa en su cerebro. La flama en la estufa danza dentro de sus ojos. Su cabello yace entre sus manos. Aprieta el dolor con dientes para no gritarlo. La sangre resbala en sus labios. Una pausa, y luego la bestia la llama al sexo: la profana, es un perro fornicando su dignidad. Rasguña su entraña con su muerte. Se siento sucia, mierda… sin embargo lo esperaba.
RECADO PÓSTUMO
Me tengo que marchar de ti, para no envejecer de amor.
-¡Es la báscula!
Gritó el Kilo, cuando su peso no alcanzó los mil.
El niño es una esponja que absorbe toda el agua de la vida: la clara y la sucia.
EL REPIQUETEO DEL AMOR
Era un cuartucho de tres por tres, con una ventana que daba a las estrellas, y donde, a veces, la luna se reflejaba en sus cristales, como una lancha navegando de norte a sur. Había una puerta que rechinaba cada vez que se abría, una parrilla eléctrica, un estante de acero con unos cuantos libros y un colchón en el piso.
Eva salía a trabajar temprano y volvía pasada la media noche. Su regreso estaba presidido del repiqueteo de sus tacones en el asfalto y de ladridos que despertaban el vecindario. Adán la escuchaba llegar pegando su oído al piso, para apreciar mejor la vibración de sus zapatos. Al abrir ella la puerta, aparecía envuelta en un aura de luz que lo maravillaba.
--¡Hola, soñador! Le decía, mientras arrumbaba su morral en el suelo, y desvistiéndose, se metía bajo las sábanas para que él la poseyera.
EL ARDID DE ZEUS
El barco proveniente de Grecia encalló en el puerto de Veracruz, con su cargamento de rareza y piezas mitológicas, que serían exhibidas en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Los museólogos que esperaban ansiosos su arribo y los tesoros, abordaron la nave para revisarlos antes que los descargaran, para verificar que se encontraran en buenas condiciones, que el largo viaje no los hubieran estropeado.
En cuanto Hera, curadora a cargo del proyecto, desempacó la primera reliquia, se maravilló a tal grado, que en vez de ordenar a sus colaboradores hacer lo mismo, abrió cada una de las numerosas cajas, hasta llegar a una que permanecía en lo más apartado de la bodega. Se apresuró a destaparla, y para su sorpresa encontró dentro de ella una fragante y verde lechuga, de la cual se enamoró al instante.
Sujetó la lechuga, y sin importarle la presencia de sus colaboradores, excitada, la pasó por sus senos, sus nalgas y su vulva en un sin igual frenesí erótico, que dejó pasmados a todos.
Después de varios orgasmos e incontrolables gritos de placer, sus ayudantes, al percatarse de sus poderes afrodisíacos, y para que Hera no pereciera de concupiscencia, le arrebataron la lechuga. Hecho esto, Hera cayó rendida al suelo, y aún así seguía quejándose dulcemente. El efecto del estimulante le tardó varias horas, durante las cuales sus auxiliares desembarcaron la preciada carga.
Cuando Hera preguntó por la lechuga, ésta misteriosamente había desaparecido de su caja. Quedó muy triste y ordenó que la encontraran como diera lugar.
Pasado el tiempo, Hera despertó una noche con unas ganas incontenibles de vomitar. Cuando lo hizo, sobre donde había expelido se encontraba un hermoso efebo de ojos negros y bucles rojizos. Lo tomó amorosamente con sus manos; el sol ya retozaba en la ventana, y un colibrí revoloteaba. Hera comprendió entonces: era Zeus que había llegado para conocer a su retoño.
ERISICTON EN NEZA
Erisicton, hijo de Tropías, después de vagar miles de años por el mundo, buscando el alimento que lo saciara, al pasar por Neza, se admiró de la muchedumbre que rodeaba el fuego sobre el cual yacía una enorme plancha, en la que se freían todo tipo de asados. ¿Acaso había hallado por fin lo que con tanto empeño buscara? Entonces dándose forma de hombre, se acercó a aquel fogón, atendido por una mujer y un hombre que surtían a diestra y siniestra tacos a sus comensales.
-¿De qué los va a querer Don? Preguntó el hombre a Erisicton. Este adoptando su lengua, exclamó:
-¡Nereo, dame todo lo que tienes en la bandeja!
Todos los tragantones se le quedaron viendo extrañados. El taquero, acostumbrado a los estómagos más extravagantes y portentosos, preguntó a Erisicton si no lo estaba bromeando. Este lo negó con la cabeza. Una vez que el guisandero le surtió lo ordenado, todos los zampones, asombrados, vieron como el hijo de Tropías devoraba los tacos; y si bien no logró aplacar el hambre que desde hace una eternidad traía, por lo menos conoció al día siguiente, lo que era el dolor de úlcera y la inflamación intestinal.
-Curiosa gaviota que va ahí –dijo una muchacha a su acompañante-, parece que trae una matraca en la cola…
Era Erisicton que se alejaba de Neza, para continuar con el castigo que Démeter le había infringido por haber invadido su viñedo sagrado e intentar matarla con su hacha.
EL TALÓN DE CRONOS
Cronos bajó al mundo muy de mañana. Anduvo pajareando un rato, observando la silueta de “El Pico del Águila” en la Sierra del Ajusco, las fumarolas anaranjadas del Popocatépetl, y un sinfín de cosas con sus aguzados cuatro ojos.
Asombrado de lo que el presente le mostraba, se distrajo y de entre el lánguido atardecer, la voz de una mortal exclamó: “¡Señor, me da su hora por favor!”. Cronos le contestó al bote pronto: “Si te la doy, ¿con qué me quedó yo?”. La mortal suplicó, y al fin Dios, Cronos, fiel a sus súbditos, le dio lo que pedía. Inmediatamente que lo hizo, sintió una pesadez helada en todo el cuerpo. Pronto quedó petrificado y, como si hubiese transcurrido una eternidad, su figura, como las pastas de un libro antiguo, se deshizo entre los dedos de Eolo. Fue así como empezó la era de los inmortales, que sin un principio ni un final que los atara, fundaron la raza de los cronopios, que de vez en cuando bajan a la Tierra a poblar las leyendas y las fábulas de los hombres y los héroes, o se dejan ver como seres portentosos a los que se le nombra semidioses.
RUENIÓN DE AMIGOS
Grillo sorbía tragos de cerveza apoyando las nalgas en el refrigerador. De la reproductora, fluía la voz aguardentosa de José Alfredo Jiménez. Pillo ordenó otra ronda de Lagher. Grillo se apresuró a darla.
-¡Para eso me he fregado tanto años! ¡Para eso me dejé cagar por los patrones y le sobé sabroso al torno! Ahora tengo mi casota y una pensión que me da de tragar sin preocupaciones. Pero tú, pinche músico para qué pendejos sirves. Tú eres nada. Y eso que mientas de tumbar el gobierno, nunca ha sucedido ni sucederá.
Sentenció Don Antonio, que con seis caguamas en la sangre, provocaba al Guitarrero, con el cual ya traía una riña casada. Ya que éste no perdía la oportunidad para reprocharle lo agachados y cobardes que eran los obreros, que con tal de tener un salario seguro se olvidan de su compromiso histórico y de clase para enfrentar las atrocidades del régimen.
-A la mayoría los tienen charreados…, y su futuro será semejante al del burro aquel de la granja de Orwel, que inocentemente creía que siendo un súper-obrero, el Estado recompensaría su sacrificio otorgándole el paraíso. Pero el puerco Stalín, en vez de ello, ya enfermo el burro, lo vendió al capital para que su cuero produjera plusvalía hasta en su muerte.
La comparación que hacía el guitarrero de su persona con el destino de aquel burro, causaba mella en Don Antonio, no tanto porque lo considerara una agresión, sino porque expresaba la realidad de su existencia. Y es que Don Antonio tenía presente los años de vileza y abuso que tuvo que soportar en la fábrica. Pero sobre todo tragarse la insatisfacción que le corroía el alma, por no haber cumplido sus sueños, uno de ellos el de no haber tenido los suficientes tamaños para imponerse a la realidad, y abrazar lo que tanto le fascinaba: ser mago.
Aún guardaba en el baúl de sus recuerdos, la vieja chistera del prestidigitador Marconi, quien se la obsequió un día antes que éste se atragantara de pulque y muriera por una indigestión. Don Antonio, de vez en cuando sacaba la chistera, y para evitar que su mujer y sus hijos lo vieran, se encerraba en el baño largas horas, pretextando indisposición estomacal, para ejecutar las suertes que Marconi le enseñara: “Fíjate bien Antonio, y tal vez algún día llegues a ser un mago tan bueno como yo”. El truco de la liebre, era el que más le agradaba, pero como desde hacía tiempo que el conejo se había esfumado, Don Antonio, sólo imaginaba que este se movía nervioso, colgado de la orejas en su mano.
-¡Mire, pinche viejito, el mierda es usted, y deje ya de joderme porque me cae que le parto el hocico! Exclamó el Guitarrero. Don Antonio, tambaleante, se incorporó de su silla y lo retó a liarse a golpes. Grillo, quien nunca permitía desaguisados en su tienda, los conminó a tranquilizarse, o a largarse a beber a otro sitio. El vejete, conociendo a Grillo, sin dejar de vituperar al Guitarrero, regresó a su asiento.
De pronto se escuchó la voz de Pillo:
-¡Apaga la “gabacha” para que aquí el compita cante una de las suyas! Grillo obedeció.
-¡Anda, paisano, échate una de ésas que tú sabes! Animó Pillo al Guitarrero, quien ni tardo ni perezoso comenzó a rasgar una guarachita:
“La reuma me está matando,
y treinta años de trabajar,
que ya no puedo correr
para abordar el camión.
Y cuando llego tarde
para marcar el tarjetón,
me mandan pa la oficina
y esto me dice el patrón.
“¡Vale más una máquina
que un ser humano!”,
me dice el patrón,
¡Tú te acabas y la máquina
sigue andando!”,
me dice el patrón,
“Y acabado tú estás,
ya no me sirves pa’ na”…
Al concluir la canción, Don Antonio, con gruesas lágrimas desbarrancándose de sus ojos, dirigiéndose al Guitarrero, se sinceró:
-¿Sabes qué, compa? Lo que sea de cada quien, eso que acabas de cantar, es cierto. ¿Sabes por qué a mí me corrieron de la chamba? Pos por eso, por puro pinche viejo. Y de una vez, ya sincerado como estoy ahorita, te diré que no estoy satisfecho con mi vida y con lo que hicieron conmigo, de que me haigan usado como si no fuera ser humano. Que me haigan humillado tanto…
El Guitarrero, conmovido por las palabras de Don Antonio, le concedió una sonrisa, y para desentristecerlo, comenzó a tañer el bolero que tanto le gustaba: “Cuando calienta el sol, aquí en la playa…”. Don Antonio y el Pillo lo secundaron, mientras Grillo servía otra ronda de cerveza.
RATA
Las ratas, además de astutas son desmemoriadas. Basta tener paciencia para que caigan en la ratonera. Aquella rata azul de ojos chispeantes se deslizaba todas las noches sobre el muro, tirándose al piso detrás del sillón. Ahí puso la ratonera, y esta, la noche posterior, cambió de lugar para saltar. El dilema le sorprendió, tardó todo el día cavilando en como asesinarla: si movía la trampa, seguramente el roedor haría lo mismo que la noche anterior, entonces de tanto pensarlo decidió dejarla en donde estaba, y pacientemente esperó se olvidara de ella, y su instinto le hiciera volver al lugar donde iniciara sus saltos. Dicho y hecho, la rata apareció muerta a los pocos días. Así fue como se percató de su destreza para aniquilarlas, destreza que ha perfeccionado durante años.
La primera rata que se despachó, fue a los diez años de edad. Sus mordiscos en la mesa le espantaban el sueño, temerosa de que ésta, luego de tragarse lo que roía, brincara a su cama y lo mordiera, como una de sus parientes lo hiciera con el dedo de su primo Marcos, al que tuvieron que vacunar para que no le diera rabia.
Estuvo espiándola varias semanas para aprender sus movimientos y descubrir su madriguera. No supo como ella se percató que la husmeaba, y en varias ocasiones cambió su rutina, no de morada. Su táctica para deshacerse del roedor fue sencilla: con sigilo se acercó a su guarida, y al momento en que entraba a ella, con un rápido movimiento de mano, la sujetó por la cola y la azotó una y otra vez en el piso hasta que le machacó el cráneo. Ufano por su hazaña entró con ella a la cocina, pensando que su madre lo felicitaría, pero ella, aterrorizada le gritó que se largara con su animalejo.
Antes de arrojarla a la basura, le miró el rostro detenidamente, sus facciones le recordaron las de alguien a quien había visto innumerables veces. Se mofó de ella y luego la lanzó a los desperdicios.
Su record de matarratas era extraordinario, nadie en su familia ni en la colonia le superaba. Hubo quienes empezaron a decir que él pensaba como rata, o que posiblemente durante su vida anterior había sido una. Los comentarios le intrigaron, y comenzó a especular en que a lo mejor tenían verdad. Tuvo una pesadilla, en la que se veía convertido en rata, mientras una turba de matarratas lo perseguía para molerlo a palos. Brincaba de un lado a otro para esquivar los golpes. Se sorprendió de la elasticidad de sus movimientos, de su capacidad para moldear su cuerpo para deslizarse debajo de una rendija estrecha: aplanaba o alargaba su pelambre según se lo pidiera la ocasión. Sus perseguidores no cesaban en su empeño, y cuando ya estaban a punto de apalearlo, con un movimiento inesperado desapareció en el aire: el espacio donde lo había hecho era estrecho. Sus cazadores, seguros de que no había podido escapar por ninguna parte, buscaron y buscaron. Él en un estado de letargo absoluto, veía sus manos pasar muy cerca de sí. Sus acechadores hurgaron el lugar hasta el cansancio, y fastidiados se marcharon. Estuvo varias horas ahí, hasta que confiado en que sus enemigos ya habían claudicado en sus intenciones de matarlo, dejó sus escondite. Husmeó la zona, y como no percibió peligro alguno, se encaminó hacia su guarida; uno metros antes de llegar a ella, advirtió un movimiento. Instintivamente corrió para alcanzar su madriguera, y ¡zaz! Un golpe venido de arriba, asestó su cabeza, y luego otro y otro y otro, hasta que cayó en una oscuridad horrenda en la cual se perdió.
Cuando salió de su recámara, su familia lo observaba aterrorizada, y se hacía a un lado o brincaban sobre una silla. Uno de sus hermanos tomó una escoba y comenzó a corretearlo tratando de pegarle. Para salvarse, de varias zancadas alcanzó llegar a un montículo de piedras, en donde se guareció. Su hermano ya no pudo hacerle daño. Pasado el susto, un sopor insoportable se apoderó de él. Al despertar, un hambre inaudita lo obligó a salir de su refugio. Se coló con sigilo hacia la cocina, hallando en la mesa un pedazo de pan que devoró con ansias. Al poco, un dolor inaguantable se le incrustó en el estómago y un vértigo se apoderó de él; como pudo llegó a su chiribitil, donde una gruesa de ratas lo esperaba. Apenas entró, saltaron sobre él mordiéndole sin misericordia. Al principio las dentadas fueron dolorosas, pero luego su cuerpo se anestesió, sólo había una somnolencia irresistible que lo perdió en la nada.
MI HOMENAJE
Me enteré que la moda cultural del gobierno eran los homenajes. Uno tras otro, hasta llenar todas las carteleras de las secciones y suplementos culturales. Estaban todos, o casi todos las y los considerados “personajes” y “personalidades” del arte, las letras, la ciencia, la música, etcétera. Gente mucho muy conocida, medio conocida y no tan conocida; personajes de los cuales yo nunca había tenido conocimiento, pero ahí estaban en ese mamotreto de homenajes, que a pie o en silla de ruedas, con la manguerita de oxígeno o diálisis, acudían a recibir su homenaje. Algunos ya muertos, sólo se contentaban en saber que sus fotos estaban por todas partes, o que sus nombres eran repetidos una y otra vez en los medios de información. De que sus deudos, chacales consumados y sin una pizca de sensibilidad intelectual y artística, cogían el cheque de manos del Presidente de la República, dejando en claro que ellos preservarían el legado de su antecesor, pidiendo al gobierno y a las altas autoridades de cultura, ayuda para que su labor altruista fuera menos pesada.
Estos homenajes llamaron mi atención, por el simple hecho de que nunca en la historia del país se habían hecho tantos en tan poco tiempo. Por pura curiosidad busqué entre las listas de homenajes, si acaso se me contemplaba. Hurgué, minuciosamente, sin encontrarme. Entonces me asaltó un ataque de envidia, de enojo, de, ¡pinches ojetes!, ¿y a mí por qué no me hacen un homenaje? Y volví a revisar la cartelera para constatar mi exclusión, y, embarazado de rencor, aventé el periódico. Sin más, me dirigí a la Dirección de Homenajes. Indignado, pedí a la secretaria hablar con el encargado de los homenajes. La secretaria me preguntó para qué asunto. Con la ira contenida, le grité que si no se había dado cuenta de quién era. La secretaria meneó la cabeza. “¡Soy Esteban Lagarde, el compositor de miles de canciones inéditas, las que algún día daré a conocer!, ¡anúncieme con su jefe!”
La secretaria, tecleó en el conmutador: “¡Señor, aquí se encuentra el señor Esteban Lagarde. Pide entrevistarse con usted! ¡Sí señor, está bien!”. La secretaria volvió el auricular a su base, y dirigiéndose a mí, me informó: “¡El señor director está un poco ocupado, planificando los próximos homenajes, pero me dijo que si gusta esperar, con mucho gusto lo atenderá!”.
Un vez que me dio el mensaje de su superior, la secretaria me ofreció esperar en la salita a media luz a unos metros de su escritorio. Tomé su ofrecimiento. Al poco rato, una de las ayudantes preguntó si quería beber algo. “¡Té, por favor!”. Transcurrieron horas. Ya iba a reclamar a la secretaria la tardanza, cuando la puerta de la oficina del director se abrió: “¡Señor Lagarde, disculpe la espera, pero con todos estos homenajes, tiempo es lo que quiero!, ¡pero pase, pase, para que me platique su asunto!”.
El director de homenajes me invitó a sentarme en su sala personal, de mínimo 50 mil pesos, hecha de cuero curtido blanco. El se acomodó enfrente. Antes de iniciar la conversación, la secretaria entró a preguntar si se nos ofrecía algo. “¿Quiere usted algo señor, Lagarde?”, “¡agua, por favor!”. El director, con voz engolada y campechana ordenó a la secretaría: “¡A mí, por favor, sírveme un wiski en las rocas!”.
El director poniéndose en posición interesada, exclamó: “Soy todo oídos, señor Lagarde”. Conforme le explicaba yo el por qué de mi visita, el director perdía compostura hasta que su rostro adquirió un tono sombrío: “Mire señor Lagarde, yo no dudo que sea un artista importante, pero… es la primera vez que oigo de usted, y… pues… como usted comprenderá, los homenajeados, todos son personajes y personalidades con trayectoria, tanto en su comunidad, como a nivel nacional e internacional… que tienen una basta obra conocida y difundida…
Interrumpí el soliloquió del director, para interpelarle, de que no por el hecho de que mi obra fuera inédita, no tenía la perseverancia y la trascendencia para pedir lo que le estaba pidiendo.
“Bien señor Lagarde, pero entiéndame usted a mí; hay ciertos requisitos que todos los homenajeados deben cumplir… pues aquí en mi oficina nada es improvisado, ni caprichoso… todo tiene una mecánica bien concebida y estructurada..”.
Pero no me amedrenté ante sus argumentos, e insistí en mi derecho de ser homenajeado. El director, impaciente, en cuanto entró su secretaria con el agua y el güisqui, dió trajera el formato donde se especificaban los requisitos para ser homenajeado.
“¡Tome su aguita, señor Lagarde!”, dijo el director mientras sorbía de la copa y se trasladaba a su escritorio. Buscó en los cajones algo que no halló. Volviendo donde me hallaba, exclamó: “¡Quería mostrarle algo… pero en fin… una vez que lea el formato… cumpla los requisitos, y con mucho gusto le hacemos su homenaje, que para eso estamos!”.
La secretaria entró con los documentos y me los entregó. El funcionario, solícito, se disculpó y me echó de su oficina. “¡Acompáñeme!”, me exigió la secretaría. Dejé la oficina y dando las gracias a la mujer por sus atenciones me retiré. Ya en casa, revisé los documentos que me habían sido entregados:
El Gobierno de la república, está realizando homenajes a los personajes más trascendentes del arte y la cultura, con el propósito de reconocerlos y para que se conozca su obra y trayectoria. Esto basado en los siguientes requisitos:
1. Estar muerto y haber dejado una basta obra conocida y difundida.
2. Tener más de noventa años de trayectoria constante y producción y labor ininterrumpida.
3. Los artistas populares a homenajear, tendrán que dar fe de que su trabajo es netamente artesanal o de preservación; que les fue heredado, comprobándolo por auténticos antepasados prehispánicos o prehistóricos.
¡Cataplum! Mejor hubiese bebido güisqui en vez de agua.
UN HOMBRE BORRACHO
Del agravio al reclamo, del reproche a la violencia, de la hosquedad a la sumisión…
-¡Súbete, o deja pasar!
-¡Estás pendejo! ¡Cabrón! ¡Nada más llegues a las Bombas y te voy a partir la madre! ¡Te voy a traer a mi amigo para que te rompa el hocico: el está muy grandote! ¡Ay sí, bájate! Estás menso, si ya pagué mi pasaje!
Cosa de la crisis, de la frustración que revienta en palabrotas, de los años de silencio que el alcohol escupe por medio de la lengua de un hombre cualquiera; que bajo la pesada loza del sistema, alza la voz de todos, a través de su locución. Qué importante es que un hombre se atreva a decir lo que siente.
-Si se pone loco lo bajas en la esquina.
-¡Uy, sí, lo bajas en la esquina! ¿Cómo no? ¡Ahorita te pego un balazo, te mato cabrón!
-¡Te callas o te bajo!
-¡Si jefe, no se enoje! ¡Yo ya pagué mi pasaje! ¡Perdóneme jefe; jefe perdóneme! ¿Quiere un pegue? Si no, yo me lo tomo por usted; mire nomás que rico está el tequila, glu, glu, glu: ¡qué rico! ¡Jefe perdóneme! ¿Qué día es hoy? ¿Viernes? ¡Uy mañana hay que trabajar; yo siempre me levanto a las cinco! ¡Perdónenme! ¿Les canto una canción? Una de Pedro Infante. ¡Jefe! ¿Ya pasamos las Bombas?
-Si ya las pasamos. Tiene que bajarse aquí y volver unas calles.
-¡Me bajo aquí! ¡Me bajo aquí y bien… sin problemas!
Ese hombre es todos nosotros.
LA NIÑA Y SU HIPOTENUSA
La sonrisa murciélago de Armando Duvalier*, apareció de pronto en mi habitación. Cargando en sus hombros a la niña y su hipotenusa (niña harina, niña de vainilla, niña de clorofila, niña brisa, niña de anilina; niña de trementina). Plantándose bajo la bombilla, comenzó a meroliquear:
-¡Damas y caballeros! Les presento al joven dinosaurio el 26 de agosto. ¡Saluda! Así… ahora brinca… enséñales la pata de pescado. Ponte el frack de merolico y la cresta de roja cacatúa. Camina en zancos. Cloc… cloc…cloc… ¡Eres tan ave, tan eléctrico, tan lancha! Un… dos… un… dos… Mira, aquí hay un niño floreciendo, famélico, quemado. No lo despiertes que se le hizo tarde.
Después de su soliloquio, me sorprendió con su canto de marimba, con sus kakekotobas, sus makurakotobas, sus tankas y con sus hai kais, y dejando a la niña y su hipotenusa sobre el sofá, lloró amargamente.
-Sí, se lo voy a contar porque estoy un poco triste:
Hermosa era mi novia
quemando su petróleo de taberna;
yo adoraba sus ostiones sin ombligo,
sus gatos y sus muelas,
sus fósforos de vidrio
y me alegra que se sepa: hasta sus piojos.
Sí, mi novia fue una bicicleta náutica
(sollozó desanimado):
¿Ve ésta carta con nenúfares callados
a la orilla anocheciendo de mis válvulas?
Todavía tienen agua las esponjas
y se abren las compuertas,
pero no me pregunte cuando fui zapato
porque no voy a sollozar por cualquier motocicleta.
Dicho esto, se alegró y comenzó a cantar:
“¡Naranja dulce, limón partido dame un abrazo que yo te pido!”…
La niña y su hipotenusa, se incorporó del sofá y sujetando mi mano me convido bailar. En la ventana, fisgoneaba la Luna, deseosa de entrar para disfrutar también de la fiesta. Como estábamos demasiado contentos, ante nuestra desatención, la Luna, enojada, se elevó como un globo por el aire y dándonos la espalda dejó de alumbrar. Eso a nosotros nos importó un comino, y seguimos divirtiéndonos hasta que nos cansamos de tanto brincar. De repente la voz de una maribámba, marimbámbala, marimbambá resonó en mis oídos. Y él volvió a despepitar:
Hermano grillo, dame tu rueda enamorada
para dársela a los niños.
Hermano erizo, dame tu cajita
de música ambidextra
para dársela a los niños.
Hermano mirlo, dame tu estufa cornamenta
para dársela a los niños.
Hermano cocodrilo, dame tu sonaja cebollera
para dársela a los niños.
Hermano chivo, dame tu pistola con aire motorista
para dársela a los niños.
Entonces dejó de cantar. La niña y su hipotenusa, liberó mi mano y dando un salto se acomodó de nuevo en los hombros de aquel poeta. Y antes de sumergirse en la noche, recitó su despedida:
Ya no escuchéis mis cantinelas tristes
ni los cuentos que he aprendido en las tabernas;
poned jacintos a las válvulas del vértice
y carbón al mastuerzo de la flauta;
¡volad a la patria de la nube,
del pájaro y la nieve,
la estrella y la esperanza!
Al amanecer miré a un colibrí tejiendo con hilos de aire su nidito. Entonces me trepé a mi caracol y me fui a perseguir lampos de sol en el jardín.
*Poeta chiapaneco contemporáneo de Rosario Castellanos.
CUENTARIO "EL DIABLO DE PARRANDA" RAYMUNDO COLÍN AXOLOTL
DE RUIDOS
--Estaba yo en una fiesta, y como ya era tarde, determiné retirarme. Me despedí de los anfitriones para volver a casa... ¡Su casa!
--¡Gracias!
--En el Metro compré boletos, introduje uno en el torniquete, descendí a los andenes; cuando arribó el tren, lo abordé despreocupado. Para no hacer pesaroso el viaje, de esta maletita que ve extraje un libro que madura de un fantasma que visita a una mentada Susana San Juan, que está perdidamente enamorada de él. Al bajar, un zumbido como de tranvía se alojó en mis oídos: ha de ser el fluir de la corriente en las vías. Pensé. Durante mi segundo desplazamiento, el ronroneo se acentuó, mezclado con tientos de tacones, motores, voces de distintas tesituras.
Al final del periplo, los chirridos que traía se fundieron con otros. Con la esperanza de no ser el único al que lo perseguían, siseé a un transeúnte:
--¡De veras que esta barahúnda acabará por volvernos locos!
--¡Es la escandalera de siempre, señor! Contestó, apurando el paso. En lo que cayó a los apeaderos, se agudizaron los picotazos. Eran tantos y tan dolorosos, que convulsioné dentro de una multitud que me cataba consternada. Me libré del gentío corriendo hacia los paraderos, perseguido por cientos de estruendos que impidieron escuchara el claxon del microbús que me arrolló.
Al conocer el parte del forense, supe que mi fallecimiento no lo había causado el vehículo, sino, inexplicablemente, encontraron perforado mi cerebro por punzones tan filosos como el ruido.
UN ESCARABAJO
Sin que le molestara el punzante sol, Sansa dormía a pierna suelta sobre las baldosas. Sobre su nariz puntiaguda, reposaba el armazón dorado de bifocales, que le daban aspecto intelectual.
Alguien gritó desde alguna parte:
--¡Cuidado con el escarabajo, que ayer se tragó a uno!
Aunque era domingo, las bifurcaciones en la alameda estaban vacías. De vez en cuando los maullidos de gato, que en ocasiones asemejan voces humanas, me hacían voltear.
--¿A quien se habrá tragado? Cavilé. Un chillido de ratas me sacó de mi abstracción. Eran tres, gordas y retozonas, galopando zigzagueantes entre los muros de pingüicas que cercan los jardines de pasto erosionado y ennegrecido por el humo. Al pasar junto a mí, repusieron:
--¡Cuidado con el escarabajo, que ayer se zampó a uno!
Los roedores se transformaron en niños, y levantando el enrejado de un cloaca se introdujeron.
Dos veces habían advertido tener cuidado con un escarabajo, que por ninguna parte percibía. Sansa hizo un inesperado movimiento. Va a despertar, me dije. Pero sólo llevó una de sus manos a su nariz y se la rascó. Para entonces, el mutismo en la alameda lo llenaba ya la algarabía de una multitud que deteniendo sus acciones, corearon:
--¡Cuidado con el escarabajo! ¡Cuidado con el escarabajo!
Al escuchar esto, bajé la mirada, viendo las patas del insecto posesionándose de mi cuerpo. Sansa ya no dormía en la baldosa. Traté denodadamente de zafarme, pero el escarabajo ya me tenía atrapado por completo. En un último forcejeo por sacudirme el escarabajo, los bifocales cayeron y de mí salió un gruñido que ya antes había escuchado.
TETRIX
¿Por qué lo maté? Por la desesperación de sentirlo cerca y sentirme sola. Le toleré todo: borracheras, su cara de idiota frente al televisor, hasta sus deslices con las vecinas. Pero lo que no le perdoné fue el que me haya ignorado por ese juego estúpido que lo embebía.
Verá, al principio de nuestra relación se desvivía por mí: ¡que te invito al cine!, ¡que vamos a pasear donde tú quieras!, ¡que flores rojas para mi amorcito!... Y todas esas adulaciones que suelen gastarnos para saciar sus instintos animales, y, nos juran, es amor. ¡Pinche palabrita! La de panzas e infiernos que ha costado a las mujeres. Bueno... todo iba de maravilla. Me trataba como a una reina y, de tanto lisonjearme, cedí y ahí tienen a la muy taruga, vestida de blanco y derramando lagrimones en la iglesia. ¡La fiesta estuvo a todo dar! Mi familia y mis amigas me felicitaban porque, según, me había sacado la lotería con ese esposo.
Nuestra luna de miel fue en Acapulco y, aquí entre nos, por poco pierdo lo virgencita con un gringo que se parecía a Silvester Stallone, ¡pues el desgraciado de mi marido me abandonó en una discoteca para irse con unas tipas!
Del coraje me bebí una botella de tequila, y ya perdida de borracha, el gringo se acomidió a llevarme donde me hospedaba; me subió en brazos, cosa que el granuja de mi marido, que en la lumbre esté, no hizo. El güero me acostó en la cama y yo, como no queriendo la cosa... Me encendió todita y ya iba a “perder” cuando se me mareó el mundo. ¡Me pasé la maldita noche vomitando!
Cuando regresamos al DF. comenzó mi suplicio; él se volvió todo un macho mexicano conmigo; pero no fue por eso que lo electrocuté: el muy desdichado se la pasaba, desde que lo compró, el santo día con el Tetrix, que tiene treinta o cuarenta formas de jugarlo y treinta o cuarenta formas de ignorarnos.
LA MUERTE DE TARZAN
Conducía mi coyota rines de magnesio, cuando en la entrada del billar oteé a Tarzán conversando con el Saña y la Marrana. Éste, al verme, me saludó.
Pedaleé con fuerza y al llegar al frontón, me crucé con Armando, hermano de Tarzán, quien sin mediar saludo me informó de su muerte.
--¡No me estés chachareando, lo acabo de ver
con unos batos a la entrada del billar!
Armando reafirmó lo dicho:
--¡Ayer lo encontraron muerto. Se desangró de un piquete. Lo estamos velando en mi casa. Ya estás avisado!
Armando cruzó la avenida hundiéndose por una de las calles aledañas. No podía dar crédito a sus palabras, dado que estaba seguro que quien me había saludado desde la entrada del bicho había sido Tarzán. De pronto escuché en mi cerebro Mujer de Magia Blanca y la imagen de mi amigo se me presentó sentado afuera de la casa de Beba, donde solíamos encontrarnos todas las tardes para hacer llorar el blues. Beba se abrazaba a sus músculos mientras éste paseaba sus dedos sobre el diapasón. Una sonrisa de placer se dibujó en mi rostro. ¡Tarzán sí que tenía sensibilidad para hacer que se expresara la guitarra! Y más cuando Mayito, el trompetista melancólico, incorporaba su instrumento. El blues se tornaba amor en esas noches donde la muerte solía trabajar horas extras.
--¡Carajo, mi Tarzán, me cae que usted trae negros en el alma! ¡Este blues que acaba de tocar me estremeció el adentro!
--Me lo enseñó un bato de Tacuba. Un loco que se cree nagual y siempre anda pacheco, fumándose la vida a bocanadas. Se llama Mario Santiago, poeta infra, muy bueno pal mescal.
--Pos a ver cuando lo traes al barrio para que nos deleite con su swin.
--Uno de estos días. Usted no se preocupe. ¿Qué onda Beba, nos vamos a danzar?
Beba era... ¿cómo decirlo? Una especie de rosa urbana, a la que el ritmo de la cumbia le posesionaba el cuerpo. Qué rico meneaba las caderas, provocando tentación. Quién no hubiera querido navegar en ellas, pellizcárselas aunque sea. Pero Beba sólo amaba a Tarzán. Ella una potranca de ancas atractivas, y él, pura sangre que enervaba sus relinchos.
Mis recuerdos fueron interrumpidos por los gritos de un judicial, que me llamó desde un automóvil. El sujeto era acompañado por un par de individuos y de un soplón al que apodábamos el Chivo. Pensé en fugarme, pero me contuve cavilando en que si lo hacía pensaría que algo me guardaba. Y haciendo de tripas corazón me arrimé al auto. El judas me preguntó si conocía al Topo, un burrero que solía surtir marihuana a sus clientes montado en un triciclo. Asentí moviendo la testa.
--¿Y sabes dónde lo podemos encontrar?
Lo negué meneando de nuevo la cabeza. El tira, mirando por el retrovisor, preguntó:
--¿Lo dejamos ir?
El que al parecer era su superior, contestó que si.
--¡Ya puedes irte hijo! Y no te metas en desmanes. El auto se alejó y yo respirando profundo también hice lo propio sin dejar de pensar en la trágica muerte de mi amigo.
Al momento en que el féretro bajaba a su fosa, recordé una escena:
Eran las dos de la mañana. Fuimos despertados por los gritos en tropel de una riña que se suscitaba afuera de la casa. Me incorporé e ignorando la orden de mi progenitora de que no saliera, de tres zancadas llegué al pasillo que da a la calle y, parapetándome en la puerta, a través de una rendija descubrí a Tarzán sosteniendo por los cabellos la cabeza de un fulano, al que sin misericordia prodigaba golpes con el asiento de un envase de cerveza. Cada cantazo que mi amigo asestaba en el rostro del desgraciado, me erizaba la piel. Impotente para siquiera sisear y pedirle que detuviera su barbarie, dejé de mirar y volviendo al cuartucho me metí tiritando de espanto bajo las cobijas. Mi madre, aferrada a un crucifijo, me reclamó:
--¡Ya ves, te dije que no te asomaras!
Los gritos de los rijosos seguían trasgrediendo la noche:
--¡Mi hermano, dónde está mi hermano!
--¡Aquí estoy carnal, aquí estoy!
--¡Vamos a tirarlo en medio de la avenida para que se lo lleve la chingada! Se oyó decir a Tarzán. Después un rechinido de llantas, el ulular de patrullas, el tropel de zapatos en la acera, el ladrido de perros, los ronquidos de un avión sobrevolando a toda velocidad para no ser alcanzado por los balazos de los policías tirando a matar. Luego sólo el transitar constante de autos sobre la avenida y el murmurar de ánimas comentando la violencia desatada en sus dominios.
Toda la amargura del mundo se había concentrado en el rostro de la madre de Tarzán. Se derretía en llanto aferrándose a la mano de su marido para no echarse al abismo eterno donde yacería su hijo. Oí comentar a alguien:
--Dicen que, antes de morir, éste le contó que una mujer muy bonita, que se encontró en la calle, le hizo una seña para que se acercara, y cuando él obedecía la mujer desapareció en el aire... El Tarzán se lo platicó a su madre... Es la muerte, le dijo... Me está buscando.
Al momento de que el féretro tocó fondo, los mismos judiciales que me detuvieron en la calle, cargaron con el Saña y la Marrana. Después, repentinamente, todo se llenó de lluvia.
COCOTA
Habían pasado diez años desde aquel vergonzoso acto en el aula de la escuela. El estaba frente a mí bebiendo cerveza. A la sexta ronda comenzó a llorar y acordarse de lo que Emilio le había hecho. El maestro estaba en una junta. Yo por razones fisiológicas me había ausentando del salón. Cuando retorné, mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme a mis compañeras bramando y mirando fijamente hacia la pizarra. Los hombres manoteaban en los pupitres vociferando obscenidades. Emilio lo tenía maniatado, amenazándolo con tundirlo a golpes y de herirlo con su guadaña de bolsillo mientras lo violaba.
Encolerizado, me abalancé sobre Emilio y lo derribé.
--¡Súbete los pantalones! Le Grité. Emilio resorteó y me lanzó un cabezazo, que esquivé. El seguía hipando, rodeado por un cuarteto de niñas. Emilio intentó ensartar su guadaña en mi carne, pero le aferré la mano y torciéndola le tumbé el filo. En ese momento entró el maestro y de una zancada se interpuso entre nosotros.
--¡Dejen de comportarse como animales! Rugió. Al mirar la guadaña en el cemento, se agachó a recogerla. Luego, jalando nuestras patillas nos llevó hasta su escritorio. Beatriz, que era su satélite cuando se ausentaba del salón, lo puso al tanto. El mentor, tomando por las orejas a Emilio, lo zarandeó. Luego lo arrojó al piso.
--¡Y tú vete a tu asiento! Me exculpó. Metió la guadaña a su estante y, parándose frente a su escritorio, tronó burlón:
--¡Y tú Cocota, mientras aprendes a ser machito --extrajo unas monedas de la bolsa de su pantalón--, ten y vete a comprar una lata de Nívea para que la untes en tu trasero y se te pase el ardor!
La Cocota sorbió cerveza, enjugándose las lágrimas con su puño. Ya andaba muy borracho y comenzó a sincerarse:
--Tú no sabes lo difícil que ha sido superar lo que me hizo ese cabrón. Me cae que aún siento la sensación de su cochinada en mi trasero; antes era un ardor que no hallaba como calmarlo, un ardor que me hacía hasta cagar sangre. El bigote de la Cocota se encrespó y en sus ojos pude percibir todo un infierno vivido.
--Me ardía como no te lo imaginas. Me la pasaba encerrado en el baño, echándome agua, o tratando de sacar una lombriz que no existía. Mi padre, lejos de confortarme, me trataba brutalmente, y no perdía la ocasión para evidenciarme frente a mis hermanos. Sufría al contarme.
--No sé cuántos años pasaron para que medio pudiera vivir así. Para que se me quitara ese ardor que no me dejaba ni en sueños. Ya me casé y tengo un hijo. Mi esposa me ha ayudado mucho, y la verdad no quería que viniera. Pero yo tenía que hacerlo para darte las gracias por lo que hiciste por mí. También vine porque tenía que cobrársela a Emilio. Sacó una pistola de entre sus ropas y volvió a guardarla. Luego, trastabillando se alejó para siempre por donde había venido.
LA OLA QUE NOS PERSIGUE
¿La oyes? Con la escandalera de los vecinos, no creo. Como yo nací con oído de perro, sí la escucho: apenas como un gorgoreo de río. Cómo me gustaría que pudieras oírla. Hasta eso, no es desagradable, se parece, como te dije, al rumor del agua.
¡Estos vecinos ya me tienen harta! ¡Bájenle a su ruidero! Antes de irte bebe jugo, no sea que te agarre con el estómago vacío: siempre es mejor que se lo lleve a uno la marejada con las tripas llenas, y no andar penando por culpa de ello.
Ayer te dejé un trozo de pizza en el refri. ¿No lo viste? Así pasa, a veces nos entretenemos tanto que las cosas se vuelven invisibles, aunque las tengamos enfrente. ¿Leíste en el periódico lo de la familia que murió intoxicada por tragar mariscos en una fonda? ¿No? ¡Oye, por favor no te distraigas al cruzar la calle! Me contaron que hace unos días un microbús aventó a un anciano, al que seguramente se le desapareció el mundo, sin percatarse de que un cafre arrasaría con su vida.
¡Júrame que no te vas a distraer! ¿Ya tomaste tu medicamento? No quiero que te de el telele nuevamente. Dicen tus compañeros que ya mero te tronchas la lengua: metieron un palo entre tus dientes para evitarlo.
¿De veras tomaste la medicina? ¿Qué ya me dijiste que sí? ¡Pero no te enojes! Lo que ocurre es que esa maldita música me pone de malas. ¡Ya es tardísimo y quedé de verme con un cliente a las nueve! ¡Espérame para irnos juntos, no tardo en arreglarme! ¡Mientras bebe leche, es buena para los huesos! ¡Dice el médico que eso es muy importante para ti!
Eva se retira, y al poco rato el agua de la regadera golpeando contra el azulejo se mezcla con su voz:
¡Qué crees, ayer ya mero me alcanza: a unos metros de mí, un muchacho asesinó a un hombre! ¡No seas malo, pásame una toalla!
Después de unos minutos, sale de la ducha: ¡Sabías que en la ciudad de México diariamente hay 526 nacimientos, y que a la par mueren 152 personas! Lo leí en el periódico. ¿Pero tú lo sabías? ¿No? ¡Ya voy, ya voy, no te desesperes!
¡Qué bueno que los vecinos terminaron con su fastidio! Si tu padre me hubiera hecho caso, pero... siempre fue tan testarudo, en fin así es la vida. Qué bueno que la ola ya no se escucha, pero por muy lejos que esté, algún día nos alcanzará. Nadie escapa a su destino.
UN PUEBLO BAJO EL RIO
Ahí uno encuentra a los parientes, amigos, amores y a todos aquellos que ya nos dejaron. Viviendo en casitas blancas y confortables. Ya no trabajan, se la pasan platicando de su pasado, de los errores que cometieron, de sus malas y buenas acciones. Cuando tienen hambre toman su alimento de los árboles que crecen a su alrededor. Si tienen sed, beben agua de los ríos que fluyen en el lugar. Viven felices; nunca pelean ni se emborrachan, ya que no existe trago ni fumadera. Duermen en hamacas, sin chinches o moscos que les molesten el sueño.
Cuando uno de acá llega a visitarlos y se encuentra con su hermano, con su mamá o papacito y les ruega que regresen a su casa con él, le responden:
--¡No, hermanito! ¡No, mijito! ¡Pa' qué volvemos a la sufridera, si aquí estamos bien contentos, sin preocupaciones de qué vamos comer o de cuidarnos de las malas personas! ¡Vete con los tuyos, que a ti aún no te toca! ¡Y no tengas pendiente de nosotros!
Estos, al ver sus rostros de felicidad, les entran ganas de quedarse y disfrutar con ellos, pero al escuchar gritos llamándoles desde afuera del río, con dolor en su corazón dejan el pueblo, el cual se puede ver sólo una vez en la vida...
Por la cara que pones, has de pensar que lo que platico es mentira. Así me ocurrió cuando me lo contó un anciano que bebía mezcal en una tienda de Morelos. Para que le creyera, me llevó al río del que te hablo. Hacía un friazo. Al llegar, el viejo señaló hacia donde la luna resplandecía en el agua, exclamando:
--¡Por ahí, donde el conejo del universo echa su orín, se puede bajar al pueblo!
El anciano, a pesar de su edad, se desnudó, y sin decir palabra brincó al río, desapareciendo por donde la luna hacía nido. No sé cuántos semanas pasaron, o si era de día o de noche cuando el abuelo regresó. Ya no venía desnudo, y su ropa estaba seca y blanquísima, como la luz de la luna por donde bajó. Traía sobre su espalda un costal.
--¡Ya regresé! –dijo- ¡Y para que me creas que en verdad existe el pueblo... te traje esto! Del costal cayeron más de una gruesa de naranjas, con un color y una textura que jamás he visto.
JESÚS DEJÓ LA CRUZ
Recorría la sala de los oficios, cuando un bisbiseo llamó mi atención. Volteé, sin descubrír a nadie. Seguí explorando la pieza: la hermosa cestería veracruzana, la textilería oaxaqueña, la orfebrería de Tlaxcala... De pronto otro bisbiseo me volvió a sobresaltar. Esta vez vi la sombra de un niño escabullirse hacia la salida. Sonreí al pensar en una broma párvula. Al llegar al rincón de la talabartería, una voz clara e indulgente me nombró:
--¡Juan, Juan, acá, Juan!
Sentí escalofrío, y nervioso ojeé para todos lados intentando sorprender a quien me estaba haciendo la mala pasada. No divisé a nadie, y para tranquilizarme traté de persuadir al que creí un chancero:
--¡Ya esta bien de juegos, amigo, sal y dime quién te dijo mi nombre!
--¡Lo conozco desde que te bautizaron!
Volvió a resonar. Me estremecí.
--¡Ándale, acércate y ayúdame a bajar, que esta postura en que me dejaron es bastante incómoda!
La voz venía de la sala de Chiapas. Dudé en ingresar, pero mi curiosidad me obligó apearme a ella. El recinto estaba a media luz; sobre los exhibidores una muestra de la riqueza artesanal de ese mágico estado: joyería, vestidos típicos, artesanía y diversas fotografías que mostraban su cotidianidad. Al fondo, pegado en lo alto del muro, un cristo de tamaño natural hecho de barro que miraba piadosamente. ¿Era un ataque momentáneo de esquizofrenia, o Cristo me estaba parloteando? Me asaltó otro sobreencogimiento. Resuelto, di la vuelta e intenté salir de la sala:
--¡No te vayas, Juan! ¡Acércate y ayúdame a bajar, que el ardor de los clavos me está matando!
Giré la testa y, cuando puse la vista en el cristo, éste guiñó un ojo y frunció la boca. Me quedé paralizado y mi corazón comenzó a palpitar tremendamente. Sentí desmayarme. Todo a mi alrededor empezó a girar. No se si la ansiedad que se apoderó de mí fue lo que me forzó a ver revolotear a los ángeles de madera sobre la testa de Cristo, a los atuendos arrodillarse frente a él y a una multitud de miniaturas depositar bajo sus pies diminutas flores de colores. Todo es una alucinación me dije. ¡Una maldita alucinación!
Intenté controlarme cerrando los ojos: ejercitando la respiración y desviando mi mente hacia otros pensamientos, como aconsejan a los fóbicos los terapeutas cuando los acomete una crisis. El silencio invadió la sala. Esto me motivó a pensar que la ofuscación ya se había retirado. Abrí los ojos sin apresuramiento. Cuando los tuve completamente abiertos, los atuendos, ángeles y miniaturas se encontraban en sus respectivos sitios, y Cristo permanecía en su cruz. Me quedé atónito vigilando que sus labios no se movieran. Así pasé varios minutos, y cuando deduje que todo había sido una fantasía, Cristo me sacó la lengua y metió uno de sus dedos a la nariz. Fue cuando estalló en mí una crisis nerviosa. Cristo, al verme, de un salto se plantó frente a mí y, poniendo su mano en mi testa, me dio una paz que hacía mucho no sentía.
Ya repuesto, me invitó a caminar. Los tatuajes en su cuerpo eran lo único que cubrían su desnudez. Salimos al patio. Nos sentamos a un lado de la fuente; unos niños jugaban a salpicarse agua para mitigar el calor. Al parecer nadie se percató de la desnudez de Cristo, ya que todos le sonreían y lo saludaban amablemente. Hasta uno de los vigilantes se acercó para obsequiarle un cono de nieve, el cual aceptó agradecido. Cristo me ofreció, y como si fuésemos dos grandes cuates nos pusimos a lamer el helado.
Cuando terminamos, atribulado, exclamó:
--Lo que puedo maldecir de los romanos es el haberme dejado en esa posición tan incómoda. ¡Imagínate resistir más de dos mil años sostenido en el madero por unos clavos, con la costilla abierta y sangrando! ¡Ni al diablo se lo deseo! ¿Y tú qué, de qué la giras? Me preguntó, como cualquier persona que se encuentra a un conocido después de años de no verla. ¿El hijo de un dios que todo lo sabe, preguntándome a qué me dedico?
Le conté mis cuitas: de lo acongojado que es vivir en una ciudad llena de sinsabores y violencia. De tener una esposa que nunca está satisfecha y me culpa de sus fracasos.
--Yo por eso no me casé, aunque Magdalena me lo pidió tantas veces. ¿Te imaginas vivir con alguien que a cada rato quería lavarme los pies? Dijo socarronamente emitiendo una carcajada. Después de arremeter con la ciudad, me fui contra el mundo y los mercaderes que aún siguen infringiendo su templo -–eso del reordenamiento del ambulantaje es un problema milenario, interrumpió bromista--, y desatan guerras crueles con el simple ánimo de apoderarse de las riquezas de otros países. Le hablé del hambre y de que en el mundo el sida arrasa con pueblos enteros. Le conté del terrorismo y de las nuevas armas bacteriológicas. Del ecocidio y del cambio de climas por el efecto invernadero causado por las potencias industriales. Le pinté, vamos, un mundo atroz contrario al de paz y armonía que el había imaginado, una civilización con hombres capaces de arrasar con el universo si así lo ameritaban sus intereses y ambiciones.
Cristo me escuchó pacientemente, y luego con un dejo de pesadumbre tomó la palabra:
--Yo le dije a mi padre que no hiciera de barro al hombre, porque ese material es muy frío y podría provocar lo que me estás contando. Pero no me hizo caso y ya ves... donde manda capitán no gobierna marinero. También le manifesté que en lugar de expulsar a Adán y a Eva del paraíso, una vez que sabían del árbol de la vida y de la ciencia, mejor los hubiera dejado en él, así por lo menos habría control natal. Además no hubieran esparcido su veneno por el mundo, y como venganza inventado la guerra. Pero no hizo caso. En cambio, me ofrendó a los hombres, como un acto para rectificar su creación... pero de eso ya han transcurrido dos milenios; el hombre sigue igual de sanguinario. En cuanto a las epidemias, que yo sepa, la caja de Pandora sigue cerrada. Más bien creo que eso es cosa de aquí mismo... Pero no nos pongamos pesimistas y mejor vamos a comernos unas pepitorias, que dicen aquí en Coyoacán las hacen muy sabrosas. Quiero relajarme, olvidarme un rato de la chamba, de escuchar pecados y peticiones. De los sermones cursis de los descendientes de él que me traicionó.
Salimos del museo, fuimos a la plaza Centenario. Cristo se veía gustoso, regodeándose como un niño ante todo lo que llamaba su atención. En un puesto de dulces tradicionales compramos pepitorias, las que saboreamos sentados en una jardinera viendo actuar a los mimos.
--¡Deliciosas! Prorrumpió. ¡Vamos por más! ¡No, mejor vamos a tomar café al Jarocho!
Yo me sentía como nunca, y más acompañando a un personaje tan famoso. Cuando llegamos al Jarocho pidió, además de café, una dona de chocolate, la que se comió hambriento.
--¡Dicen que en La Guadalupana venden un vinillo que ni el obispo!
Fuimos a la cantina; tomó el vino. Luego quiso que paseáramos por la Plaza Hidalgo. Nos trepamos al quiosco; admiramos las artesanías, aplaudimos a los artistas populares; bailamos con la tribu de pro africanos, nos leyeron las cartas, cheleamos en el Hijo del Cuervo. Para relajar el periplo, antes de volver al museo nos sentamos en la Fuente de los Coyotes. Ahí, Cristo estiró su cuerpo:
--Ni cuando vivía en el paraíso me la había pasado tan bien. Ya me hacía falta. Con este descansito, tengo para sostenerme otros dos mil años en el madero.
Al llegar la tarde volvimos al museo. Aunque ya iban a cerrar, los vigilantes nos recibieron cordialmente:
Los artesanos recogían sus productos y, al vernos, de mil amores nos saludaron. Cruzamos el patio. Cristo chapoteó su mano en la fuente. Arribamos a la sala de Chiapas; al entrar los ángeles de madera comenzaron a mariposear y las miniaturas a flanquear el paso. Antes de trepar a su cruz, me abrazó diciéndome al oído:
--¡La paz sea contigo, hermano!
PASA EL TIEMPO
El primer libro que leí en mi vida fue de física, que tomé del librero de mi primo Antonio, quien estudiaba ingeniería en el Politécnico. Era un mamotreto de 940 páginas que tardé un año y tres meses en leer. Claro está que no entendí ni papa su contenido, dada mi corta edad: ocho años. Sólo recuerdo que traté de descifrar una fórmula que se refería a la velocidad de los aviones. Pero lo que más me impresionó fue la famosa formula de la relatividad (E=mc2) de Albert Einstein: donde C es la velocidad de la luz en el vacío, E la energía y M la masa. Ya después entendí, en términos coloquiales, que la relatividad es algo así como viajar en un tren a alta velocidad mirando por su ventana el reposo de la gente en la acera: mientras que el tiempo para mi transcurre lento, el de ellos, rápido. O sea que una gente que se mueva a la velocidad de la luz puede trasponer la barrera del tiempo y conocer el futuro a pocos segundos de haber dejado el presente, que se convertirá en pasado, y posteriormente en un extraño presente que hará que el sujeto vuelva a la esencia de la filosofía y se pregunte: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Y hacia dónde voy? La relatividad de la jirafa de la que habla Augusto Monterroso. Fantasía de niño.
A mitad del libro encontré una fotografía de una instalación nuclear; posteriormente, el esquema de un reactor: su blindaje de hormigón, su masa de grafito y, enterradas en él, barras de cadmio (control de velocidad), y como combustible, barras de uranio. Me enteré de los millones de grados de temperatura que producen al reaccionarse los átomos, partículas y fotones, y que suelen darse de manera natural en las estrellas. El hombre las provoca para generar energía en beneficio de la humanidad, y también para destruirla.
Para mi la muerte, en esos años de puericia, era una cosa muy lejana que sólo daba a los viejitos, a los que tomaban mucho o se peleaban en la calle. Pero cuando me enteré de la bomba atómica que cayó sobre Nagazaki matando a miles de personas en un instante, entonces la parca se volvió algo muy cercano a mí, a pesar de que Japón se encuentra a varios miles de kilómetros de donde vivo. Me nació un pavor que no se equipara ni con el tumor de lombrices que expulsé de mis intestinos, ni con la mordedura del perro rabioso en mi tobillo, ni con la epidemia de sarna que nos asoló a principios de los años setenta y que hizo que muchos de nosotros anduviéramos con los testículos infectados de purulencias, resistiendo el ardor del desinfectante que nos uncían nuestras madres.
--¡Cuando explota, de la tierra hasta las nubes crece un hongo de fuego que lo devora todo! Me decía David, un amigo al que desde niño le gustó la ciencia y la tecnología; el que tuvo el primer robot mecánico de juguete que yo vi dando traspiés sobre el mosaico de su casa.
--Mi papá me trajo unas revistas ahora que fue al otro lado. En una de ellas leí que una bomba atómica puede acabar con la Ciudad de México en lo que me echo una pluma, achicharrándonos a todos. Nadie se salvaría, pues nosotros no tenemos refugios antinucleares como los gringos.
En la revista averigüé que Estados Unidos y Rusia son los que tienen más mísiles que todos los demás países, y si en una de esas les da por pelear, seguramente, la destrucción del planeta... no quedaría piedra sobre piedra.
Los comentarios de David me horrorizaron, y más cuando me enteré de que Estados Unidos y la entonces Unión Soviética mantenían una disputa llamada Guerra Fría, que había generado bloques de países en torno a ellos: unos socialistas que no apreciaban a los capitalistas, y otros que odiaban a los comunistas. Me entró un miedo tan espeluznante de que se desatara una guerra nuclear, que pensé --influenciado por mis lecturas de ciencia ficción—en construir una nave interplanetaria para fugarme de la tierra antes de que a los rojos y los azules les diera por aniquilarse y, junto con ellos, a la humanidad.
Como no contaba con los materiales idóneos para hacer una réplica del Apolo 11, me decidí a hacerla con lo que había en el patio de mi casa: tarimas, varillas, polines y el motor de una vieja lavadora. Ocupé la herramienta de don Lupe, un viejo ferrocarrilero al que le rentaba mi madre: martillo, serrucho, pinzas, desarmadores y un amarra alambres. Terminando de construir mi nave, me trepé a ella decidido a fugarme del planeta. Antes de encender el motor, me soñé planeando en el éter, llegando a la luna para edificar mi casa de cristal, lejos de la muerte radiactiva. Moví la palanca de encendido, el viejo motor ni siquiera se quejó. Mi hermano Roberto llegó en ese instante y comenzó a burlarse:
-¡Y por qué no te avientas un ventoso para que vuele!
Al oírlo, me encabrité tanto que jalando bruscamente tronché la palanca de encendido. Roberto se desternilló de risa. Yo me paré enfurecido y dándole un zapopazo con la palanca lo descalabré. Comenzó a gimotear y mi madre al oírlo me tundió con la misma palanca que no pudo encender el motor de mi aeronave para irme a viajar por las estrellas, como el Señor Spot.
Pero mi temor no terminó ahí; al contrario. Pensando en la posibilidad de la tercera guerra mundial, y ante el fracaso de mi aeronave, decidí construir mi propio refugio antiatómico; para ello elegí el patio de mi casa. Busqué una pala para cavar la tierra. Cuando llevaba escarbado algunos centímetros, mi madre se apareció preguntándome que hacía. Le confesé que construía un refugio antiatómico para salvarnos de la guerra nuclear. Mi madre me dijo que estaba loco, que me olvidara de esas bobadas, que mejor fuera a comprar las tortillas, porque, si no, ningún refugio me salvaría de la paliza que me iba a propinar. Con esa amenaza, desistí de mi empeño.
A toda hora la amenaza de una conflagración de esa envergadura me mantenía atemorizado, a grado tal que constantemente tenía pesadillas. El Popocatépetl se desmoronaba al recibir el impacto de un misil. Yo corría perseguido por los tentáculos flamígeros de su explosión.
El pavor que sentía era indescriptible. Por eso, después que mi madre me prohibió horadar el patio para hacer mi refugio, pensé en realizarlo en otra parte. Era una obsesión. Como mi tía Amanda tenía una cisterna del tamaño de un cuarto en la vecindad donde vivía, pretextando no tener dinero para ir al cine, me ofrecí lavarla a cambio de unos cuantos pesos. Mi tía aceptó. Ya dentro de la cisterna, planeé su acondicionamiento: La forraría de plomo, y para vivir todos los años que requería mientras se disipaba la radiación, me propuse adecuarla con enseres donde pasarla confortablemente. Con una alacena capaz de resguardar todo el alimento requerido para mi sobrevivencia.
Cuando mi tía me vio entrar en la cisterna sin que hubiera un pretexto para ello, me cuestionó:
--¡Qué estás haciendo allí, chamaco del demonio!
Al escuchar su reclamo salí inmediatamente. Mi tía me regañó por no pensar en que me podía dar una pulmonía. Me jaló del brazo a su departamento. Yo tiritaba. Me obligó a quitarme la ropa, luego aventó una toalla para que me secara. Una vez que lo hice, me ofreció ropa seca. Me la puse. Después me llamó a la cocina e hizo que bebiera una infusión caliente. Al momento que ingería, me preguntó el por qué me había metido a la cisterna. Le revelé mis planes. Mi tía se carcajeó hasta dolerle el estómago.
--Mira hijo, está bien que te preocupes por la guerra. Yo también estoy preocupada, pero nada ni nadie nos va a salvar de ella. Es más, ni aunque yo te ayudara a construir el refugio. Son tantas y tan poderosas las bombas que pasarían cientos de años para que la tierra volviera a la normalidad. Envejeceríamos ahí y al final moriríamos.
Yo por eso sigo mi vida a pesar de saber del peligro en que estamos. Confiada en que los rusos o los gringos tienen miedo de desatar algo que les costaría también la vida.
LA MIERDA
Un pintor tenía pendiente una exhibición de su obra en Europa, y no sabía qué exponer. Caminaba por un despoblado de Oaxaca. De pronto tuvo ganas de defecar. Terminando, miró sus heces, las que le parecieron ciertamente estéticas. Le vino a la mente hacer con ellas una obra: levantó la mierda con sumo cuidado y, la depositó en un recipiente que llevaba consigo. Ya en su estudio, después de dejarla madurar, la barnizó, poniéndola dentro de un cubo de cristal. En Europa su exposición fue todo un éxito, tanto que la caca estilizada la adquirió un coleccionista por la no despreciable cantidad de cincuenta mil dólares. El pintor alabo su ingenio, pero también se condolió de la humanidad.
EL DIABLO, DE PARRANDA
Estaba yo en la cantina acompañado de mi primo José Santiago. De repente el viento comenzó a lamentarse en las ramas de los árboles. Dice mi primo José, que él hasta escuchó las voces de unas ánimas que al pasar por la cantina, dijeron:
-¡Váyanse que ay viene el malo!
La mera verdad yo no oí nada. Sólo el tucurucutu de la lechuza desbarrancándose en la noche. Después escuché unas como pisadas de caballo golpeando en el empedrado. Luego el aullido de los perros. En la cantina estábamos como unos diez borrachos, entre ellos un cancionero que andaba de paso por Ixmiquilpan.
--¡Oiga joven, garráspese una canción! Nadie lo vio entrar, era un hombrezote del tamaño de dos fulanos, vestía traje de charro. En sus botas, tenía espuelas en forma de navajas de gallo de pelea. Sus bigotes rebasaban su boca y, sus ojos eran del color de la lumbre.
--¡Ande amigo, cánteme una canción, mientras acá yo y los compitas nos echamos un tequila! Dijo sentándose a nuestra mesa.
--¡Hay inconveniente que me siente aquí con ustedes paisanos! Preguntó autoritario.
--¡No señor! Le contestamos.
Llamó al cantinero pidiéndole una botella para cada uno. El cantinero atendió la orden.
--¡Sírvanse señores! Garraspeó, al momento en que de un solo trago se bebía la botella de tequila.
--¿Saben quién soy? Nos preguntó.
--¡No! Le respondimos.
--¡Soy el diablo!
El cancionero al oírlo enmudeció su canto y, los que se encontraban ahí, se incorporaron de sus sillas asustados.
--¡Espérense señores, no se exalten! Gritó. ¡Que no vengo a llevarme a nadie! ¡Ando de parranda! ¿O qué el pingo no tiene derecho de hacerlo? Nadie se atrevió a cascar las liendres. Entonces, dirigiéndose de nuevo al cantinero, le mandó nos sirviera a todos lo que quisiéramos.
--¡Y usted amigo siga cantando, sino me lo llevo con todo y guitarra! Dijo al trovador, echándose una buena carcajada. De otro sorbo se bebió otra botella.
--¡Anden señores, beban, que no siempre se festeja una noche con el amo de las tinieblas!
Al poco rato, ya todos estábamos borrachos. Fue cuando Satanas se confesó con nosotros:
--La verdad amigos, quería descansar un poco de tanta llamarada. De andar imponiendo castigos a las alma lujuriosas y malignas. Que el mundo se olvidara un poco de mí, y yo de él. No se crean señores, hacer diabluras cansa. ¡Vaya trabajito que me tocó! ¡Bebamos, que el tiempo no nos importe y, que la humanidad disfrute de la paz, mientras yo disfruto de su compañía, y de este tequila, que para ser sincero, esta bien sabroso! ¡Beban a costa del diablo, que ya lo pagaran algún día!
--Estaba yo en una fiesta, y como ya era tarde, determiné retirarme. Me despedí de los anfitriones para volver a casa... ¡Su casa!
--¡Gracias!
--En el Metro compré boletos, introduje uno en el torniquete, descendí a los andenes; cuando arribó el tren, lo abordé despreocupado. Para no hacer pesaroso el viaje, de esta maletita que ve extraje un libro que madura de un fantasma que visita a una mentada Susana San Juan, que está perdidamente enamorada de él. Al bajar, un zumbido como de tranvía se alojó en mis oídos: ha de ser el fluir de la corriente en las vías. Pensé. Durante mi segundo desplazamiento, el ronroneo se acentuó, mezclado con tientos de tacones, motores, voces de distintas tesituras.
Al final del periplo, los chirridos que traía se fundieron con otros. Con la esperanza de no ser el único al que lo perseguían, siseé a un transeúnte:
--¡De veras que esta barahúnda acabará por volvernos locos!
--¡Es la escandalera de siempre, señor! Contestó, apurando el paso. En lo que cayó a los apeaderos, se agudizaron los picotazos. Eran tantos y tan dolorosos, que convulsioné dentro de una multitud que me cataba consternada. Me libré del gentío corriendo hacia los paraderos, perseguido por cientos de estruendos que impidieron escuchara el claxon del microbús que me arrolló.
Al conocer el parte del forense, supe que mi fallecimiento no lo había causado el vehículo, sino, inexplicablemente, encontraron perforado mi cerebro por punzones tan filosos como el ruido.
UN ESCARABAJO
Sin que le molestara el punzante sol, Sansa dormía a pierna suelta sobre las baldosas. Sobre su nariz puntiaguda, reposaba el armazón dorado de bifocales, que le daban aspecto intelectual.
Alguien gritó desde alguna parte:
--¡Cuidado con el escarabajo, que ayer se tragó a uno!
Aunque era domingo, las bifurcaciones en la alameda estaban vacías. De vez en cuando los maullidos de gato, que en ocasiones asemejan voces humanas, me hacían voltear.
--¿A quien se habrá tragado? Cavilé. Un chillido de ratas me sacó de mi abstracción. Eran tres, gordas y retozonas, galopando zigzagueantes entre los muros de pingüicas que cercan los jardines de pasto erosionado y ennegrecido por el humo. Al pasar junto a mí, repusieron:
--¡Cuidado con el escarabajo, que ayer se zampó a uno!
Los roedores se transformaron en niños, y levantando el enrejado de un cloaca se introdujeron.
Dos veces habían advertido tener cuidado con un escarabajo, que por ninguna parte percibía. Sansa hizo un inesperado movimiento. Va a despertar, me dije. Pero sólo llevó una de sus manos a su nariz y se la rascó. Para entonces, el mutismo en la alameda lo llenaba ya la algarabía de una multitud que deteniendo sus acciones, corearon:
--¡Cuidado con el escarabajo! ¡Cuidado con el escarabajo!
Al escuchar esto, bajé la mirada, viendo las patas del insecto posesionándose de mi cuerpo. Sansa ya no dormía en la baldosa. Traté denodadamente de zafarme, pero el escarabajo ya me tenía atrapado por completo. En un último forcejeo por sacudirme el escarabajo, los bifocales cayeron y de mí salió un gruñido que ya antes había escuchado.
TETRIX
¿Por qué lo maté? Por la desesperación de sentirlo cerca y sentirme sola. Le toleré todo: borracheras, su cara de idiota frente al televisor, hasta sus deslices con las vecinas. Pero lo que no le perdoné fue el que me haya ignorado por ese juego estúpido que lo embebía.
Verá, al principio de nuestra relación se desvivía por mí: ¡que te invito al cine!, ¡que vamos a pasear donde tú quieras!, ¡que flores rojas para mi amorcito!... Y todas esas adulaciones que suelen gastarnos para saciar sus instintos animales, y, nos juran, es amor. ¡Pinche palabrita! La de panzas e infiernos que ha costado a las mujeres. Bueno... todo iba de maravilla. Me trataba como a una reina y, de tanto lisonjearme, cedí y ahí tienen a la muy taruga, vestida de blanco y derramando lagrimones en la iglesia. ¡La fiesta estuvo a todo dar! Mi familia y mis amigas me felicitaban porque, según, me había sacado la lotería con ese esposo.
Nuestra luna de miel fue en Acapulco y, aquí entre nos, por poco pierdo lo virgencita con un gringo que se parecía a Silvester Stallone, ¡pues el desgraciado de mi marido me abandonó en una discoteca para irse con unas tipas!
Del coraje me bebí una botella de tequila, y ya perdida de borracha, el gringo se acomidió a llevarme donde me hospedaba; me subió en brazos, cosa que el granuja de mi marido, que en la lumbre esté, no hizo. El güero me acostó en la cama y yo, como no queriendo la cosa... Me encendió todita y ya iba a “perder” cuando se me mareó el mundo. ¡Me pasé la maldita noche vomitando!
Cuando regresamos al DF. comenzó mi suplicio; él se volvió todo un macho mexicano conmigo; pero no fue por eso que lo electrocuté: el muy desdichado se la pasaba, desde que lo compró, el santo día con el Tetrix, que tiene treinta o cuarenta formas de jugarlo y treinta o cuarenta formas de ignorarnos.
LA MUERTE DE TARZAN
Conducía mi coyota rines de magnesio, cuando en la entrada del billar oteé a Tarzán conversando con el Saña y la Marrana. Éste, al verme, me saludó.
Pedaleé con fuerza y al llegar al frontón, me crucé con Armando, hermano de Tarzán, quien sin mediar saludo me informó de su muerte.
--¡No me estés chachareando, lo acabo de ver
con unos batos a la entrada del billar!
Armando reafirmó lo dicho:
--¡Ayer lo encontraron muerto. Se desangró de un piquete. Lo estamos velando en mi casa. Ya estás avisado!
Armando cruzó la avenida hundiéndose por una de las calles aledañas. No podía dar crédito a sus palabras, dado que estaba seguro que quien me había saludado desde la entrada del bicho había sido Tarzán. De pronto escuché en mi cerebro Mujer de Magia Blanca y la imagen de mi amigo se me presentó sentado afuera de la casa de Beba, donde solíamos encontrarnos todas las tardes para hacer llorar el blues. Beba se abrazaba a sus músculos mientras éste paseaba sus dedos sobre el diapasón. Una sonrisa de placer se dibujó en mi rostro. ¡Tarzán sí que tenía sensibilidad para hacer que se expresara la guitarra! Y más cuando Mayito, el trompetista melancólico, incorporaba su instrumento. El blues se tornaba amor en esas noches donde la muerte solía trabajar horas extras.
--¡Carajo, mi Tarzán, me cae que usted trae negros en el alma! ¡Este blues que acaba de tocar me estremeció el adentro!
--Me lo enseñó un bato de Tacuba. Un loco que se cree nagual y siempre anda pacheco, fumándose la vida a bocanadas. Se llama Mario Santiago, poeta infra, muy bueno pal mescal.
--Pos a ver cuando lo traes al barrio para que nos deleite con su swin.
--Uno de estos días. Usted no se preocupe. ¿Qué onda Beba, nos vamos a danzar?
Beba era... ¿cómo decirlo? Una especie de rosa urbana, a la que el ritmo de la cumbia le posesionaba el cuerpo. Qué rico meneaba las caderas, provocando tentación. Quién no hubiera querido navegar en ellas, pellizcárselas aunque sea. Pero Beba sólo amaba a Tarzán. Ella una potranca de ancas atractivas, y él, pura sangre que enervaba sus relinchos.
Mis recuerdos fueron interrumpidos por los gritos de un judicial, que me llamó desde un automóvil. El sujeto era acompañado por un par de individuos y de un soplón al que apodábamos el Chivo. Pensé en fugarme, pero me contuve cavilando en que si lo hacía pensaría que algo me guardaba. Y haciendo de tripas corazón me arrimé al auto. El judas me preguntó si conocía al Topo, un burrero que solía surtir marihuana a sus clientes montado en un triciclo. Asentí moviendo la testa.
--¿Y sabes dónde lo podemos encontrar?
Lo negué meneando de nuevo la cabeza. El tira, mirando por el retrovisor, preguntó:
--¿Lo dejamos ir?
El que al parecer era su superior, contestó que si.
--¡Ya puedes irte hijo! Y no te metas en desmanes. El auto se alejó y yo respirando profundo también hice lo propio sin dejar de pensar en la trágica muerte de mi amigo.
Al momento en que el féretro bajaba a su fosa, recordé una escena:
Eran las dos de la mañana. Fuimos despertados por los gritos en tropel de una riña que se suscitaba afuera de la casa. Me incorporé e ignorando la orden de mi progenitora de que no saliera, de tres zancadas llegué al pasillo que da a la calle y, parapetándome en la puerta, a través de una rendija descubrí a Tarzán sosteniendo por los cabellos la cabeza de un fulano, al que sin misericordia prodigaba golpes con el asiento de un envase de cerveza. Cada cantazo que mi amigo asestaba en el rostro del desgraciado, me erizaba la piel. Impotente para siquiera sisear y pedirle que detuviera su barbarie, dejé de mirar y volviendo al cuartucho me metí tiritando de espanto bajo las cobijas. Mi madre, aferrada a un crucifijo, me reclamó:
--¡Ya ves, te dije que no te asomaras!
Los gritos de los rijosos seguían trasgrediendo la noche:
--¡Mi hermano, dónde está mi hermano!
--¡Aquí estoy carnal, aquí estoy!
--¡Vamos a tirarlo en medio de la avenida para que se lo lleve la chingada! Se oyó decir a Tarzán. Después un rechinido de llantas, el ulular de patrullas, el tropel de zapatos en la acera, el ladrido de perros, los ronquidos de un avión sobrevolando a toda velocidad para no ser alcanzado por los balazos de los policías tirando a matar. Luego sólo el transitar constante de autos sobre la avenida y el murmurar de ánimas comentando la violencia desatada en sus dominios.
Toda la amargura del mundo se había concentrado en el rostro de la madre de Tarzán. Se derretía en llanto aferrándose a la mano de su marido para no echarse al abismo eterno donde yacería su hijo. Oí comentar a alguien:
--Dicen que, antes de morir, éste le contó que una mujer muy bonita, que se encontró en la calle, le hizo una seña para que se acercara, y cuando él obedecía la mujer desapareció en el aire... El Tarzán se lo platicó a su madre... Es la muerte, le dijo... Me está buscando.
Al momento de que el féretro tocó fondo, los mismos judiciales que me detuvieron en la calle, cargaron con el Saña y la Marrana. Después, repentinamente, todo se llenó de lluvia.
COCOTA
Habían pasado diez años desde aquel vergonzoso acto en el aula de la escuela. El estaba frente a mí bebiendo cerveza. A la sexta ronda comenzó a llorar y acordarse de lo que Emilio le había hecho. El maestro estaba en una junta. Yo por razones fisiológicas me había ausentando del salón. Cuando retorné, mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme a mis compañeras bramando y mirando fijamente hacia la pizarra. Los hombres manoteaban en los pupitres vociferando obscenidades. Emilio lo tenía maniatado, amenazándolo con tundirlo a golpes y de herirlo con su guadaña de bolsillo mientras lo violaba.
Encolerizado, me abalancé sobre Emilio y lo derribé.
--¡Súbete los pantalones! Le Grité. Emilio resorteó y me lanzó un cabezazo, que esquivé. El seguía hipando, rodeado por un cuarteto de niñas. Emilio intentó ensartar su guadaña en mi carne, pero le aferré la mano y torciéndola le tumbé el filo. En ese momento entró el maestro y de una zancada se interpuso entre nosotros.
--¡Dejen de comportarse como animales! Rugió. Al mirar la guadaña en el cemento, se agachó a recogerla. Luego, jalando nuestras patillas nos llevó hasta su escritorio. Beatriz, que era su satélite cuando se ausentaba del salón, lo puso al tanto. El mentor, tomando por las orejas a Emilio, lo zarandeó. Luego lo arrojó al piso.
--¡Y tú vete a tu asiento! Me exculpó. Metió la guadaña a su estante y, parándose frente a su escritorio, tronó burlón:
--¡Y tú Cocota, mientras aprendes a ser machito --extrajo unas monedas de la bolsa de su pantalón--, ten y vete a comprar una lata de Nívea para que la untes en tu trasero y se te pase el ardor!
La Cocota sorbió cerveza, enjugándose las lágrimas con su puño. Ya andaba muy borracho y comenzó a sincerarse:
--Tú no sabes lo difícil que ha sido superar lo que me hizo ese cabrón. Me cae que aún siento la sensación de su cochinada en mi trasero; antes era un ardor que no hallaba como calmarlo, un ardor que me hacía hasta cagar sangre. El bigote de la Cocota se encrespó y en sus ojos pude percibir todo un infierno vivido.
--Me ardía como no te lo imaginas. Me la pasaba encerrado en el baño, echándome agua, o tratando de sacar una lombriz que no existía. Mi padre, lejos de confortarme, me trataba brutalmente, y no perdía la ocasión para evidenciarme frente a mis hermanos. Sufría al contarme.
--No sé cuántos años pasaron para que medio pudiera vivir así. Para que se me quitara ese ardor que no me dejaba ni en sueños. Ya me casé y tengo un hijo. Mi esposa me ha ayudado mucho, y la verdad no quería que viniera. Pero yo tenía que hacerlo para darte las gracias por lo que hiciste por mí. También vine porque tenía que cobrársela a Emilio. Sacó una pistola de entre sus ropas y volvió a guardarla. Luego, trastabillando se alejó para siempre por donde había venido.
LA OLA QUE NOS PERSIGUE
¿La oyes? Con la escandalera de los vecinos, no creo. Como yo nací con oído de perro, sí la escucho: apenas como un gorgoreo de río. Cómo me gustaría que pudieras oírla. Hasta eso, no es desagradable, se parece, como te dije, al rumor del agua.
¡Estos vecinos ya me tienen harta! ¡Bájenle a su ruidero! Antes de irte bebe jugo, no sea que te agarre con el estómago vacío: siempre es mejor que se lo lleve a uno la marejada con las tripas llenas, y no andar penando por culpa de ello.
Ayer te dejé un trozo de pizza en el refri. ¿No lo viste? Así pasa, a veces nos entretenemos tanto que las cosas se vuelven invisibles, aunque las tengamos enfrente. ¿Leíste en el periódico lo de la familia que murió intoxicada por tragar mariscos en una fonda? ¿No? ¡Oye, por favor no te distraigas al cruzar la calle! Me contaron que hace unos días un microbús aventó a un anciano, al que seguramente se le desapareció el mundo, sin percatarse de que un cafre arrasaría con su vida.
¡Júrame que no te vas a distraer! ¿Ya tomaste tu medicamento? No quiero que te de el telele nuevamente. Dicen tus compañeros que ya mero te tronchas la lengua: metieron un palo entre tus dientes para evitarlo.
¿De veras tomaste la medicina? ¿Qué ya me dijiste que sí? ¡Pero no te enojes! Lo que ocurre es que esa maldita música me pone de malas. ¡Ya es tardísimo y quedé de verme con un cliente a las nueve! ¡Espérame para irnos juntos, no tardo en arreglarme! ¡Mientras bebe leche, es buena para los huesos! ¡Dice el médico que eso es muy importante para ti!
Eva se retira, y al poco rato el agua de la regadera golpeando contra el azulejo se mezcla con su voz:
¡Qué crees, ayer ya mero me alcanza: a unos metros de mí, un muchacho asesinó a un hombre! ¡No seas malo, pásame una toalla!
Después de unos minutos, sale de la ducha: ¡Sabías que en la ciudad de México diariamente hay 526 nacimientos, y que a la par mueren 152 personas! Lo leí en el periódico. ¿Pero tú lo sabías? ¿No? ¡Ya voy, ya voy, no te desesperes!
¡Qué bueno que los vecinos terminaron con su fastidio! Si tu padre me hubiera hecho caso, pero... siempre fue tan testarudo, en fin así es la vida. Qué bueno que la ola ya no se escucha, pero por muy lejos que esté, algún día nos alcanzará. Nadie escapa a su destino.
UN PUEBLO BAJO EL RIO
Ahí uno encuentra a los parientes, amigos, amores y a todos aquellos que ya nos dejaron. Viviendo en casitas blancas y confortables. Ya no trabajan, se la pasan platicando de su pasado, de los errores que cometieron, de sus malas y buenas acciones. Cuando tienen hambre toman su alimento de los árboles que crecen a su alrededor. Si tienen sed, beben agua de los ríos que fluyen en el lugar. Viven felices; nunca pelean ni se emborrachan, ya que no existe trago ni fumadera. Duermen en hamacas, sin chinches o moscos que les molesten el sueño.
Cuando uno de acá llega a visitarlos y se encuentra con su hermano, con su mamá o papacito y les ruega que regresen a su casa con él, le responden:
--¡No, hermanito! ¡No, mijito! ¡Pa' qué volvemos a la sufridera, si aquí estamos bien contentos, sin preocupaciones de qué vamos comer o de cuidarnos de las malas personas! ¡Vete con los tuyos, que a ti aún no te toca! ¡Y no tengas pendiente de nosotros!
Estos, al ver sus rostros de felicidad, les entran ganas de quedarse y disfrutar con ellos, pero al escuchar gritos llamándoles desde afuera del río, con dolor en su corazón dejan el pueblo, el cual se puede ver sólo una vez en la vida...
Por la cara que pones, has de pensar que lo que platico es mentira. Así me ocurrió cuando me lo contó un anciano que bebía mezcal en una tienda de Morelos. Para que le creyera, me llevó al río del que te hablo. Hacía un friazo. Al llegar, el viejo señaló hacia donde la luna resplandecía en el agua, exclamando:
--¡Por ahí, donde el conejo del universo echa su orín, se puede bajar al pueblo!
El anciano, a pesar de su edad, se desnudó, y sin decir palabra brincó al río, desapareciendo por donde la luna hacía nido. No sé cuántos semanas pasaron, o si era de día o de noche cuando el abuelo regresó. Ya no venía desnudo, y su ropa estaba seca y blanquísima, como la luz de la luna por donde bajó. Traía sobre su espalda un costal.
--¡Ya regresé! –dijo- ¡Y para que me creas que en verdad existe el pueblo... te traje esto! Del costal cayeron más de una gruesa de naranjas, con un color y una textura que jamás he visto.
JESÚS DEJÓ LA CRUZ
Recorría la sala de los oficios, cuando un bisbiseo llamó mi atención. Volteé, sin descubrír a nadie. Seguí explorando la pieza: la hermosa cestería veracruzana, la textilería oaxaqueña, la orfebrería de Tlaxcala... De pronto otro bisbiseo me volvió a sobresaltar. Esta vez vi la sombra de un niño escabullirse hacia la salida. Sonreí al pensar en una broma párvula. Al llegar al rincón de la talabartería, una voz clara e indulgente me nombró:
--¡Juan, Juan, acá, Juan!
Sentí escalofrío, y nervioso ojeé para todos lados intentando sorprender a quien me estaba haciendo la mala pasada. No divisé a nadie, y para tranquilizarme traté de persuadir al que creí un chancero:
--¡Ya esta bien de juegos, amigo, sal y dime quién te dijo mi nombre!
--¡Lo conozco desde que te bautizaron!
Volvió a resonar. Me estremecí.
--¡Ándale, acércate y ayúdame a bajar, que esta postura en que me dejaron es bastante incómoda!
La voz venía de la sala de Chiapas. Dudé en ingresar, pero mi curiosidad me obligó apearme a ella. El recinto estaba a media luz; sobre los exhibidores una muestra de la riqueza artesanal de ese mágico estado: joyería, vestidos típicos, artesanía y diversas fotografías que mostraban su cotidianidad. Al fondo, pegado en lo alto del muro, un cristo de tamaño natural hecho de barro que miraba piadosamente. ¿Era un ataque momentáneo de esquizofrenia, o Cristo me estaba parloteando? Me asaltó otro sobreencogimiento. Resuelto, di la vuelta e intenté salir de la sala:
--¡No te vayas, Juan! ¡Acércate y ayúdame a bajar, que el ardor de los clavos me está matando!
Giré la testa y, cuando puse la vista en el cristo, éste guiñó un ojo y frunció la boca. Me quedé paralizado y mi corazón comenzó a palpitar tremendamente. Sentí desmayarme. Todo a mi alrededor empezó a girar. No se si la ansiedad que se apoderó de mí fue lo que me forzó a ver revolotear a los ángeles de madera sobre la testa de Cristo, a los atuendos arrodillarse frente a él y a una multitud de miniaturas depositar bajo sus pies diminutas flores de colores. Todo es una alucinación me dije. ¡Una maldita alucinación!
Intenté controlarme cerrando los ojos: ejercitando la respiración y desviando mi mente hacia otros pensamientos, como aconsejan a los fóbicos los terapeutas cuando los acomete una crisis. El silencio invadió la sala. Esto me motivó a pensar que la ofuscación ya se había retirado. Abrí los ojos sin apresuramiento. Cuando los tuve completamente abiertos, los atuendos, ángeles y miniaturas se encontraban en sus respectivos sitios, y Cristo permanecía en su cruz. Me quedé atónito vigilando que sus labios no se movieran. Así pasé varios minutos, y cuando deduje que todo había sido una fantasía, Cristo me sacó la lengua y metió uno de sus dedos a la nariz. Fue cuando estalló en mí una crisis nerviosa. Cristo, al verme, de un salto se plantó frente a mí y, poniendo su mano en mi testa, me dio una paz que hacía mucho no sentía.
Ya repuesto, me invitó a caminar. Los tatuajes en su cuerpo eran lo único que cubrían su desnudez. Salimos al patio. Nos sentamos a un lado de la fuente; unos niños jugaban a salpicarse agua para mitigar el calor. Al parecer nadie se percató de la desnudez de Cristo, ya que todos le sonreían y lo saludaban amablemente. Hasta uno de los vigilantes se acercó para obsequiarle un cono de nieve, el cual aceptó agradecido. Cristo me ofreció, y como si fuésemos dos grandes cuates nos pusimos a lamer el helado.
Cuando terminamos, atribulado, exclamó:
--Lo que puedo maldecir de los romanos es el haberme dejado en esa posición tan incómoda. ¡Imagínate resistir más de dos mil años sostenido en el madero por unos clavos, con la costilla abierta y sangrando! ¡Ni al diablo se lo deseo! ¿Y tú qué, de qué la giras? Me preguntó, como cualquier persona que se encuentra a un conocido después de años de no verla. ¿El hijo de un dios que todo lo sabe, preguntándome a qué me dedico?
Le conté mis cuitas: de lo acongojado que es vivir en una ciudad llena de sinsabores y violencia. De tener una esposa que nunca está satisfecha y me culpa de sus fracasos.
--Yo por eso no me casé, aunque Magdalena me lo pidió tantas veces. ¿Te imaginas vivir con alguien que a cada rato quería lavarme los pies? Dijo socarronamente emitiendo una carcajada. Después de arremeter con la ciudad, me fui contra el mundo y los mercaderes que aún siguen infringiendo su templo -–eso del reordenamiento del ambulantaje es un problema milenario, interrumpió bromista--, y desatan guerras crueles con el simple ánimo de apoderarse de las riquezas de otros países. Le hablé del hambre y de que en el mundo el sida arrasa con pueblos enteros. Le conté del terrorismo y de las nuevas armas bacteriológicas. Del ecocidio y del cambio de climas por el efecto invernadero causado por las potencias industriales. Le pinté, vamos, un mundo atroz contrario al de paz y armonía que el había imaginado, una civilización con hombres capaces de arrasar con el universo si así lo ameritaban sus intereses y ambiciones.
Cristo me escuchó pacientemente, y luego con un dejo de pesadumbre tomó la palabra:
--Yo le dije a mi padre que no hiciera de barro al hombre, porque ese material es muy frío y podría provocar lo que me estás contando. Pero no me hizo caso y ya ves... donde manda capitán no gobierna marinero. También le manifesté que en lugar de expulsar a Adán y a Eva del paraíso, una vez que sabían del árbol de la vida y de la ciencia, mejor los hubiera dejado en él, así por lo menos habría control natal. Además no hubieran esparcido su veneno por el mundo, y como venganza inventado la guerra. Pero no hizo caso. En cambio, me ofrendó a los hombres, como un acto para rectificar su creación... pero de eso ya han transcurrido dos milenios; el hombre sigue igual de sanguinario. En cuanto a las epidemias, que yo sepa, la caja de Pandora sigue cerrada. Más bien creo que eso es cosa de aquí mismo... Pero no nos pongamos pesimistas y mejor vamos a comernos unas pepitorias, que dicen aquí en Coyoacán las hacen muy sabrosas. Quiero relajarme, olvidarme un rato de la chamba, de escuchar pecados y peticiones. De los sermones cursis de los descendientes de él que me traicionó.
Salimos del museo, fuimos a la plaza Centenario. Cristo se veía gustoso, regodeándose como un niño ante todo lo que llamaba su atención. En un puesto de dulces tradicionales compramos pepitorias, las que saboreamos sentados en una jardinera viendo actuar a los mimos.
--¡Deliciosas! Prorrumpió. ¡Vamos por más! ¡No, mejor vamos a tomar café al Jarocho!
Yo me sentía como nunca, y más acompañando a un personaje tan famoso. Cuando llegamos al Jarocho pidió, además de café, una dona de chocolate, la que se comió hambriento.
--¡Dicen que en La Guadalupana venden un vinillo que ni el obispo!
Fuimos a la cantina; tomó el vino. Luego quiso que paseáramos por la Plaza Hidalgo. Nos trepamos al quiosco; admiramos las artesanías, aplaudimos a los artistas populares; bailamos con la tribu de pro africanos, nos leyeron las cartas, cheleamos en el Hijo del Cuervo. Para relajar el periplo, antes de volver al museo nos sentamos en la Fuente de los Coyotes. Ahí, Cristo estiró su cuerpo:
--Ni cuando vivía en el paraíso me la había pasado tan bien. Ya me hacía falta. Con este descansito, tengo para sostenerme otros dos mil años en el madero.
Al llegar la tarde volvimos al museo. Aunque ya iban a cerrar, los vigilantes nos recibieron cordialmente:
Los artesanos recogían sus productos y, al vernos, de mil amores nos saludaron. Cruzamos el patio. Cristo chapoteó su mano en la fuente. Arribamos a la sala de Chiapas; al entrar los ángeles de madera comenzaron a mariposear y las miniaturas a flanquear el paso. Antes de trepar a su cruz, me abrazó diciéndome al oído:
--¡La paz sea contigo, hermano!
PASA EL TIEMPO
El primer libro que leí en mi vida fue de física, que tomé del librero de mi primo Antonio, quien estudiaba ingeniería en el Politécnico. Era un mamotreto de 940 páginas que tardé un año y tres meses en leer. Claro está que no entendí ni papa su contenido, dada mi corta edad: ocho años. Sólo recuerdo que traté de descifrar una fórmula que se refería a la velocidad de los aviones. Pero lo que más me impresionó fue la famosa formula de la relatividad (E=mc2) de Albert Einstein: donde C es la velocidad de la luz en el vacío, E la energía y M la masa. Ya después entendí, en términos coloquiales, que la relatividad es algo así como viajar en un tren a alta velocidad mirando por su ventana el reposo de la gente en la acera: mientras que el tiempo para mi transcurre lento, el de ellos, rápido. O sea que una gente que se mueva a la velocidad de la luz puede trasponer la barrera del tiempo y conocer el futuro a pocos segundos de haber dejado el presente, que se convertirá en pasado, y posteriormente en un extraño presente que hará que el sujeto vuelva a la esencia de la filosofía y se pregunte: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Y hacia dónde voy? La relatividad de la jirafa de la que habla Augusto Monterroso. Fantasía de niño.
A mitad del libro encontré una fotografía de una instalación nuclear; posteriormente, el esquema de un reactor: su blindaje de hormigón, su masa de grafito y, enterradas en él, barras de cadmio (control de velocidad), y como combustible, barras de uranio. Me enteré de los millones de grados de temperatura que producen al reaccionarse los átomos, partículas y fotones, y que suelen darse de manera natural en las estrellas. El hombre las provoca para generar energía en beneficio de la humanidad, y también para destruirla.
Para mi la muerte, en esos años de puericia, era una cosa muy lejana que sólo daba a los viejitos, a los que tomaban mucho o se peleaban en la calle. Pero cuando me enteré de la bomba atómica que cayó sobre Nagazaki matando a miles de personas en un instante, entonces la parca se volvió algo muy cercano a mí, a pesar de que Japón se encuentra a varios miles de kilómetros de donde vivo. Me nació un pavor que no se equipara ni con el tumor de lombrices que expulsé de mis intestinos, ni con la mordedura del perro rabioso en mi tobillo, ni con la epidemia de sarna que nos asoló a principios de los años setenta y que hizo que muchos de nosotros anduviéramos con los testículos infectados de purulencias, resistiendo el ardor del desinfectante que nos uncían nuestras madres.
--¡Cuando explota, de la tierra hasta las nubes crece un hongo de fuego que lo devora todo! Me decía David, un amigo al que desde niño le gustó la ciencia y la tecnología; el que tuvo el primer robot mecánico de juguete que yo vi dando traspiés sobre el mosaico de su casa.
--Mi papá me trajo unas revistas ahora que fue al otro lado. En una de ellas leí que una bomba atómica puede acabar con la Ciudad de México en lo que me echo una pluma, achicharrándonos a todos. Nadie se salvaría, pues nosotros no tenemos refugios antinucleares como los gringos.
En la revista averigüé que Estados Unidos y Rusia son los que tienen más mísiles que todos los demás países, y si en una de esas les da por pelear, seguramente, la destrucción del planeta... no quedaría piedra sobre piedra.
Los comentarios de David me horrorizaron, y más cuando me enteré de que Estados Unidos y la entonces Unión Soviética mantenían una disputa llamada Guerra Fría, que había generado bloques de países en torno a ellos: unos socialistas que no apreciaban a los capitalistas, y otros que odiaban a los comunistas. Me entró un miedo tan espeluznante de que se desatara una guerra nuclear, que pensé --influenciado por mis lecturas de ciencia ficción—en construir una nave interplanetaria para fugarme de la tierra antes de que a los rojos y los azules les diera por aniquilarse y, junto con ellos, a la humanidad.
Como no contaba con los materiales idóneos para hacer una réplica del Apolo 11, me decidí a hacerla con lo que había en el patio de mi casa: tarimas, varillas, polines y el motor de una vieja lavadora. Ocupé la herramienta de don Lupe, un viejo ferrocarrilero al que le rentaba mi madre: martillo, serrucho, pinzas, desarmadores y un amarra alambres. Terminando de construir mi nave, me trepé a ella decidido a fugarme del planeta. Antes de encender el motor, me soñé planeando en el éter, llegando a la luna para edificar mi casa de cristal, lejos de la muerte radiactiva. Moví la palanca de encendido, el viejo motor ni siquiera se quejó. Mi hermano Roberto llegó en ese instante y comenzó a burlarse:
-¡Y por qué no te avientas un ventoso para que vuele!
Al oírlo, me encabrité tanto que jalando bruscamente tronché la palanca de encendido. Roberto se desternilló de risa. Yo me paré enfurecido y dándole un zapopazo con la palanca lo descalabré. Comenzó a gimotear y mi madre al oírlo me tundió con la misma palanca que no pudo encender el motor de mi aeronave para irme a viajar por las estrellas, como el Señor Spot.
Pero mi temor no terminó ahí; al contrario. Pensando en la posibilidad de la tercera guerra mundial, y ante el fracaso de mi aeronave, decidí construir mi propio refugio antiatómico; para ello elegí el patio de mi casa. Busqué una pala para cavar la tierra. Cuando llevaba escarbado algunos centímetros, mi madre se apareció preguntándome que hacía. Le confesé que construía un refugio antiatómico para salvarnos de la guerra nuclear. Mi madre me dijo que estaba loco, que me olvidara de esas bobadas, que mejor fuera a comprar las tortillas, porque, si no, ningún refugio me salvaría de la paliza que me iba a propinar. Con esa amenaza, desistí de mi empeño.
A toda hora la amenaza de una conflagración de esa envergadura me mantenía atemorizado, a grado tal que constantemente tenía pesadillas. El Popocatépetl se desmoronaba al recibir el impacto de un misil. Yo corría perseguido por los tentáculos flamígeros de su explosión.
El pavor que sentía era indescriptible. Por eso, después que mi madre me prohibió horadar el patio para hacer mi refugio, pensé en realizarlo en otra parte. Era una obsesión. Como mi tía Amanda tenía una cisterna del tamaño de un cuarto en la vecindad donde vivía, pretextando no tener dinero para ir al cine, me ofrecí lavarla a cambio de unos cuantos pesos. Mi tía aceptó. Ya dentro de la cisterna, planeé su acondicionamiento: La forraría de plomo, y para vivir todos los años que requería mientras se disipaba la radiación, me propuse adecuarla con enseres donde pasarla confortablemente. Con una alacena capaz de resguardar todo el alimento requerido para mi sobrevivencia.
Cuando mi tía me vio entrar en la cisterna sin que hubiera un pretexto para ello, me cuestionó:
--¡Qué estás haciendo allí, chamaco del demonio!
Al escuchar su reclamo salí inmediatamente. Mi tía me regañó por no pensar en que me podía dar una pulmonía. Me jaló del brazo a su departamento. Yo tiritaba. Me obligó a quitarme la ropa, luego aventó una toalla para que me secara. Una vez que lo hice, me ofreció ropa seca. Me la puse. Después me llamó a la cocina e hizo que bebiera una infusión caliente. Al momento que ingería, me preguntó el por qué me había metido a la cisterna. Le revelé mis planes. Mi tía se carcajeó hasta dolerle el estómago.
--Mira hijo, está bien que te preocupes por la guerra. Yo también estoy preocupada, pero nada ni nadie nos va a salvar de ella. Es más, ni aunque yo te ayudara a construir el refugio. Son tantas y tan poderosas las bombas que pasarían cientos de años para que la tierra volviera a la normalidad. Envejeceríamos ahí y al final moriríamos.
Yo por eso sigo mi vida a pesar de saber del peligro en que estamos. Confiada en que los rusos o los gringos tienen miedo de desatar algo que les costaría también la vida.
LA MIERDA
Un pintor tenía pendiente una exhibición de su obra en Europa, y no sabía qué exponer. Caminaba por un despoblado de Oaxaca. De pronto tuvo ganas de defecar. Terminando, miró sus heces, las que le parecieron ciertamente estéticas. Le vino a la mente hacer con ellas una obra: levantó la mierda con sumo cuidado y, la depositó en un recipiente que llevaba consigo. Ya en su estudio, después de dejarla madurar, la barnizó, poniéndola dentro de un cubo de cristal. En Europa su exposición fue todo un éxito, tanto que la caca estilizada la adquirió un coleccionista por la no despreciable cantidad de cincuenta mil dólares. El pintor alabo su ingenio, pero también se condolió de la humanidad.
EL DIABLO, DE PARRANDA
Estaba yo en la cantina acompañado de mi primo José Santiago. De repente el viento comenzó a lamentarse en las ramas de los árboles. Dice mi primo José, que él hasta escuchó las voces de unas ánimas que al pasar por la cantina, dijeron:
-¡Váyanse que ay viene el malo!
La mera verdad yo no oí nada. Sólo el tucurucutu de la lechuza desbarrancándose en la noche. Después escuché unas como pisadas de caballo golpeando en el empedrado. Luego el aullido de los perros. En la cantina estábamos como unos diez borrachos, entre ellos un cancionero que andaba de paso por Ixmiquilpan.
--¡Oiga joven, garráspese una canción! Nadie lo vio entrar, era un hombrezote del tamaño de dos fulanos, vestía traje de charro. En sus botas, tenía espuelas en forma de navajas de gallo de pelea. Sus bigotes rebasaban su boca y, sus ojos eran del color de la lumbre.
--¡Ande amigo, cánteme una canción, mientras acá yo y los compitas nos echamos un tequila! Dijo sentándose a nuestra mesa.
--¡Hay inconveniente que me siente aquí con ustedes paisanos! Preguntó autoritario.
--¡No señor! Le contestamos.
Llamó al cantinero pidiéndole una botella para cada uno. El cantinero atendió la orden.
--¡Sírvanse señores! Garraspeó, al momento en que de un solo trago se bebía la botella de tequila.
--¿Saben quién soy? Nos preguntó.
--¡No! Le respondimos.
--¡Soy el diablo!
El cancionero al oírlo enmudeció su canto y, los que se encontraban ahí, se incorporaron de sus sillas asustados.
--¡Espérense señores, no se exalten! Gritó. ¡Que no vengo a llevarme a nadie! ¡Ando de parranda! ¿O qué el pingo no tiene derecho de hacerlo? Nadie se atrevió a cascar las liendres. Entonces, dirigiéndose de nuevo al cantinero, le mandó nos sirviera a todos lo que quisiéramos.
--¡Y usted amigo siga cantando, sino me lo llevo con todo y guitarra! Dijo al trovador, echándose una buena carcajada. De otro sorbo se bebió otra botella.
--¡Anden señores, beban, que no siempre se festeja una noche con el amo de las tinieblas!
Al poco rato, ya todos estábamos borrachos. Fue cuando Satanas se confesó con nosotros:
--La verdad amigos, quería descansar un poco de tanta llamarada. De andar imponiendo castigos a las alma lujuriosas y malignas. Que el mundo se olvidara un poco de mí, y yo de él. No se crean señores, hacer diabluras cansa. ¡Vaya trabajito que me tocó! ¡Bebamos, que el tiempo no nos importe y, que la humanidad disfrute de la paz, mientras yo disfruto de su compañía, y de este tequila, que para ser sincero, esta bien sabroso! ¡Beban a costa del diablo, que ya lo pagaran algún día!
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